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La estrategia del Caracol: la lección de dignidad que no pierde vigencia

Tras casi 30 años de su estreno, esta película se sigue sintiendo actual.

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La estrategia del caracol, una película clave en el cine colombiano.

Un grupo de inquilinos bastante variopinto está al borde de ser desalojado de su casa, ya que el dueño quiere convertirla en bien de interés cultural. Esta fricción es la premisa y el detonante de esta historia de resistencia: La estrategia del caracol , una película clave en el cine colombiano.

Las mentes que se reúnen para poner en marcha una lenta estrategia son un abogado sin título, una trabajadora sexual, un anarquista, una devota católica y el paisa, narrador de todos los sucesos de la película.

En contra de este grupo se encuentra el doctor Holguín, un hombre de billete que tiene a su servicio un abogado, un juez y un matón para lograr sus objetivos. No tiene escrúpulos y logra sus objetivos por la vía legal o con torcidos.

Al principio, Holguín usa su primer método: torcer la ley y las instituciones a su acomodo. Con esta intención convoca al abogado y a un juez que tiene en su bolsillo para sacar al grupo de inquilinos.

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El trato con ambos es igual. Son sus empleados. El abogado es el mensajero de las órdenes hacia el juez, ambos obedecen sin cuestionamiento alguno.

Aún así, los inquilinos logran un aplazamiento a causa de una enfermedad grave que padece uno de ellos. Alegan que el trasteo puede matarlo. Tienen diez días para irse, les dice el juez. Este tiempo les da el espacio de idear y poner en marcha un método para sacar paredes, puertas, ventanas, toda la casa a excepción de la fachada.

Sin embargo, el tiempo avanzó y el tiempo no alcanzó. Los inquilinos necesitaban más tiempo. La solución que encontraron fue quitar la placa dirección de la casa para que no la pudieran ubicar. Y así lograron entorpecer una vez más el desalojo.

Holguín se sintió burlado. Esto desató el segundo método, la fuerza bruta, pura y dura. Si dentro de una legalidad amañada y comprada no fue posible, para Holguín también es una opción mandar a hacer el trabajo a sus matones de nómina.

Así es como decide enviar a darle tremenda golpiza al abogado de los inquilinos. Lo meten en una camioneta y hacen su trabajo sucio. Un golpe tras otro hasta darlo por muerto. Lo tiran en basurero con la convicción de haber terminado el trabajo encomendado.

Un cascarón vacío

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Afortunadamente, sobrevive al asalto y puede continuar acompañando la estrategia junto a los otros inquilinos. Las tácticas de Holguín, basadas en el atropello y la violencia, demostrarían no ser suficientes para derrotar a la comunidad.

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Estrategia del caracol.

Llegó el día final, Holguín tendría en marcha todo su aparato. Sus matones a un lado; la policía, el abogado y el juez al otro. El desalojo sería un hecho. Sin embargo, al momento de hacer la entrada al edificio todo se derrumba.

La casa es un cascarón vacío. Al disiparse el polvo después de la caída de todo el ladrillo y madera de la fachada, queda la icónica frase que todos tenemos en la memoria: Ahí tiene su #ijue*u!@ casa pintada. Los inquilinos sellaron su victoria moral contra Holguín.

Los réditos de la comunidad

La estrategia, su puesta en marcha y la victoria de los inquilinos, son los réditos de una comunidad trabajando y caminando hacia un objetivo común.

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Una comunidad está integrada por diversidad de personas. Cada una de ellas con habilidades distintas, capaces de aportar de distintos modos. La solidaridad y el reconocimiento del bien común fue una fuerza que Holguín y sus secuaces no fueron capaces de evidenciar.

Holguín se sentó muy cómodo en sus privilegios y la influencia que estos le daban. Despreció las posibilidades de quienes consideró más pequeños que él. Gran error. Muchos esfuerzos pequeños conforman grandes fuerzas, de esas que son imposibles de callar.

Al final, lo importante no era disputa de la estructura física de la casa: es la dignidad como el valor que motiva el esfuerzo de la comunidad.

La dignidad como eje, como valor que impulsa la estrategia, es señalada con claridad en el intercambio entre el periodista y el paisa, cuando el primero cae en la pregunta obvia al decir: ¿y todo esto para qué? Y el paisa responde: ¡pa’ que le sirve a usted la dignidad!

Así, el paisa dejó en evidencia la naturalidad con que el periodista leyó todo el atropello que los inquilinos sufrieron, junto a su incapacidad de comprender la necesidad de ser reconocidos, de ser tratados con equidad y respeto. Sobre todo, cuando la violencia ha sido la regla durante la historia narrada.

Para el periodista puede que sea una historia más. Una de tantas. Para los inquilinos estuvieron en juego sus derechos como ciudadanos: hacer valer su voz y el decoro de salir en sus términos de la casa, no a las patadas o con muertos en medio, como ocurrió con los vecinos al inicio del largometraje.

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El terreno se lo quedó Holguín, pero la casa se dispuso en los términos de los inquilinos. Su voluntad y posición frente a las injusticias se hizo saber e iniciaron otra vida en las montañas de la ciudad.

Esta fue una derrota para Holguín y una victoria evidente para los inquilinos. Pero la verdadera victoria radicó en que un grupo de personas construyó comunidad, lograron acuerdos desde distintas posiciones y tensiones, y así reconocieron que enfrentaban un conflicto que era asunto de todos.

La lectura que hace Cabrera al país desde la casa, los inquilinos y Holguín sigue vigente. De hecho, es evidencia de lo poco que las estructuras sociales y el establecimiento han cambiado en cerca de treinta años.

Unos pocos, con posición y privilegios, atropellan a las mayorías. Veintiocho años después la dignidad llegó. Nos agrupó como ciudadanos y nos convocó a las calles durante más de un mes a pedir cambios, a rechazar con firmeza los atropellos y las violencias del estado, porque entendimos que son problemas que compartimos y que, además, las oportunidades para acceder a una vida digna no son privilegios, no son favores. Al contrario, son un derecho de todos.

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