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LeBron James se enfrenta al algoritmo en Space Jam 2

La secuela del clásico noventero Space Jam es entretenida y brillante, pero exagerada en su afán publicitario.

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Poster oficial Space Jam 2
// Foto: Kevin Winter/Getty Images

Sin ser de los cazafantasmas, LeBron James estaba persiguiendo a uno cuando el 2016 llegaba a su fin. Esa era su motivación, admitió en entrevista con Sports Illustrated tras ganar su tercer título, ese fantasma que había jugado en Chicago: Michael Jordan. Si quería ser el mejor de la historia, debía superarlo.

Por Santiago Cembrano | @scembrano

Cinco años después, LeBron ya tiene cuatro títulos, pero Jordan sigue en la cima del Olimpo basquetbolista. Aunque estos rankings son caprichosos, aparte de argumentos estadísticos parciales a la grandeza amplia de LeBron —capaz de anotar, pasar, rebotear, robar y tapar, como si la navaja suiza fuera una bazuca de Akron, Ohio—, Jordan todavía se encumbra por encima de él gracias a sus seis anillos y, sobre todo, la leyenda que construyó.

Michael Jordan es aceptado como el más grande de la historia por la certeza de victoria inmanente a él y porque fue la primera súper estrella moderna de la NBA: una máquina de ganar, de anotar con contundencia y estética y de vender zapatillas (vamos, quizás Nike, la marca que le paga millones a LeBron cada año, ni existiría hoy si no fuera por Jordan).

Desde que se retiró en 2003 se ha buscado quién rete su lugar. Además de Kobe Bryant, sucesor espiritual de Jordan, el único contendor ha sido LeBron, que entró a la NBA en 2003. El problema de LeBron es que el impacto de Jordan fue tan profundo que él es el estándar de la grandeza: por eso es casi invencible. Para superarlo, LeBron tendría que hacerlo a su manera, redefinir ese estándar.

Parte del impacto de Jordan es Space Jam (1996), la película en la que rescata a los Looney Tunes y derrota a un equipo de extraterrestres. Producida por Warner Bros., es un clásico de la cultura noventera y del matrimonio entre el basket y la cultura pop.

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De hecho, con 250 millones de dólares de recaudo, es la película de basket más exitosa de la historia. Hoy es una pieza de nostalgia (y de moda cuando los tipos en el centro de Bogotá combinan la NBA noventera con los Looney Tunes en sus atuendos) que alimenta el mito del 23 de Chicago.

Y como en este mundo, y en esta época, la nostalgia es capitalizable, y si algo dio réditos una vez se le explota hasta que se agote, Warner Bros. lanzó la secuela el 16 de julio de 2021: Space Jam: una nueva era, dirigida por Malcolm D. Lee, con LeBron James como protagonista. Desde que fue anunciada hace algunos años había una pregunta que se elevaba por encima del resto: ¿Qué podía darle LeBron James a Space Jam que superara la huella de Jordan?

Las comparaciones son inevitables, pues son el 1 y el 2 de la historia. ¿Acaso LeBron busca ganarle a Jordan en su propio terreno?

Repasemos rápidamente el argumento de

Una nueva era

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LeBron James, atrapado en el multiverso virtual de Warner, se enfrenta en un partido de basket al equipo de Al G. Rhythm (Don Cheadle), el algoritmo hecho persona, para lograr la libertad de su hijo Dom (Cedric Joe), secuestrado y manipulado por este villano digital.

LeBron se encuentra con Bugs Bunny y juntos recuperan a la vieja escuadra, como Silvestre y Piolín, el Pato Lucas, el Correcaminos, Porky, el Demonio de Tasmania, Speedy González y Lola Bunny. Sus contrincantes son las versiones hiperbólicas y robóticas de Anthony Davis, Klay Thompson, Damian Lillard, Diana Taurasi y Nneka Ogwumike.

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[Alerta spoiler]

Aunque el equipo de LeBron empieza perdiendo, remonta en la segunda mitad al utilizar toda la creatividad de los Looney Tunes. Miles de humanos que habían sido abducidos al multiverso por Al son salvados con esta victoria. LeBron se reconcilia con Dom, luego de empezar la película en orillas distintas respecto a cómo acercarse al basket y a la vida.

En conclusión: sé tú mismo, cuida a tu familia por encima de todo y ten cuidado con los algoritmos y todo lo que pasa en tu celular.

Bueno, ¿qué podemos decir de Space Jam: Una nueva era? ¿Cómo se compara con la original? Podríamos fijarnos en cómo Jordan va hacia adentro y se concentra en su pasión por el basket (y va literalmente hacia adentro, pues los Looney Tunes lo absorben hacia su mundo por un hoyo de golf), mientras que LeBron explora hacia afuera: lo más importante es su familia, y ganar en el basket no lo es todo si no sigues tu corazón y lo que te apasiona (y va literalmente hacia afuera, o hacia un lado, o donde sea que quede el universo interplanetario de Warner).

Mientras que Jordan construyó su aspecto público como uno hermético, en el que primaba la pelota naranja, LeBron lo ha hecho como mucho más que un atleta. Ha sido elocuente en temas políticos y ha abierto una ventana para que el mundo lo vea también como un padre de familia, dimensión que acentúa esta película.

LeBron James
Los Ángeles, CA. julio 12 de 2021, LeBron James en la premier de 'Space Jam: A New Legacy'
// Foto Kevin Winter/Getty Images

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Todo esto se magnifica porque LeBron ha jugado en la NBA durante la explosión de las redes sociales y el internet, lo que incrementa nuestro acceso a su vida, en comparación con Jordan. Podríamos decir esto y más.

Pero cualquier análisis es secundario ante la principal característica de Una nueva era: es, sobre todo, una gran pieza de publicidad de Warner. LeBron va a los estudios de Warner y discute con ejecutivos de Warner la posibilidad de hacer parte del universo de Warner. Y cuando se niega es que Al G. Rhythm lo absorbe y lo lleva al multiverso Warner 3000. Y ahí te repasan todo el catálogo: Casablanca, El Mago de Oz, Harry Potter, Austin Powers, Mad Max, King Kong, La Mujer Maravilla, Game of Thrones y un larguísimo etcétera están en la vitrina.

Aunque ver a LeBron vestido todo de negro en el mundo de Matrix es divertido, y seguro los más cinéfilos encontrarán aún más referencias estimulantes, en general todo se siente demasiado exagerado. Las segundas partes rara vez salen bien, y en este caso no se disimula la intención de generar ganancias a través de la nostalgia. Pero la ejecución es burda, y las referencias culturales se vuelven memes.

La Space Jam original también quería venderte algo, tanto tenis Air Jordan como el mundo de los Looney Tunes, y aun así parece sutil y comedida frente a esta. Para ver todo el catálogo de HBO Max (donde también se estrenó esta película) ya tengo la hora que me paso decidiendo qué voy a ver cuando prendo el televisor. Y, por esa línea, ya existe un parque de Warner en la vida real que seguro mitologiza mejor la magia de esta productora.

Es irónico que el villano de la película sea un algoritmo, porque el principal problema de Una nueva era es que se siente ideada por un algoritmo. No es un problema nuevo, sino endémico a la cultura y el entretenimiento en estos tiempos: hay tanta información disponible sobre nuestros gustos que las películas, discos y libros pueden ser optimizados para dar en el blanco de lo que la audiencia quiere. Así se optimizan ganancias y toda la operación es más efectiva.

Repito: soy consciente de que Space Jam nació como un gran proyecto de marketing con potencias de ventas como Jordan y los Looney Tunes, pero esta versión de la publicidad se siente descarada. ¿Será que con la reflexión sobre los algoritmos de Una nueva era Warner quiso criticar la industria cultural de la actualidad? ¿Será que LeBron lee a los filósofos Adorno y Horkheimer en su tiempo libre?

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Más probable es que esta tierra que habitamos sea tan retorcida que Warner identificó los algoritmos (que ya se vuelve un término manoseado) como un tema inquietante en nuestro día a día y por eso lo incluyó en la película, y a la vez que Una nueva era sea la prueba máxima e irrefutable de todo lo que está mal con esa forma de hacer cine. O sea, son lo que critican.

La eficiencia de Una nueva era no se extiende a su duración: 115 minutos, frente a los 88 de Space Jam. Habría ayudado que Malcolm Lee decidiera si quería enfocarse en la forma correcta de jugar basket, en el equilibrio entre trabajo duro y diversión o en la importancia de la familia. O tal vez lo mejor habría sido que dirigiera la película de tal forma que todas estas tramas cupieran en ella. O tal vez que no la dirigiera. No ayuda que, a pesar de su entusiasmo, LeBron no es un actor que pueda elevar un guion mediocre, ni que muchos de los diálogos sean expositivos hasta el punto de que me hicieron exclamar en voz baja “Sí, ya entendí, me lo has dicho tres veces”, como si estuviera hablando con mi mamá.

Hay tantos chistes y referencias culturales que un par funcionan, pero el porcentaje es pobre. Y ni entremos en la banda sonora: ahí están muchas estrellas del momento como Lil Baby, Chance The Rapper, YBN Cordae y Joyner Lucas, pero ninguna de las canciones con sabor a babas se acerca a temazos como Hit ‘Em High, hecho para la primera por B-Real, Busta Rhymes, Coolio, LL Cool J y Method Man .

Sí, ya sé que son películas distintas, pero estas comparaciones son inevitables. Si el beneficio para LeBron era inmortalizar su nombre al participar de la secuela de una cinta legendaria, el peligro era que un tipo en Colombia que falla la mayoría de tiros que toma cuando juega basket por las mañanas hiciera un artículo que la hiciera trizas.

Eso y que fuera evidente para todos los espectadores que LeBron, por más que lo intente, no es ni será Jordan. Quizás habría sido más sabio saciar sus ansias de llegar a la gran pantalla con una película aparte, sin pena ni gloria, como lo hicieron ya Kevin Durant, Shaquille O’Neal y tantos más. Pero bueno, en su defensa, LeBron es mejor actor que Jordan, y Don Cheadle, que actúa con más energía de la que esta película merece, le gana a Bill Murray, personaje secundario en la original.

Pero, ¿saben qué? Quizás al final no importa nada de esto. Las animaciones son impresionantes, los efectos especiales son efectivos y los trucos —por baratos que sean— a veces funcionan y sacan risas.

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Me he quejado, pero no pasé un mal rato viendo

Una nueva era

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Es una película que no soporta una mirada profunda y atenta, pero tampoco está hecha para eso. Es una comedia deportiva para niños que aman la NBA, para que descubran todo el universo cinematográfico de Warner. Seguro esos niños recordarán esta película en 20 años con la misma nostalgia que hoy se recuerda a la primera Space Jam que, hay que decirlo, es un clásico a pesar de que no es una buena película. Y seguro si yo hubiera visto Space Jam a los 27 y no a los 7 habría adoptado una postura cínica frente a ese intento de crossover pop. Aún hoy sé que no es una buena película, sino que se beneficia del teflón de Jordan y de la idealización de todo lo que pasó en los 90.

Entonces, todo bien. Seguro si ven Space Jam: Una nueva era la pasan bien. Tampoco hay que tomarse todo tan en serio, vale. Pero no puedo sacudirme la sensación de que aunque el equipo de LeBron derrotó al del algoritmo en la película, es el algoritmo el que se está llevando la victoria, y por paliza, en el 2021. Supongo que a eso se refiere el subtítulo con lo de “nueva era”.

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