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13 razones para no querer estar en el colegio

13 reasons why es una radiografía de la vida de muchos adolescentes en muchos lugares del mundo, aunque está basado en estereotipos estadounidenses.
Por
Redacción Shock

Gracias Netflix por hacernos recordar realidades que no siempre queremos aceptar, por abrirnos lo ojos a temas que no debemos olvidar y a problemas que muchos nos hemos visto obligados a resolver o a ver y vivir con ellos.

Por: Camila Mendoza Dukon @chocochicmd

13 reasons why es una radiografía de la vida de muchos adolescentes en muchos lugares del mundo y si bien está basado en estereotipos estadounidenses la gran mayoría pueden ser adaptados a otras realidades. Los hijos de familias ausentes con muchos recursos que creen que siempre van a lograr comprar una salida a los problemas, las familias desarticuladas en las que cada uno de los miembros lucha por su propia supervivencia, los padres amorosos que buscan la perfección en sus hijos consiguiendo solo ejercer presión sobre ellos, miembros de una comunidad estudiantil tanto o más desorientados que los mismos alumnos y otros tantos modelos de comportamiento que vemos hoy en todos lados.

La forma en la que la serie plantea las historias, los ritmos y el orden de estas mantienen la atención en punta. Se conserva el misterio en los diferentes temas de la historia hasta que es pertinente revelarlos y los cuenta de una manera directa, pero sutil. Todos los personajes han sido elegidos y construidos con mucha pertinencia, especialmente uno que se lleva un gran protagonismo, la música, ésta se encarga de hacer la experiencia aún más emocional para el espectador.

Bastante se ha hablado del bullying, de las conductas de los niños y de cómo para algunos fue solo un ritual que fortaleció su carácter mientras para otros fue el fin de su propia vida. Si bien los adolescentes de hace 10 años crecimos con la maleta en empanada, los apodos y demás bromas pesadas, esto no significa que antes estuviera bien y ahora no lo sea, tampoco que los que nacimos antes tenemos el cuero más duro porque nos daban palmadas y pellizcos para aleccionarnos y ahora a los niños no se les puede tocar. Nada justifica las acciones físicas contra otros, incluso las acciones verbales que más allá de demostrar cómo nos sentimos por el otro, es el mejor reflejo de cómo nos sentimos nosotros mismos. Olvidamos construir dentro para aparentar fuera, intentamos con todas nuestras fuerzas que el mundo crea ciertas cosas para obtener un estatus en la sociedad.

Sí, todos somos culpables. Todos vivimos la vida de una manera u otra, consciente o inconscientemente, intentando adaptarnos a un molde o un rol de los que están aceptados por la sociedad. Sin duda, la lista ha crecido con los años pero aún tenemos esa necesidad de cumplir con ella; para los que intentan crear su propio rol siempre habrá miradas sospechosas y envidiosas, pues más que desaprobación existe la eterna envidia proveniente del miedo a ser quienes queremos ser en realidad.

 

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