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5 preguntas filosóficas resueltas por sus series favoritas

¿Qué tienen que decir 'Sabrina', Game of Thrones o Stranger Things sobre la muerte, el poder y el satanismo?
Game of Thrones, House of Cards, Stranger Things // Netflix y HBO
Game of Thrones, House of Cards, Stranger Things // Netflix y HBO
Por
Victor Solano

Las series nos atrapan y consumen nuestras vidas. Eso se sabe. ¿Pero a qué se debe este fenómeno de adicción mundial? ¿Será el mero efecto de la publicidad? ¿O será acaso por la estrecha relación que guardan con la realidad, el devenir del sujeto y la sociedad contemporánea? Formulamos 5 preguntas filosóficas para 5 series que tienen mucho que decir sobre nuestra existencia en este mundo caótico.

Por: Víctor Solano Urrutia

No todo en la vida tiene que ser relajo y despreocupación. Desde tiempos inmemoriales la filosofía ha estado ahí para hacerle la vida imposible a uno; es decir, más de lo que ya es… así que, ¿por qué no aprovechar que las series lo ponen a pensar a uno más de lo que lo hacen los noticieros o las universidades?

Hoy en día el fenómeno de las series televisivas tiene la asombrosa capacidad de canalizar los problemas contemporáneos más evidentes con historias creativas y tramas complejísimas, de tal manera que vemos reflejadas en ellas nuestro presente y nuestro futuro; nuestros deseos, miedos y aspiraciones como individuos y como sociedad.

En las últimas semanas se estrenaron nuevas temporadas de algunas de las series más aclamadas por el público en Netflix y otras plataformas: tercera temporada de The Good Place, una nueva Sabrina más siniestra y lúgubre, y el último período de los Underwood en el poder en House of Cards. Pero antes de envolverse en sus cobijas y encender el televisor o el computador, antes de mandar un mensaje a su jefe o a sus amigos con la excusa del “es que me salieron planes” o “estoy enfermo”, le recomendamos leer las siguientes consideraciones existenciales libres de spoilers.

Aprovechemos que precisamente The Good Place está poniendo de moda las dudas filosóficas que desde Sartre estaban empolvadas y pensemos un poco en esta primera pregunta sobre la moral.

1. Si los demonios del Mal Lugar torturan a quienes fueron malos durante su vida en la tierra, ¿eso no los hace los verdaderos buenos? Quiero decir, si el punto de irse al infierno es pagar por todos los pecados y malas acciones, ¿qué función ética se supone que cumplen los demonios? The Good Place está plagado de dilemas y cuestionamientos circulares sobre la ética y la moral, pero parece que esta simple pregunta es ligeramente olvidada por los guionistas.

Primero que todo, quizá haya que reevaluar lo que nos han enseñado desde el colegio sobre la infinita maldad de los demonios, pues viéndolo de esta manera, los buenos no son siempre buenos y los malos no son siempre malos. A fin de cuentas, los demonios (tanto de la serie como los que nos enseñan de chiquitos) son los encargados de castigar a los violadores, ladrones y a las personas que “dejan enfriar” la silla del Transmilenio haciendo patéticas poses. Si son los que castigan a los realmente malos, de ninguna manera debemos verlos como simples seres malignos. Más bien, ¿deberíamos agradecerles por sus nobles gestos? Esto lo pone a uno a pensar en qué deberíamos creer…

En la misma tónica que la pregunta anterior, pasemos a El mundo oculto de Sabrina, estrenada el pasado 26 de octubre.

2. Si la Iglesia de la Noche es exactamente igual a la iglesia convencional, pero a la inversa, ¿eso no convierte a los satanistas en unos religiosos fanáticos? No me malinterpreten, no es nada personal contra los satanistas. Pero llama la atención que a lo largo de la serie que consta en su primera temporada de 10 capítulos, vemos imágenes que asociamos fácilmente con el catolicismo: hay rituales de bautizo, jerarquías eclesiásticas, templos esplendorosos, sumos sacerdotes y gente que es obligada a hacer la confirmación en contra de su voluntad. Parodia o no, es llamativo que precisamente el credo que más dice estar en contra del catolicismo y del cristianismo en general, es el que más se le parece. Y esto sí que es real, no es una simple ocurrencia de los guionistas: los cultos del satanismo sí siguen estas figuras.No resta sino preguntarnos: ¿para qué convertirse en aquello que precisamente se juró destruir? Quizá lo que esta serie nos revela es que el satanismo, que realmente representa un culto en muchos países y escenarios, no significa la negación de Dios (como puede creer uno ingenuamente), sino su simple oposición a través de la imitación. Por lo tanto, se desbarata ese mito que se tiene sobre el satanismo: no es el ateísmo puro, es sólo la inversión de los valores cristianos. Por eso se pone patas arriba la cruz y se lee la biblia negra. Puede parecer curioso, pero quizás muchos satanistas convencidos conozcan mejor las escrituras y la historia bíblica de lo que las conocen decenas de miles de católicos.

(Vea también: ¿Por qué El templo satánico demandó a Netflix?)

Es momento de pasar a House of Cards, que acaba de estrenar su temporada final, esta vez sin Kevin Spacey a la cabeza.

3. El poder, ¿para qué? Una pregunta sencilla que en realidad dice mucho más. En otras palabras, ¿para qué sirve acumular el poder por el poder mismo? La carrera de los esposos Underwood desde el senado hasta la presidencia es un ejemplo de lo que significan la ambición y la codicia, sobre todo porque ambos conceptos no serían nada sin el imperativo del fin que justifica los medios. A medida que vemos el desarrollo de los personajes de House of Cards y sus entramados, nos damos cuenta de que la política no es otra cosa que un juego de cartas, con sus artes y sus maestrías, pero también con el engaño y la ilusión. En últimas, un país tan poderoso como Estados Unidos no se sostiene sólo con la voluntad patriótica. Sí, eso es importante, pero no per se, sino en la medida en que sirve como carnada para atraer adeptos y votantes. El verdadero poder, ese que se acumula hasta el cansancio o hasta la muerte, se construye en lo oculto, jugando la mano de las ofertas irrechazables, de las amenazas y de las intimidaciones. Sin embargo, ¿y si el poder fuera sólo una ficción? ¿Y si la disputa por el poder fuera en vano y en lugar de acumular invencibilidad sólo se acumulara odio y envidia?

Así de sencillo y a la vez complejo es el asunto: no hay poder sin al menos una persona dispuesta a arriesgarlo todo. ¿Para qué? Quizás para nada, o esa es la conclusión que podemos abstraer de la serie. De nada sirve ser el hombre más poderoso del mundo si una pisada en falso entierra el pasado, sentencia el presente y acaba el futuro. Otra pregunta todavía más interesante que nos deja esta serie para la reflexión sobre nuestra propia realidad es: ¿De qué sirve la participación política si las decisiones las toman un puñado de millonarios que juegan golf y simulan el odio y la simpatía?

Ya que nos metimos con los juegos, el odio y las guerras, hablemos ahora de Game of Thrones. Ya sé que no es una serie de Netflix, pero las más recientes imágenes del rodaje que salieron a la luz nos empiezan a emocionar aunque todavía falten algunos meses para que “llegue el invierno”. Por su popularidad y por los temas que trata filosóficamente, hay que incluirla en la lista.

4. Para un ser inmortal, ¿qué sentido tiene la muerte? Es más, ¿de qué sirve pensar en las consecuencias de las acciones a corto, mediano o largo plazo cuando hay garantía de un “después de la muerte”? Fue precisamente la llegada de los caminantes blancos la que formuló este debate luego de que diferentes personajes de la serie cayeran en cuenta de que sí eran una amenaza real y no sólo un mito que cuentan los campesinos para asustar a los niños que se portan mal. Este ejército de no muertos, además de ser numeroso y resistente a las heladas, es también representante de las fuerzas del averno: ya cruzaron la muerte y la desafiaron para conquistar los siete reinos; no le temen a absolutamente nada. En paralelo se nos ocurre que son algo así como el ejército ruso antes de la caída del muro de Berlín.

En cuanto a la pregunta, cuando se es una entidad demoníaca capaz de vivir por toda la eternidad lo que menos interesa es la efímera vida humana. Es interesante el dilema que nos plantea el ejército de caminantes blancos, al mejor estilo zombi: puedes unirte al gobierno de la eternidad junto a los demás caminantes o simplemente morir como cualquier mortal y que todo se torne negro. Al fin y al cabo hay certezas de que en el universo de George R.R. Martin hay más de un después de la muerte, uno a mi juicio aburridor y otro más emocionante.

Si recordamos bien, cuando Jon Snow resucitó, Melisandre le preguntó qué había en el más allá, a lo que nuestro carismático protagonista respondió: “Nada”… pues qué aburrido, si después de la muerte no hay nada, yo mejor me uno a los caminantes blancos y por lo menos hago algo por el resto de la eternidad, como recorrer los hermosos paisajes irlandeses o volar en dragón. Entre gustos no hay disgustos. No obstante, Game of Thrones podría resolver en su última temporada la pregunta filosófica más complicada de la historia: ¿qué hay después de la muerte?

Por último, consideremos la serie que tuvo a todo el mundo pendiente de las aventuras de un puñado de niños frikis de la década de los ochenta: Stranger Things.

5. ¿Tenemos libre albedrío? El caso del pequeño Will Byers, interpretado por Noah Schnapp, nos permite pensar en la pregunta más vieja de la filosofía: ¿nuestras acciones son predeterminadas o tenemos la capacidad de elegir libremente? Si usted estuvo pendiente de las dos primeras temporadas de Stranger Things, seguramente reconocerá que siempre estuvo latente esta pregunta. Pero fue sobre todo en la segunda cuando vimos más claramente el dilema. Al pobre Will le tocó padecer el debate entre determinismo y responsabilidad moral. Tuvo que convivir con este extraño monstruo del Upside Down dentro de sí, que en ocasiones le llevaba a engañar a sus amigos, pero al que con algo de voluntad podía vencer.

Así las cosas, el Shadow Monster se diferencia del Demogorgon de la primera temporada en que es más una especie de entidad que convive parasitariamente con el sujeto, que aparece y se posesiona en determinados momentos y luego vuelve a la sombra. Si lo pensamos de alguna manera, este monstruo es algo así como las pulsiones del ello, y el upside down es el inconsciente del que habla el psicoanálisis. Estas fuerzas luchan por salir y determinarnos cuando menos lo queremos, y nuestra libertad se convierte en la ilusión de poseerla más que en un ejercicio consciente.

Esta serie, por lo demás tierna y divertida, nos pone a pensar en ese mundo del revés: ¿Y si realmente sí hay un mundo patas arriba que opera al tiempo que el mundo convencional? ¿Y si hay un monstruo de las sombras que me determina y no soy consciente de ello? Para el científico John Dylan Haynes es claro que muchas veces tomamos decisiones antes de ser conscientes de que lo hacemos, así que no es descabellado pensar que el universo de Stranger Things, el psicoanálisis y nuestro mundo apunten a las mismas conclusiones sobre la libertad humana.

Son muchas más las series y las preguntas por hacer, así que si se le fueron las ganas de ver Netflix luego de estas preguntas, no entre en pánico. Más bien anímese a verlas (y ver al mundo en general) con otros ojos. Probablemente ahora entenderá por qué son tan llamativas las series: es porque despiertan las mismas simples y/o complejas preguntas que brotaban de una noche de observación al cielo hace cientos o miles de años, sólo que ahora pagamos por ellas y por su merchandising.