Se encuentra usted aquí

A River Below: el documental que cambiará por siempre su visión del Amazonas

Está en Netflix.
twigymuleford // Getty Images
twigymuleford // Getty Images
Por
Juan Camilo Ospina Deaza

Fernando Trujillo es biólogo y protagonista del exitoso documental A River Below, también conocido como Río Abajo, producido en Colombia (y disponible en Netflix). Como ellos afirman, la película captura la Amazonia en toda su complejidad y examina como los activistas ambientales usan los medios en un tiempo donde la verdad es un término relativo.

Por: Juan Camilo Ospina Deaza y Valeria Sánchez Prieto.

A River Below es un documental sobre la protección del delfín rosado, la sostenibilidad en el Amazonas, el activismo científico, el papel del estado en la conservación de especies, entre otros temas. Allí veremos al reconocido biólogo Richard Rasmussen, quien denunció la caza de delfines por parte de pescadores, para luego conocerse que él mismo les pagó para que mataran a este mamífero, según él para "salvar la especie". 

Así, conversamos con él sobre el proceso de producción, cómo fueron confrontados al hacer el documental, la ejecución creativa y el propósito de la película. Este film fue altamente reconocido en festivales internacionales como Tribeca, Hot Docs, Sheffield, Camden, Mill Valley, Melbourne, entre otros.

¿Cómo conoció al director Mark Grieco? 

Primero conocí al productor Torus Tamer. Con él nos conocimos hace tres años y medio. Él comenzó a escribirme, vino a Colombia y tuvimos una reunión donde me decía que quería hacer una película, pero que no quería hacer una película exclusivamente sobre los delfines, que era a lo que yo estaba acostumbrado. Entonces, me dijo: “mira yo sé que has hecho películas con National Geographic, con Discovery, con la BBC, pero no es el tipo de película que quiero hacer. Quiero hacer un tema mucho más universal, porque si hiciera una película solo de delfines le llegaría solo a un público determinado. Queremos hacer algo que sea global, que tenga una conexión con gente en Japón, en China, con gente en Colombia”.

Al principio yo no entendía bien de que se trataba la cosa, fuimos desarrollando una serie de ideas y él fue buscando un director apropiado para su fin. Él estuvo contactando varios directores, hasta que finalmente se inclinó por Mark Grieco, que había hecho ya una película sobre minería aquí en Colombia – Marmato-.  Ésta había tenido un enfoque bien interesante, con él arrancamos un proceso de tres años y medio de filmación. Grabamos en Brasil, en Colombia, en Perú, en diferentes momentos, o sea fue una historia en evolución. 

Aunque Torus tenía algo en su cabeza, la idea fue evolucionando y fuimos cambiando un poco, o estructurando mejor la historia. El momento clave que definió la historia de la película fue cuando a mí me llevan a una comunidad en Brasil cerca de Tefe y yo no tenía ni idea de que hacia allá. Yo preguntaba, “¿Torus a que me trajeron acá?” y él me decía “no, espera un momento”. Es esa parte de la película donde yo estoy con los pescadores y empiezo a escuchar que ¡alguien les pago por matar delfines! En ese momento quedé en shock. No entendía que estaba pasando, pero al ver el documental de Globo Televisión empecé a ensamblar piezas y noté que algo no encajaba. En la villa hablaban de Richard Rasmussen, pero no hablaban del personaje que había invitado a los pescadores a presenciar la captura de unos delfines.

¿Cómo se involucró Richard Rasmussen en el film?

Les sugerí, a Torus y a Mark, buscar a Richard en Manaos para hablar con él, ya que lo nombraban constantemente. Ellos empezaron a explorar con este personaje, a presionarlo y de un momento a otro soltó la lengua, “si, nosotros fuimos los que conseguimos el dinero, nosotros fuimos los que hablamos con estas personas para que hicieran el trabajo”. Al principio, Richard no estaba contemplando hacer parte de la película, pero cuando Rasmussen se entera que un australiano y un gringo estaban metiendo las narices en un tema complicado, él viaja de pantanal a Manaos a confrontarlos. Ellos manejaron muy bien la situación porque utilizaron el ego de Richard, el narcisismo de Richard y Richard quiso hacer parte del documental. Él es un elemento muy importante dentro del documental porque es un personaje, casi que un antagonista o un antihéroe, como él se define. Él es muy sincero y le da ese contraste ético a la película. Hay momentos donde dice cosas desacertadas y otras donde dice cosas que todos compartimos. El Amazonas es muy grande, la gente habla, habla y habla y no hacen nada, pero necesitamos acciones, pero acciones sin cruzar una línea ética.

¿Cómo se articuló el equipo creativo (Torus, Mark y Rene) para realizar el documental?

El productor Torus es el que realmente planea todo, Mark es el realizador. Torus le dice a Mark “lo que quiero es esto” y, entre ellos empiezan a concebir todo este proyecto. El otro elemento importante es Rene, es colombiano, él es el cinematógrafo que le pone las imágenes y la lírica al documental. Eso también es complejo, uno no reconoce ese valor. Porque a veces hay documentales muy planos, estéticamente pobres y Rio Abajo es impactante. Tiene imágenes que chocan, que arrugan el corazón, que generan empatía, alegría, rechazo, bueno ¡de todo! Nos repiten durante varias veces la matanza de los delfines desde diferentes ángulos, desde diferentes perspectivas. Estas tres personas Torus, Mark y Rene, articulan bien alrededor de los personajes que somos Richard y yo.

¿Cómo se involucró en el proyecto?

Torus me contacta a mí porque él empieza a buscar por internet quién sabe de delfines en el Amazonas. Él buscaba un personaje un poco carismático y entonces llega a mí. Yo al principio no estaba muy seguro de que trataba. He participado de varios proyectos y a veces da un poco de incomodidad. Este proyecto en particular me produjo muchas incomodidades porque ellos querían entrar al lado humano del personaje y yo siempre he querido dejar el lado humano para mí, escondido, bloqueado. Yo en los otros documentales juego al científico y en esa burbuja de confort me muevo, solo hablo de los delfines, de los datos científicos y de los hechos, es como un escudo protector. Pero, cuando dicen: “queremos conocer al sujeto detrás del científico” es mucho más difícil, yo creo que también para ellos fue un reto sacarme del acartonamiento científico y ponerme en situaciones como la de la villa. Ahí tratan de captar mi reacción, por lo que para mí fue complejo, fue difícil; hubo varios momentos donde no sabía si quería seguir con el documental. En algún momento estuve amenazado por estar enunciando toda esta inacción del estado, me di cuenta que estaba abriendo una caja de pandora.

A veces me preguntan “¿usted se imaginaba amenazado?” y yo contesto ¡No, yo soy un biólogo que trabaja por los delfines, por la preservación del Orinoco y la biodiversidad! ¿Por qué tendrían que amenazarlo a uno por eso? En todo caso, termino abriendo la caja de pandora del mercurio, la contaminación, la salud pública, los intereses económicos, las agendas políticas y ahí empiezo a meterme en temas complicados. Yo no sabía en qué iba a terminar el documental, pero cada vez que lo miro se me hace un nudo en la garganta, porque es un documental fuerte.

¿Cuál es la diferencia entre la imagen que se tiene del Amazonas y la Amazonas que usted conoce?

Hay mucha diferencia, la mayoría de las personas tiene un imaginario sobre el Amazonas. Uno le pregunta a un europeo, a un norteamericano, incluso acá en Bogotá, sobre qué piensa de las amazonas y dicen “es el pulmón del mundo, una gran selva verde con unos pocos indígenas viviendo en armonía con la naturaleza” y, ese no es el caso. Tenemos 34 millones de seres humanos en la cuenca de las amazonas, de los cuales solo 3,5% son indígenas. Por lo tanto, uno queda pasmado. ¿Qué paso aquí? Supuestamente es un territorio indígena, pero los indígenas son la gran minoría, entonces uno se pregunta ¿De dónde salió toda esa gente? Pues, esa gente salió de las ciudades buscando oportunidades económicas en cultivos de soya, en ranchos ganaderos, en construcción de hidroeléctricas, en construcción de vías, etcétera. Existen asentamientos tan grandes como Manaos, con 3 millones de seres humanos ¡o sea es más grande que Barranquilla! ¡Es una ciudad en medio de la selva con grandes rascacielos!

Además, la parte sur del Amazonas está muy deforestada, se han perdido más o menos 600 mil kilómetros cuadrados de selva, mucho más grande que España lo que se ha perdido. Hay más de 155 hidroeléctricas cortando la conectividad de los ríos. En vez de ser un pulmón, con sus ríos, el Amazonas es más un corazón al que le estamos taponando con hidroeléctricas y va a colapsar. Por lo tanto, el imaginario de las personas en las ciudades del Amazonas es uno muy idílico y la realidad es otra.

¿Qué piensa del ideal del “buen salvaje”?

Hay gente que va una semana al Amazonas y ya son “amazónicos”, ya se conectaron con la madre selva. Yo he visto gente en la ciudad que ven un indígena… por ejemplo, un chamán que yo conozco me dice “Germán, ¡esta gente está loca! ¿Qué quieren que haga?” Y después llega una señora y le coge la mano al chamán y le dice “bueno, ¡cojámonos todos de la mano, el chamán va a hacer una curación!”  y el chamán se queda mirándome como preguntando ¿Y, ahora qué hago?

Este es un documental que nos confronta, que cuestiona la complejidad de la naturaleza y de las relaciones humanas. Es un film que hace una crítica a la forma de hacer documentales y de la manera en que nos imaginamos la Amazonía. En definitiva, es una producción que hay que ver.

Temas relacionados: