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Charles Chaplin: las caras desconocidas del ídolo de la comedia

Un vistazo a la historia, la visión política y los escándalos menos conocidos del ídolo de la comedia.
El gran dictador, Charles Chaplin
El gran dictador, Charles Chaplin
Por
Victor Solano

A pesar de que sus filmes cargan con varias décadas al hombro, el creativo universo de Charlie Chaplin sigue deslumbrando. Aun así, poco conocemos de la vida personal del artista, sus afiliaciones en política, sus pensamientos sobre el mundo y la sociedad, y los puntos de quiebre que fueron determinantes en su carrera. Abrimos una ventana a la mente y humanidad del ídolo del cine mudo.

Por Víctor Solano Urrutia

Charles Chaplin, autor de millones de sonrisas alrededor del mundo, desde la primera mitad del siglo pasado hasta nuestros días, es para muchos un ídolo ejemplar. Genio sin precedentes, cómico original, actor gallardo, crítico fino, empresario atrevido y hasta músico prodigio… son muchos los calificativos que le han llovido a este artista de origen británico, nacido el 16 de abril de 1889. No por nada sus películas se han convertido en verdaderos clásicos, con escenas tan conocidas como homenajeadas.

Pero a pesar de dar de qué hablar durante décadas por la prensa, las novelas, las películas, las biografías y los documentales, solo hasta hace poco se han abierto los ‘expedientes’ personales del artista, a raíz de las tendencias culturales de retorno a lo clásico que experimentan estas épocas.

Ahora, más que nunca, valdría la pena explorar algunas anécdotas, hechos curiosos y teorías sobre las fuentes de inspiración del artista para entender qué yace detrás de una de las mentes más únicas de la historia del cine y por qué vale la pena seguir viendo sus películas.

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El meme que predijo Charles Chaplin en 1922

Chaplin lo hizo primero.

Peligroso, sedicioso, ambivalente: ¿qué se ha dicho de Chaplin?

Quizás al observar las inocentes caras burlonas de su mítico personaje Charlot, no advertimos que detrás del maquillaje, del caminado chistón y del reluciente bombín se esconde una mente separada de la ficción, con una psicología propia, un pasado agreste y deudas por pagar. Ha llegado a saberse por numerosas fuentes que la infancia de Chaplin no fue fácil: nacido en un hogar sumido en la pobreza, tuvo que empezar a trabajar a la edad de 6 años, además de ver enfermar y morir a sus padres.

No es difícil leer parte de esa dura vida en sus películas, que son al mismo tiempo un retrato de las condiciones de pobreza, hambre y desolación que vivía el mundo moderno entreguerras. Es por ello que parte de la genialidad de Chaplin consistió en transformar un relato crudo de la cotidianidad, de esos “fracasos del desarrollo” en un guion de comedia. Con el paso de los años, además, las tramas de sus películas se harían más profundas y sus críticas al modernismo más feroces.

El artista lanzó sátiras directas a líderes políticos, planes de gobierno o ideologías que buscaban empobrecer aún más a los pobres. Una famosa escena de Un Rey en Nueva York, protagonizada por su hijo Michael, llega a coquetear con el marxismo. Como relató en una entrevista el hoy heredero del apellido Chaplin, es posible que el genio británico hubiera leído y compartido algunas bases del pensamiento socialista. No siendo hechos aislados de su postura humanista, Chaplin simpatizó con la clase proletaria anglófona.

Pero el temor de que este pensamiento fuera más que una simple simpatía movió los hilos al interior del FBI, que gestionó entre 1922 y 1949 un expediente de cerca de 1900 páginas investigando los supuestos nexos del artista con el Partido Comunista de los Estados Unidos. A pesar de lo exhaustivo de los documentos, nunca pudo probarse la materialidad de los vínculos políticos de Chaplin. No obstante, los “easter eggs” o pequeños guiños comunistas en sus películas le valieron el exilio en 1952 tras su negativa pública de nacionalizarse estadounidense.

Las miradas inquisidoras de Edgar Hoover y del FBI trataron, por varias vías, de torpedear la carrera filmográfica de Chaplin. Aunque su afiliación política no fuera demostrable, pronto la atención puesta sobre el pensamiento de izquierda se movió a la pederastia y otros crímenes relacionados con trata de blancas, que solo pudieron ser recopilados décadas más tardes en memorias y testimonios de algunas de sus exparejas que retratan a un Chaplin machista, sexista y hasta misógino.

Los ecos políticos de Chaplin pueden rastrearse a lo largo de su carrera. Entre sus primeros experimentos cinematográficos encontramos A Militant Suffragette (1914), en la que Chaplin interpreta a una sufragista por los derechos democráticos de las mujeres. Posteriormente, Charlot Vagabundo (The Tramp, 1915) exaltará la dignidad de la clase trabajadora. Más adelante, Tiempos Modernos sería catalogada por el FBI como “contenido anti-capitalista”; y ni hablar del largo y recordado discurso antifascista en El gran dictador.

De amenaza a la moral norteamericana a exiliado de Hollywood

Estas clandestinas facetas de Chaplin dan todavía de qué hablar y se suman a un debate muy actual sobre la corrección política, el legado y adoración de los ídolos de la industria cinematográfica. No queriendo dictaminar una sentencia sobre lo que es, fue y será Chaplin, es importante señalar que estos reveses o elecciones políticas y personales marcaron significativamente sus películas, o al menos el hecho de que éstas se realizaran y produjeran en Estados Unidos bajo sospecha oficial.

A comienzos de los 50, cuando estaba promocionando sus filmes en Europa, se le notificó que su permiso de residencia en los Estados Unidos había sido revocado, con lo cual tuvo que vivir (ya no sólo interpretar) la posición de refugiado e inmigrante, esta vez hacia Suiza, país que lo acogería hasta el año de su muerte (1977). La era conocida como macartismo, basada en una sofisticada estrategia anti-comunista, logró socavar una buena parte del éxito cosechado por Chaplin en el continente americano. Sin embargo, volvería a ese país en 1972 para recibir el Óscar honorífico por su vida y obra.

Llámese capricho o dignidad; a ciencia cierta hay muchas versiones sobre hechos poco documentados en los que Chaplin fue señalado. Su espíritu libre quizás le valió varios puestos y fracasos (como el de United Artists en EE.UU.), y más aún en el exilio, cuando se rodó Un Rey en Nueva York con un total desconocimiento de la industria fílmica británica. Se cree que la sensacional cinta estuvo a punto de ser abandonada por un pleito entre Chaplin y su staff.

Quizá sería un interesante ejercicio de pandemia ponerse a leer The Charlie Chaplin Archives, libro anecdótico con un esplendoroso material de imágenes poco conocidas (editado por Paul Duncan para Taschen), a la par que se recorre la filmografía del artista. Para cada filme y hasta para cada escena o sketch hay una historia que transforma esa imagen simple y hasta romántica que nos llega sobre este hombrecillo con bigotito y sombrero. Problemas con la ley, berrinches, tumbas profanadas, colaboraciones que nunca se dieron y un poco de drama policiaco aromatizan cientos de páginas y horas de celulosa ahora digitalizadas.

Qué nos queda de Chaplin

Podríamos dedicar cientos de palabras reseñando el aporte de cada película de Chaplin a la historia del cine, pero no es ese el propósito de este artículo. Tampoco nos quedaría tiempo para resumir los hechos más curiosos y los escándalos más fuertes incluso después de su muerte, pues a eso ya se han dedicado líneas por montones. Simplemente, destacamos que Chaplin es un personaje profundamente interesante porque sus facetas son más profundas de lo que se espera. Es, pues, una invitación a conocer al hombre tras el personaje.

Observar sus películas puede ser un acto de ocio tanto como un goce contemplativo, además de un ejercicio interpretativo serio y dedicado; hallar los orígenes de las temáticas, la intención de las metáforas y esos guiños políticos es una actividad pendiente y necesaria para aquellos apasionados por la historia del cine. Y Chaplin nos tenía muy bien guardados esos secretos. A la hora de la verdad, el británico sigue siendo una figura que inspira a actores, realizadores, directores y especialistas del cine. Fue fundamental para dar un aire renovado a la naciente industria cinematográfica, aportando expresividad y emotividad a las historias, aunando en el retrato de la modernidad como poco se había hecho antes. Su humor y estilo narrativo cambiaron la manera de hacer cine e inauguraron un estilo.

También nos queda el Chaplin político. No es por nada que a Charlie se le recuerde, en algunos espacios, como “libre pensador” y humanista. En ocasiones emparentado con un espíritu indomable, a veces celebrado por representar escenas universales, Chaplin ha pasado a la memoria colectiva como un artista de la vida social de su momento, para quien la “simplicidad es una cosa difícil de lograr”.

Sin embargo, debemos ver a Chaplin (así como a otros ídolos del séptimo arte) como figuras totales. Sin entrar en el debate de si debe separarse al artista de su obra, por lo menos podemos expandir la mirada cual cinematógrafo de vanguardia para entender la influencia del mundo y de lo social en sus películas, así como de su vida personal en su recuerdo. Como todos, Chaplin cuenta con contradicciones, comportamientos cuestionables y hechos desconocidos. Nos corresponde decidir cómo apropiamos ese legado.

 

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Cineco Alternativo presentará un ciclo de varias de sus películas: El gran dictador, Tiempos modernos, Luces de la Ciudad, Candilejas, El Niño, El Circo, Una Mujer en París, Monsieur Verdoux, Revista Chaplin, y Un Rey en Nueva York. Pueden visitar la plataforma aquí.

 

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