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El documental que nos muestra cómo explotó el movimiento 'hardcore-gay-punk'

'Queercore: How to Punk a Revolution', el documental que muestra la lucha por crear espacios más incluyentes, estará en In-Edit.
Cortesía In Edit.
Cortesía In Edit.
Por
Juliana Abaúnza

A principios de los años ochenta, un par de jóvenes queer, cansados de lo excluyente que era el punk, crearon un movimiento hardcore-gay-punk a punta de filosofía “hazlo tú mismo” y de pura voluntad.

El documental “Queercore: How To Punk A Revolution”, escrito y dirigido por Yony Leyser, mezcla escenas de las películas experimentales, los primeros zines y los conciertos llenos de sudor de los revolucionarios que cambiaron tanto la escena punk como la escena LGBTQ.

Las raíces del punk, que se pueden rastrear hasta finales de los años 60 y toda la década setentera, fueron radicales y diversas sexualmente. Bandas como Nervous Gender y artistas como Patti Smith criticaban los roles de género e iban en contra de todo lo normativo. Pero después de esa primera ola, el punk se empezó a asociar con manifestaciones más estereotípicas de violencia y masculinidad. Llegó un punto en el que ser punk significaba ser macho y homofóbico.

Mientras tanto, el movimiento gay a finales de los años 70 y principios de los 80, sobre todo en ciudades grandes como Toronto, Nueva York y San Francisco, parecía ser solo sobre disco y divas o sobre activismo, asimilación y seriedad. En ese contexto, Bruce LaBruce, un joven artista canadiense, se sentía rechazado tanto en la subcultura gay como en la subcultura punk. Los punkeros homofóbicos lo miraban mal y los homosexuales de ropa planchada y perfecta también. 

La solución de LaBruce fue unirse con su amiga G.B. Jones, quien era cineasta experimental, artista y música, para crear una escena que uniera las dos cosas: lo queer y lo punk. LaBruce y Jones rechazaban tanto el comportamiento burgués de los gay a los que criticaban, como el comportamiento violento y tóxico del macho punk. Entonces, a punta de películas experimentales, música y zines (que para los lectores más jóvenes eran, hagan de cuenta, los predecesores análogos de los blogs) crearon un movimiento.

El problema es que la escena queer-punk realmente no existía. “Queercore” muestra cómo estos dos visionarios a punta de exageraciones crearon la escena fingiendo que ya existía. A través de J.D.’s, su zine donde mostraban tanto recomendaciones musicales como pornografía, hacían parecer que el queercore era algo mundial y no algo que un par de amigos se había inventado en Toronto. Jones y LaBruce así inspiraron a otros jóvenes queer, que se sentían solos o incomprendidos, a buscar o crear una comunidad afín.

Y eso fue lo que pasó. Al mismo tiempo empezaron a aparecer otros zines, como Homocore, en San Francisco y en Los Ángeles. El movimiento fue creciendo y se expandió por otras ciudades de Estados Unidos y Canadá. De la nada, el underground explotó con jóvenes que no estaban preocupados porque la sociedad los aceptara, sino por crear espacios no convencionales donde pudieran expresarse.

Además de escenas de los shows de punk en bares de mala muerte y de fotos de los primeros zines que empezaron a regarse, “Queercore” tiene entrevistas interesantísimas con gente como Genesis Breyer P-Orridge, Penny Arcade, John Waters, Justin Vivian Bond, Lynn Breedlove, Silas Howard, Kathleen Hanna y Kim Gordon. Estas figuras emblemáticas son la prueba de que el trabajo cultural es tan importante como el trabajo político para la comunidad LGBTQ.

Si van a estar en Bogotá del 8 al 12 de noviembre, les recomiendo que vayan a ver “Queercore: How To Punk A Revolution” en In-Edit, un festival de documentales musicales que va a estar bueno. “Queerpunk” vale la pena no solo porque documenta un momento histórico en la comunidad LGBTQ, sino porque sirve como motivación para reflexionar sobre lo que significa ser queer ahora y para crear espacios más incluyentes en el presente.

 

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