Se encuentra usted aquí

Lecciones de autoayuda con Jim Carrey

Guía para encontrarse a sí mismo según el actor de “Ace Ventura”, “Mentiroso, Mentiroso” o “La Máscara”.
Jim Carrey - La Máscara
Jim Carrey - La Máscara
Por

Este no es otro listado de autoayuda (o tal vez un poquito). Estas son las reflexiones de un hombre que tuvo que matar su yo triunfador para poder conocer quién carajos era realmente. Una guía basada en el documental Jim & Andy: The Great Beyond.

Por: William Martínez // @MartinezWill77

Justo después de que Jim Carrey se cotizara como uno de los actores mejor pagados de los años 90 con su actuación en Un loco a domicilio (por ese papel se embolsó 37,5 millones de euros), sobrevino una película que le taladró la psique. El mundo de Andy (1999) narra la vida de Andy Kaufman, un comediante estadounidense popular a finales de los años setenta por llevar al límite a quienes lo rodeaban a punta de sátiras y provocaciones. En 1998, Carrey permitió que un equipo documentara su interpretación del comediante. Esa grabación estuvo empolvada en su oficina durante 20 años hasta que el actor canadiense decidió que viera luz en un documental producido por Netflix, Jim & Andy: The Great Beyond.

Cuando Milos Forman, director de El mundo de Andy, llamó a Carrey para decirle que era suyo el papel, el actor estaba parado frente al océano. Clavó la mirada en el horizonte y se preguntó en dónde estaría el espíritu de Kaufman, quien murió el 16 de mayo de 1984 por cáncer de pulmón. Carrey percibió la voz de su ídolo de adolescencia: “Con tu permiso, voy a hacer mi película”. Lo que pasó después, dice el actor en el documental, ya no estuvo bajo su control. 

Carrey mató a su yo verdadero para que Kaufman actuara por él, delante de las cámaras y fuera de ellas. Ese papel —un nuevo intento por escapar de sí mismo— lo llevó a una pregunta: ¿quién carajos soy? El documental de Netflix cuenta, entre líneas, los pasos que siguió el actor para aprender a pasar tiempo consigo mismo, para convivir con su yo pasivo, aquel que no gesticulaba a mil ni producía carcajadas. A continuación, se los presentamos.
 

1. UNO NUNCA SABE LO QUE PUEDE HACER HASTA QUE LO HACE.

1994 fue un año dorado para Jim Carrey. Su actuación en el trío de comedias Ace VenturaLa máscara Tontos y más tontos lo convirtió en uno de los actores más populares del mundo. Dos años después, por su papel en Un loco a domicilio, recibió 37,5 millones de euros: el mejor sueldo que ha recibido en cuatro décadas de carrera y uno de los más altos en los años noventa. Sin embargo, esa burbuja se reventó en 1999.

Para interpretar al comediante Andy Kaufman en El mundo de Andy, Carrey volvió a presentar una audición después de años sin hacerlo. Tuvo que amansar su ego. Aunque la familia de Kaufman quería que él protagonizara la película, Milos Forman, director del filme, buscaba otras opciones. Carrey se grabó a sí mismo interpretando uno de los personajes del comediante y pensó que no había nadie más indicado que él para encarnar ese humor anarquista, provocador. Carrey sabía qué era ser la oveja negra de la familia. Forman lo eligió al instante. 

 

2. ESCUCHE A LAS PERSONAS, ABSORBA LO QUE ELLAS DICEN Y TOME SUS PROPIAS DECISIONES. DEJE QUE OBRE SU INSTINTO.

Para interpretar a Kaufman, Carrey entrevistó a varios amigos y familiares de él. Lo que concluyó es que cada fuente, mediada por sus afectos, armaba una versión endulzada del comediante. “¿A quién conoces realmente aun cuando lo tengas enfrente?”, se preguntaba Carrey. En medio de la recolección de testimonios, al preguntar sobre su vida de colegio, descubrió que Kaufman era un niño extrovertido, con ademanes femeninos y que en los descansos prefería hablar con los árboles mientras el resto charlaba o hacía deporte. Carrey se dejó atravesar por la humanidad de Kaufman. Puso el cuerpo para que sus resentimientos y su afición a manipular al público obraran.

3. DESPUÉS DE CREAR SU YO TRIUNFADOR, DEBERÁ DEJAR QUE ESA CREACIÓN SE VAYA, PARA PROBAR SI LO AMAN O LO ODIAN POR LO QUE ES REALMENTE.

En 1977, a los 15 años, Carrey empezó en el mundo de la actuación imitando a Elvis Presley, James Stewart y Jerry Lewis en un cabaret de Toronto, Canadá. Dos años más tarde, encabezaba el cartel de comediantes en el club Yuk Yuk’s de la misma ciudad. Cuando llegaba a casa, antes de dormir, se preguntaba qué buscaba la gente. Por qué iba a un show de humor en vez de ir a un partido de hockey sobre hielo. No quieren tener preocupaciones, intuyó.

Él se convirtió en ese hombre despreocupado: para sus shows no preparaba chistes, sino que se mostraba hiperactivo. En su vida, tampoco tenía ninguna intención de parar y fijar la mirada hacia adentro. Continuaba alimentando su yo exitoso metiéndose en la piel de sus personajes más recordados, como Stanley Ipkiss (La máscara), Lloyd Christmas (Tontos y más tontos) y Andy Kaufman. En el documental, el actor lo sintetiza así: “Si no aceptas quién eres en realidad, tendrás que matar tu yo verdadero y caer en tu propia tumba, aferrado a una persona que nunca fuiste”.

4. CADA VEZ QUE ABRE LA BOCA APRENDE ALGO SOBRE SI MISMO.

En el rodaje de El mundo de Andy, Carrey aprendió algo del oficio de la actuación que puede aplicarse a una conversación cotidiana. “Cuando improvisas, eso que dices deja entrever lo que realmente eres”. Al apoderarse del papel de Tony Clifton, el personaje más anarquista y belicoso de Andy Kaufman, comenzó a escupir las miserias de su yo verdadero: “Eres un cobarde. Sólo piensas en lo que la gente opina de tu trabajo. Haces lo necesario para lucir como un ganador, vistes un traje, hablas de cierta manera y mientes siempre. Y en ese camino, la vida se va. Te pierdes”.

5. PERMÍTASE FALLAR SÓLO EN LO QUE LE GUSTA.

Percy Carrey, padre del actor, soñaba con ser saxofonista, incluso tenía su propia orquesta. Como no pudo entrar al mundo de la música y necesitaba sostener a su familia, trabajó en una firma de contadores. A los 51 años fue despedido. Quedó destrozado. "Cuando sacrificas y fallas duele. Duele más que fallar en lo que amas”.

6. RENUNCIE A LAS ESTRUCTURAS. TODO ES ABSTRACTO.

Jim Carrey llegó a la cumbre de su carrera y no era feliz. Cuando terminó el rodaje de El mundo de Andy, volvió a su vida. El no saber. Los problemas. El corazón roto. Sin embargo, quería borrar a toda costa la sombra de Andy Kaufman, al punto de rechazar la propuesta que le hizo R.E.M. para participar en un video en el que interpretara al comediante. Carrey, por primera vez, paró. Trató de entender quién carajos era él. Comenzó a hacerse las preguntas básicas de la existencia; esas preguntas que, si uno se las toma en serio, pueden empujarlo al sinsentido absoluto o a una libertad relativa. “¿Por qué soy canadiense? ¿Qué diablos significa ser canadiense? ¿Por qué estamos constituidos por países y religiones? No tengo ambiciones en un mundo como este. No anhelo ir a ningún lado. No me molesta flotar en el espacio. Que pase lo que tenga que pasar. Mi búsqueda espiritual es intentar desaparecer”.  

Su idea de intentar alejarse de las estructuras que nos sostienen tomó vigor en 2015, cuando Cathriona White, su novia, decidió suicidarse. Carrey desapareció lentamente del foco mediático. Volvió a aparecer en una fiesta de la revista Harper’s Baazar, en plena Semana de la Moda de Nueva York, concediendo una entrevista que algunos medios caricaturizaron con la etiqueta de ‘desconcertante’: “Nada de esto tiene sentido, así que quería encontrar la cosa más insignificante que hubiese y unirme a ella, y aquí estoy. Debes admitir que esto es bastante insignificante. ¿Crees en los iconos? Yo no creo en personalidades. Creo que la paz yace más allá de la personalidad, más allá del ingenio y el engaño, más allá de la S roja que llevas en tu pecho y que hace rebotar las balas. Es más profundo que eso. Creo que somos un campo de energía bailando para sí mismo”.