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Lecciones de cómo hacer cine barato (y en celular) por Robert Rodríguez

Uno de los cineastas más importantes y revolucionarios de Hollywood estuvo en Colombia en Smart Films.
Robert Rodríguez (Foto: Jason Kempin/Getty Images)
Robert Rodríguez (Foto: Jason Kempin/Getty Images)
Por
Juan Pablo Castiblanco Ricaurte

En 1992 un joven chicano (gringo de papás mexicano) de 23 años lanzó una película de bajo presupuesto (apenas 7 000 dólares) que tenía como objetivo circular en el mercado mexicano de video. La mitad del presupuesto había sido conseguida por ese joven prestando su cuerpo a experimentos médicos en la ciudad de Austin, Texas. Cuando la terminó, Columbia Pictures vio que la cinta tenía un gran potencial de volverse un éxito de taquilla por lo que la tomó en sus manos, le invirtió para poder llevarla a cine y así El mariachi nació como uno de los largometrajes de culto en el cine independiente y a la vez consiguió el récord Guinness como la película más barata en la historia del cine en superar el millón de dólares en taquilla.

Desde entonces la mente maestra tras El mariachi comenzó a ser reconocida en el mundo del cine como un ejemplo perfecto de cómo hacer cine de bajo presupuesto., mientras que Robert Rodríguez se convertía en un icono de producción, pero también de una mágica narrativa que mostraba un particular universo hispano en el género de acción. Su debut fue la primera parte de una trilogía que se completó con Desperado en 1995 (con Antonio Banderas y Salma Hayek en los papeles protagónicos) y Once Upon a Time in Mexico en 2003 (con un elenco repleto de estrellas como Banderas, Hayek, Johnny Depp, Mickey Rourke, Eva Mendes, Rubén Blades, Willem Dafoe o Enrique Iglesias). Además de este universo de salvaje acción fronteriza, Rodríguez también hizo otros clásicos que pasaban constantemente entre la violencia y la comedia, entre el absurdo y la visceralidad, como Del crepúsculo al amanecer (1996) o Machete (2010).

Rodríguez no se quedó ahí y volvió a sorprender al mundo en el 2005 con la adaptación de uno de los clásicos más deseados del cómic, Sin City; el autor de la novela gráfica Frank Miller había dicho que su libro nunca llegaría al cine, pero luego de ver pruebas que Rodríguez hizo por su cuenta para demostrar que podía hacer una versión cinematográfica extremadamente fiel al papel, Miller accedió. Amigo íntimo de Quentin Tarantino, compositor de varias bandas sonoras, editor, director de fotografía, fundador de la productora Troublemaker Studio y del canal de televisión El Rey Network (aliado de Univisión), Rodríguez puede estar dentro de las figuras más trasgresoras en el mundo del cine actual. Hace unos días estuvo como invitado especial en el festival de cine hecho con celulares Smart Films, y estas fueron las lecciones que dejó en el espacio que abrió a la prensa.

¿Cuál es la mayor exigencia que tienen los realizadores a la hora de hacer contenidos para plataformas digitales?
No hay mejor momento que el actual para los proveedores de contenido, es una era dorada. He estado en la industria por 25 años y nunca había visto tanto apetito por contenido por tanta competencia. Eventualmente todo se morirá y todos se canibalizarán, compañías se tragarán a otras compañías, pero mientras tanto, si tengo una idea para una película hispana, puedo hacerla en grande porque hay muchos compradores. Tal vez debas adaptarla al formato, pero la narrativa es imperecedera y universal.

¿Qué mensaje le entregaría a un joven que hoy en día está haciendo un corto con un celular?
Hay que practicar. Yo comencé así. Ahora me ves haciendo películas de gran presupuesto pero comencé con el equivalente de un teléfono; una cámara de video muy básica. Tuve la oportunidad de aprender narrativa, que es algo que puede inspirar; una gran historia inspira a cualquier sin importar con qué dispositivo se cuente. Ahora los teléfonos tienen cámaras impresionantes y es difícil determinar con qué fueron hechas ciertas imágenes. Un chico con una buena historia puede contar algo mejor que quien tiene una gran máquina y presupuesto.  

Mi mensaje es que acepten tener menos y hacer más con menos. De eso se trata un festival como Smart Films: tomar un teléfono y hacer una película con él. Quiero reafirmar que en películas como El mariachi (1992), la narrativa es la clave y no necesitas tener un gran presupuesto o producción para contar una historia. Así quiero inspirar a los jóvenes a seguir haciendo lo que están haciendo.  

¿Hay algún tipo de experiencia de vida que ayude a generar una mejor narrativa?
Cualquiera te da una historia para contar. Entre más vivas, más historias puedes contar. La película que mostré hoy, Red 11 (2019), tiene una de mis primeras historias, que experimenté incluso antes de El mariachi (1992); era sobre el hospital de investigaciones al que fui para prestarme a experimentos y así pagar El mariachi. Fue gratificante oír que la gente se riera de cosas que de verdad me pasaron. Pensé que era muy extraño en ese entonces, pero sentir que la gente la disfrutaba me reafirmó que esa anécdota de vida era una gran historia, que es algo que puedes encontrar en todos lados. No hay que vivir una vida al límite para contar una historia, tan solo vivir e inspirarse en lo trágico que sucede alrededor. 

El uso de celulares también va de la mano del uso de redes sociales y sus nuevas opciones narrativas, más cortas y efímeras. ¿Cree que el cine, o su cine, se verá contagiado de estos formatos instantáneos?
Los largometrajes siguen siendo fuertes, aún me sorprende que a la gente le gusten las películas largas y que las vean como espectadores pasivos. El tipo de usuario de las redes sociales es más activo, hace algo y desaparece. Aún creo que a la gente le gusta sentarse alrededor del fuego a oír una buena historia y eso es lo que hace que los largometrajes se mantengan, más de lo que yo hubiera esperado. Ahora hay más formas de contar una historia, pero el formato largo sigue teniendo una gran vida y legado. Hago todo tipo de historias y proyectos experimentales para todo tipo de formatos, VR, cortos, porque es una gran forma de pulir habilidades narrativas. 

¿Cómo se logra el mejor equilibrio de bajos recursos y alta creatividad?
Los recursos son sencillamente tu cerebro. Alguien podría quejarse porque solo tiene un presupuesto de 7000 dólares y no tener equipo de trabajo, pero para mí eso es todo lo necesario. El estado mental es muy importante, saber que no se necesita mucho para arrancar, sino comenzar metiéndole creatividad a un proyecto para que crezca de la mano de la inspiración. Es algo acumulativo, no lo vas a resolver de antemano sino al trabajar, al hacer. La gente cree que debe estar inspirada de entrada y ahí sí pueden empezar, pero yo lo veo al revés: comienzas y luego te inspiras. Para eso no necesitas dinero, solo creatividad y energía positiva. Uno de tus grandes obstáculos es cómo piensas, más que el dinero o los recursos. Solo necesitas la actitud correcta y la confianza en el proceso creativo. 

¿Cómo ha logrado convencer a actores taquilleros y costosos como Antonio Banderas, Mickey Rourke o Bruce Willis de trabajar con sus presupuestos?
Tengo una forma muy única, creativa y rápida de trabajar. Cualquier persona en mi situación iría donde un actor, les diría que tiene poco dinero, que tienen que trabajar en un lugar muy caliente de Texas, y seguro les dirían que no. Pero cuando abordo a alguno de esos actores les digo que creo en la libertad creativa; que tengo mi propio estudio así que no hay que lidiar con productores o ejecutivos; que les voy a dar un papel que nunca jamás les darán; que les voy a permitir tomar riesgos y hacer cosas que nunca han hecho; que hago películas inspiradoras que la gente ama ver; que será divertido; y que tan solo necesitaré cinco días de trabajo donde no tengo mucho para pagarles frente a lo que normalmente ganan pero les pagaré bien. Así dicen que sí. Depende mucho de cómo los abordes. Robert de Niro aparece en todo Machete (2010) que es una película de bajo presupuesto; es el villano, pero grabé todas sus escenas en tan solo cuatro días porque sabía cómo la iba a editar y filmar. A él le encantó porque solo se tenía que concentrar en su personaje en esos días y podía ser más creativo.

¿Cuál es su impresión sobre el florecer latino en Hollywood, en el que de alguna forma usted fue pionero?
Es interesante que lo catalogues como un “florecer” porque para mí lleva mucho más tiempo. Cuando comencé era difícil convencer a un productor de hacer una película como Spy Kids (2001)me preguntaban, "¿por qué usas una familia latina? ¿Por qué no puede ser americana?" Y yo les decía "¡son americanos! ¡Son hispanos americanos!" Pero ellos nunca habían visto eso en una película. Por eso proyectos como Spy Kids, Desperado (1995), El mariachi (1992) o Del crepúsculo al amanecer (1996) ayudaron a que los latinos fueran contratados como latinos en películas. Eso no se veía antes. La industria sí ha cambiado en los últimos 25 años y definitivamente hay más cineastas detrás de cámaras creando esos roles con imágenes auténticas y positivas, pero aún son pocos. La diferencia entre acá y Hollywood es tremenda, conozco muchos directores suramericanos que se sorprenden por las diferencias de actitud o la poca visibilidad mediática que hay en Estados Unidos; por eso siempre he sentido que parte de mi misión es cambiar eso allá, porque al haber latinos por todos lados se necesita una mejor imagen de ellos.

Trabajó con sus hijos en su última película, The Limit. ¿Qué fue lo mejor de eso?
Aprendí que crear una historia para la gente es como ir moldeando la vida. En la vida haces planes, se caen, y luego mejoran por la creatividad. En la película que acabo de terminar eso inspiró a todo el equipo y elenco. Guiar a otros hace que el trabajo sea más emocionante para mí, me hace sentir que hay un propósito, no solo de contar las historias para mí sino para otros. Eso me da ánimos para seguir dirigiendo al menos diez años más. 

Uno de sus proyectos es la película 100 Years, protagonizada por John Malkovich, que se lanzará en el año 2115. ¿Cómo surgió la idea y por qué postergar su estreno tanto que dos o tres generaciones no verán la película?
Una botella de coñac Louis XIII toma cien años en hacerse. La idea era hacer arte que tomara cien años en poder ser disfrutado, así que se embotella hoy pero no se puede tomar hasta dentro de cien años. Quería hacer algo así con una película. Desafortunadamente es mi mejor trabajo pero no habrá nadie para verla. Ya tengo boletas metálicas para que mis descendientes puedan verla. Tal vez mi clon podrá ir si no está defectuoso. Fue algo muy divertido de hacer. Tengo un primer corte, y cuando la gente me pregunta si la puede ver, les digo que no quiero que nadie la vea. Me gusta la idea de que haya cosas que no se puedan ver por mucho tiempo. Lo que sí puedo decir es que John lo hace muy bien.

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