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'Midsommar': las pesadillas también pasan al medio día

Lo terrorífico no es el monstruo que acecha nuestros sueños o la bestia infernal que habita bajo la cama, sino la existencia misma.
Midsommar
Midsommar
Por
Edgar Medrano

Es normal asumir que el sol está relacionado con pasarla sabroso. Playa o piscina con pola en mano, sandalias, pantalón corto y buena compañía. Nada malo puede pasar, el sol funciona como relajante y para recargar energías, un escape a las rutinas del día a día, donde solo hay espacio para risas y un buen parche. Así, la noche se relaciona directamente con lo desconocido, el miedo y las pesadillas.

Por Édgar Medrano // @TheMedra 

Bueno, al menos así es para nosotros, excepto para Ari Aster y su nuevo título, Midsommar, donde el dolor, los rituales oscuros y las pesadillas también tienen lugar a plena la luz del día. De hecho, no hay otro lugar, porque el sol nunca se va, lo cual obsesiona a sus personajes por su incapacidad para sentir el paso del tiempo y cómo esto afecta su comprensión de la vida y cómo lidiar la muerte.

De esta manera, lo terrorífico no es el monstruo que acecha nuestros sueños o la bestia infernal que habita bajo la cama, sino la existencia misma. Vivir es una experiencia de miedo y la Humanidad no ha hecho más sino engañarse a sí misma creyendo que la puede controlar, que la puede conocer. Siguiendo este engaño, ha estudiado todo lo vivo mediante la ciencia y tecnología en un intento de explicarlo todo. La película revela que ésta es una ficción de lo más ridícula, y por ello lo inexplicable nos pone los pelos de punta. En consecuencia, la muerte es uno de los temores más comunes entre la gente, y ésta no tiene hora definida en el día. Lo peor es que no la entendemos y jamás podremos hacerlo.

Lo más “videoso” de todo es que esta situación es de lo más común, pasa a diario y el director sabe explotar la perversión que se oculta tras estas tragedias diarias, para convertir esta desintegración de la vida en un momento extraordinario. Para lograrlo, nos presenta a Dani, quien está en duelo por la muerte de toda su familia, en este momento, Christian, su novio, es su único apoyo. La cuestión es que él iba a terminarle a Dani, y pues obvio, ya no puede.

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Aster maneja la narrativa de Dani de manera persuasiva, ya que aún estando en una relación, ella está terriblemente sola, de hecho, prefiere llorar en solitario que confiarle sus sentimientos a Christian, situación que contrasta con la camaradería que él tiene con sus amigos. De hecho, por cuestiones dadas dentro de estas amistades, llevan su relación agonizante de viaje a una villa al norte de Suecia, lugar donde se realizan celebraciones tradicionales de verano. Al llegar, más que una villa, es una comunidad, todos vestidos de blanco y coronas de flores- Bastante idílica la vaina, hasta que nos enteramos de que el evento incluye nueve días de rituales.

La comunidad se divide en grupos por edad, cada uno en segmentos de 18 años. Entonces primavera es desde el nacimiento hasta los 18 años, verano es de los 18 a los 36 años, otoño de los 36 a los 54 años e invierno de los 54 a los 72 años. Todos los roles dentro de la comunidad dependen del grupo al que pertenecen, hasta el lugar donde duermen depende de ello. Todo es tan ordenado y paradisiaco que el público olvida que está viendo una peli de terror, vemos a un grupo de gente viviendo feliz y satisfecha, hasta que ella misma nos demuestra (de frente) que la vida y la muerte están llenas de violencia.

Esta violencia llega de golpe en el momento en que inician los rituales, que resultan ser paganos, que chocan con los extraños recién llegados y sus intentos de lidiar con lo que están viendo. Algunos intentan analizar o huir; otros, al final, simplemente se rinden. De este modo, Midsommar plantea una realidad donde la muerte es aceptada, bienvenida, incluso ritualizada y es tan tétrica que llega a insinuar que esas muertes son mejores que nuestra realidad, donde es la muerte es desagradable e indeseable.

Al plantearlo así, es casi inhumano, tal vez este es el logro del director, quien logra demostrar lo brutal en sucesos que la gran mayoría considera bellos, como el nacer, y al mismo tiempo señala lo tenebroso que puede ser celebrar un fenómeno tan común como la muerte, pero que aún sin celebrarlo también es un hecho que nos hace helar la sangre. Así, este título nos dice que es imposible escapar a lo cruel de la existencia, no hay un rincón oscuro para esconderse. Lo mejor que pueden hacer es mirarlo directamente a los ojos y sonreír a través de su crueldad.

Lo peor es que Dani nos muestra cómo cada ser humano tendrá que lidiar con estas situaciones: solo. No importa que estén en una relación o tengan amigos, cuando llegue el momento no importa quien los acompañe, seguramente solo se valdrán de sí mismos para sortear la situación y el hecho de saberlo, seguramente les  dejará un vacío en el estómago, que no necesitó una puerta que chilla mientras se abre a media noche.

 

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