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Triple Frontera: la película de Ben Affleck filmada en Colombia

La nueva producción de Netflix fue rodada en Soacha, al sur de Bogotá
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Por
Julián Ramírez

Un puñado de ex-militares estadounidenses viajan a un país latinoamericano para enfrentar a un poderoso narcotraficante y hacer justicia con sus propias manos. Este parece el planteamiento de una película de acción de bajo presupuesto y un guion torpe que solo busca justificar tiroteos, pero Triple Frontera es mucho más que eso.

Por: Julián Ramírez // @Sir_Laguna

Este filme nace de la pluma y la cámara de J.C. Chandor, un cineasta que ha demostrado con trabajos como El precio de la codicia y El año más violento que es capaz de mirar el lado más feo del ser humano sin juzgarlo. El mundo no se ve en blanco y negro, hay tonalidades de gris en todo lo que hacemos.

En esta ocasión gira su mirada hacia las fuerzas militares de Estados Unidos, un grupo que, dependiendo a quien preguntes, está formado de héroes valerosos o de criminales al servicio del imperialismo. Es curioso que para poder analizar a estos personajes tenga que recurrir a algunos de los clichés más sobreutilizados sobre Colombia.

No hay forma de esconder la verdad. Nuestro país estuvo muchos años sumergido en una terrible guerra contra las drogas que salpicó a todos los aspectos de la nación. No hemos salido del todo del problema del narcotráfico, pero se puede argumentar que lo peor ya pasó. A pesar de esto, la imagen de Pablo Escobar, el cartel de Cali y los grandes capos dejaron una mancha que parece ser indeleble sobre el nombre de Colombia.

Cuando Colombia es mencionada en cualquier obra de la cultura popular internacional, rara vez se aleja de estos temas de narcotráfico y violencia. Este es el caso de Triple Frontera, donde los escenarios de nuestro país son completamente definidos por las drogas y el crimen.

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Oscar Isaac interpreta a Santiago "Pope" García, un ex-miembro de las fuerzas especiales estadounidenses que sirve de consejero a la policía colombiana en su lucha contra el cartel de la droga del poderoso capo Gabriel Lorea. Cuando recibe información sobre el lugar donde Lorea guarda todo su dinero, decide no reportarlo al gobierno colombiano. En su lugar, recurre a sus viejos compañeros militares para quedarse con el dinero para sí mismos.

El resto del equipo es interpretado por Ben Affleck, Charlie Hunnam, Pedro Pascal y Garret Hedlund. A pesar de ser hombres increíblemente hábiles, con un entrenamiento militar que los convierte en soldados perfectos, se han convertido en personas con dificultades para asumir el día a día. Los problemas de drogas, control de la ira, dificultades económicas y un deseo secreto de volver a la vida militar les animan a aceptar la propuesta de Pope.

Inicialmente, Triple Frontera parece una película ‘de robos’ al estilo de La gran estafa. El plan es infiltrarse en una casa en medio de la jungla de Lorea, sacar la mayor cantidad posible de dinero y acabar con la vida del capo. Obviamente, las cosas no salen exactamente como esperan.

Este punto, que en otras películas sería el clímax, marca apenas la mitad de esta aventura. De aquí en adelante, la acción pasa a un segundo plano para que la historia se enfoque en los personajes. Ya habíamos visto cómo las personalidades de algunos de ellos iban cambiando a medida que se acercaban al dinero. Ahora, con millones de dólares en su poder, revelan los aspectos más negativos de sus personalidades y la forma en que una vida ‘sirviendo a su país’ mediante asesinatos y acciones de dudosa legalidad les ha afectado.

Eso sí, los momentos de acción no se quedan atrás. La película comienza con un emocionante tiroteo entre la policía y el cartel — una escena que fue grabada en Soacha — y la infiltración en la casa del capo es bastante intensa, aunque está marcada por el hecho de que en el fondo se escucha un partido de la Selección Colombia a todo volumen. Probablemente el momento más impactante es en el que los protagonistas deben cruzar los Andes a bordo de un helicóptero. De verdad pone a la audiencia al borde del asiento.

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Como pueden darse cuenta, a pesar del enfoque dramático, los fanáticos de los disparos y las emociones van a encontrar mucho que disfrutar aquí, a menos que esperen una película de acción sin parar. Triple Frontera da más importancia a los momentos de calma y a los diálogos que a las balas.

Todos estos momentos están acompañados por las excelentes composiciones musicales de Disasterpeace, que encajan muy bien no solo con la acción, sino con los hermosos escenarios colombianos (y hawaianos pretendiendo ser colombianos) en los que esta se desarrolla.

Eso sí, como ya se dijo en un comienzo, es una lástima que estos estén completamente marcados por el narcotráfico. Un valle aparentemente tranquilo no está completo sin una plantación de coca, las calles de Soacha están llenas de criminales y la jungla se convierte en un resguardo para un capo de la droga. La zona en que supuestamente se desarrolla el filme, donde chocan las fronteras de Colombia con Brasil y Perú, no está indemne de este flagelo en la realidad. Por la amazonía pasaron (o pasan) importantes rutas del narcotráfico.

Sí, es una realidad. Pero duele un poco ver que todas las obras que mencionan a nuestro país lo hagan precisamente por esto. El cine, que ha moldeado la opinión de los espectadores desde que existe, sigue vendiendo la idea de un país retrógrado y ajeno a la tecnología donde la criminalidad es la ley. ¿Quién puede olvidar cómo El Señor y la Señora Smith mostraba a Bogotá como un poblado pequeño en medio de las montañas? Mejor ni hablar de la representación que tenemos Peligro Inminente, Daño colateral, Prueba de vida o nuestra triste tradición de películas descritas como ‘porno-miseria’.

Triple Frontera ayuda a perpetuar esta triste imagen, pero aparte de eso es una muy buena película en la que esos temas, que a veces nos molestan tanto, no son más que el telón de fondo para una trágica pero emocionante historia sobre unos hombres desechos por la guerra que tratan de salirse con la suya por una vez en la vida.

 

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