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V de Venganza: ¿Qué nos enseñó de protestas, marchas y paros?

Un clásico sobre el poder de la gente.
V de Vendetta.
V de Vendetta.
Por
Julián Ramírez

A comienzos de la década de los ochenta, Alan Moore y David Lloyd se sentían frustrados con el gobierno conservador de Margaret Thatcher. Imaginaron cómo sería de horrible un futuro en el que un gobierno fascista de ultra-derecha —a sus ojos, la evolución obvia del thatcherismo— tomara control del Reino Unido e idearon un personaje capaz de enfrentarlo mientras el resto de la población callaba asustada.

Por: Julián Ramírez // @Sir_Laguna

Así nació V, protagonista del popular cómic V de Venganza que se publicó entre 1983 y 1989. Durante todo ese tiempo, ‘Maggie’ continuó en el cargo de Primera Ministra. Aunque el reino no se volcó hacia el fascismo, sus políticas económicas y laborales con tendencia neoliberal castigaron fuertemente a las clases sociales más pobres.

V de Venganza se desarrolla en un futuro distópico. Un partido político fascista se ha atornillado en el poder. Controla todas las ramas del gobierno y los medios de comunicación mientras somete al pueblo con medidas autoritarias implementadas “para su propio beneficio”. Todo cambia con la aparición de V, un misterioso hombre con una máscara de Guy Fawkes que con un ataque “terrorista” comienza a mostrarle a los habitantes del Reino Unido que es su deber enfrentar el régimen que los agobia. Sin embargo, V claramente no es un héroe. Él es un anarquista radical y muchas de sus acciones rayan en la villanía.

La popularidad de esta historia se disparó en 2006 con el estreno de su adaptación cinematográfica. Esta versión, escrita por las hermanas Wachowski (Matrix), abandona muchas de las ambigüedades sobre la moralidad de V. Aunque sigue siendo claro que él no está ‘del todo bien’, no dudamos de los objetivos de su lucha. Es más, nos sentimos inspirados por este personaje y su ideología.

¿Cuál es esa ideología? Que la gente no debe temer a su gobierno, son los gobiernos los que deben temer a su gente. Para V, las personas han olvidado que los gobernantes son sus empleados y son ellos quienes deben responder ante nosotros, no al revés.

La gente se ha vuelto complaciente. Temen alterar el orden, aman la rutina y lo familiar. Les aterra el cambio. Esto ha permitido que hombres malvados y corruptos guíen el destino del país hacia sus propios y egoístas propósitos, imponiendo en los demás creencias que ponen a un tipo de personas sobre otras y convirtiendo a los demás—pobres, homosexuales, mujeres, personas de otras razas— en ciudadanos de segunda.

Hay algo terriblemente mal con este gobierno.

¿Les suena familiar esto? Es porque se puede aplicar a nuestro gobierno, al gobierno de Estados Unidos, al de Brasil, Venezuela, China y, dolorosamente, cientos más. Lo peor de todo es que, tal como indica V, los culpables somos nosotros mismos.

Nos dejamos asustar. Nos creímos los cuentos de ‘la ideología de género’, de ‘regalarle el país a las FARC’, la ‘invasión de migrantes venezolanos’ y el ‘socialismo del siglo XXI’ y de esa forma le permitimos a unos cuantos hacer con Colombia lo que les diera la gana en beneficio de sus bolsillos y sus aliados. Permitimos que la corrupción se desatara, arruinaran el sistema de salud y perjudicaran la educación. Es lo mismo que ocurrió en el mundo de V de Venganza. La gente votó por aquellos que dijeron ser los únicos capaces de salvarlos de los virus asesinos y la hecatombe nuclear, solo tenían que pagar renunciado a sus derechos.

La imagen de V inspiró muchos movimientos globales. La gente comenzó a llevar su máscara y frases a protestas masivas. Se convirtió en la representación de ‘Anonymous’, un grupo internacional de ‘hackers’ que durante un buen tiempo realizaron grandiosas actividades de activismo político (aunque eventualmente se convirtieron en un colectivo con acciones bastante cuestionables).

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V de Venganza es un llamado a la revolución y ésta finalmente ha llegado a Colombia.

En las recientes semanas hemos visto con asombro un movimiento nacional de marchas y protestas como nunca se había visto en el país. Colombia tiene mala fama de ser pasivo y conformista. Aquí, los paros rara vez duran más de un día y el gobierno está confiado en que las razones que los llevaron a protestar sean olvidadas en medio de los chismes de farándula y partidos de fútbol. En la película vemos como, cuando el descontento popular comienza a subir, los noticieros aumentan el número de noticias sobre sucesos terribles “para que el público recuerde por qué se tiene que someter a su gobierno”. Igual que en el filme, en nuestro país el abuso de poder policial causó la muerte de una persona que solo quería expresar su descontento con la situación, escalando más las cosas.

Las razones para protestar en Colombia son muchas: tenemos un terrible sistema de salud, quieren reducir el dinero de la educación, van a implementar políticas laborales y pensionales que van a perjudicar a los más necesitados, el ESMAD comete abusos cada vez que sale a la calle y los congresistas ganan decenas de millones de pesos aunque no hagan su trabajo. Lo verdaderamente sorprendente es que nos hayamos demorado tanto en despertar.

El objetivo de V en la película y el cómic es volar el edificio del parlamento. Esto es una referencia al verdadero Guy Fawkes, que en 1605 intentó hacer lo mismo y asesinar al Rey James para instaurar un gobierno católico en su lugar. 

V sabe que esta acción por sí sola no va a causar ningún cambio en el mundo. Incluso podría hacerlo peor. Pero él conoce el poder de los símbolos. Esto no es un acto de destrucción, es un llamado a la protesta que le dice a la gente que un cambio es posible. Algo que nunca se había hecho antes ahora puede ser real. Los londinenses acuden en masa al evento sin temor a la represión. Igual que aquí, en Chile, Hong Kong y el resto de lugares en el mundo donde hay protestas, los manifestantes sabemos que las fuerzas policiales nos puede lastimar, incluso matar, pero no tenemos opción. No podemos dejar que el miedo se apodere de nuevo de nosotros. Es el gobierno el que nos tiene que temer.

En V de Venganza, cuando se acerca el momento en que los manifestantes se van a encontrar frente a frente con las fuerzas armadas, hay pánico en los espectadores. Pero no hay violencia. Sin un gobierno indolente que dé la orden de disparar, las masas cruzan las líneas de armas sin muertos ni heridos. No tengo que decir cómo aplicar esto a nuestro país, ¿cierto?

Cuando vi por primera vez este filme, hace más de 13 años, me sentí inspirado. Sé que algunos pensarán que es infantil o ridículo que una ‘simple película de superhéroes’ me haya llevado a ser políticamente más activo. Pero el arte no es más que un reflejo de la realidad. Desde entonces, estuve soñando con el momento en que mi país siguiera el ejemplo de V y saliera a protestar contra las injusticias que vemos todos los días y de las que el gobierno es cómplice.

Hoy me siento orgulloso. No sé si habrá algún cambio, pero por fin veo que estamos luchando de verdad por lograrlo.V también se sentiría orgulloso.

 

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