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¿Y es que acaso las mujeres no se tocan? El placer femenino en el cine y la TV

La masturbación femenina es minimizada y mal representada en el cine y la televisión. Pero esto está cambiando.
Aimee Sex Education Masturbación Femenina
Aimee Sex Education Masturbación Femenina
Por
Redacción Shock

Desde 1995 mayo es considerado el mes de la masturbación, festividad creada por una tienda de juguetes sexuales de San Francisco en honor a la doctora Jocelyn Elders. En 1994, Elders propuso que se incluyera información sobre la masturbación en las clases de educación sexual y por eso fue despedida de su trabajo. 

Por: Vanessa Velásquez Mayorga // @vanessavm__

En conmemoración a este mes internet está lleno de listados sobre momentos célebres del onanismo en el cine. Sin embargo vale resaltar la falta de escenas donde son las mujeres las que se masturban y llegan al orgasmo, en comparación con la cantidad de escenas en la que son hombres quienes se están haciendo la paja. La falta de representación del placer femenino es algo que debe ser problematizado: ¿Es que acaso las mujeres no nos tocamos? ¿Por qué son tan escasas las representaciones de pajas femeninas en lo audiovisual? ¿Qué hay de malo con las pocas que existen? ¿Cuáles pueden ser destacadas y por qué?

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Aunque mostrar la mastrubación femenina en el cine y la televisión pareciera ser tabú, hay una rama de la industria audiovisual en la que es fundamental: en el porno. En estas producciones el acto masturbatorio parece ser imprescindible, un elemento que no puede pasarse por alto al momento de tener alguna relación sexual. En el porno las actrices se masturban antes de ser penetradas, es casi que un requisito antes de que el hombre entre en acción. Un calentamiento, si se quiere, para estar lista para la penetración. Incluso cuando es una relación sexual entre dos o más mujeres, el porno suele mostrar a las actrices dobladas de placer, tocándose de maneras inverosímiles y que prenden, específicamente, a un público masculino. 

El cine comercial suele seguir este tipo de narrativas ante la masturbación de las mujeres. En las pocas veces que incluyen escenas en las que una mujer se toca pueden pasar dos cosas: o la protagonista de la paja se la hace para seducir a un hombre, o la escena es mostrada desde un male gaze que, de nuevo, cae en falacias e inverosimilitudes. Sobre todo, son escenas en las que las mujeres se masturban con cualquier propósito distinto al de su propio placer.

Tomemos como ejemplo una de las escenas de pajas femeninas más recordadas por la gente: la de Nina, interpretada por Natalie Portman, en El cisne negro. Nina se hace una paja que no dura más de un minuto y medio y que termina abruptamente cuando se da cuenta que su madre está en la misma habitación, dando paso a un sentimiento que también tiende a acompañar toda noción de placer femenino: la vergüenza y la culpa. 

Son estos sentimientos, vergüenza y culpa, los que han fomentado la invisibilización de la masturbación femenina en el cine y la televisión. Por mucho tiempo se ha promovido la idea de que la masturbación es un acto privado, relegado exclusivamente a la habitación y ojalá parte del preámbulo de una relación sexual de la que sea parte un hombre. O que le genere placer a un hombre. 

Tomemos como ejemplo otra escena erótica muy destacada e igualmente criticada. En La vida de Adele el director Abdellatif Kechiche presenta una escena sexual de siete minutos entre Léa Seydoux y Adèle Exarchopoulos. Esta película y escena son importantes puesto que fue el filme que abrió la puerta a la representación explícita de las relaciones entre mujeres, sin embargo, hay quienes la tildan de demasiado explícita, sobre todo en el enfoque y encuadre de la infame escena de siete minutos. Las actrices se tocan y tocan a la otra, se besan, lamen, muerden, restriegan en una secuencia que parece sacada de la fantasía de cualquier hombre. La percepción solo se ahonda al leer las entrevistas que han dado las actrices. Por ejemplo, en entrevista con The Independent al ser preguntarle si se preocupaba por estar interpretando una fantasía masculina, Lea Seydoux contestó que “Sí. Claro que fue humillante algunas veces, me sentía como una prostituta. (...) Estaban grabando a tres cámaras, y cuando tienes que fingir un orgasmo durante seis horas… no puedo decir que no fue nada”.

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Esta falta de representación está cambiando, entre muchas razones, gracias a las voces de actrices, productoras y guionistas que cada vez tienen más agencia en las decisiones concernientes a este tipo de escenas. También se le puede atribuir a audiencias más conectadas y vocales que problematizan estas malas representaciones. Con el tiempo se han alzado voces en contra de estas representaciones de pajas femeninas que son o hipersexualizadas, exageradas y construidas (pareciera siempre) desde la mente de un hombre y para su placer. Hemos visto, por ejemplo, películas como La forma del agua en donde las pajas son parte de la rutina diaria de la protagonista, como lo es en la rutina diaria de millones de mujeres. Tocarse en la ducha con la única intención de sentir rico y venirse es algo completamente normal y que se aplaude que sea mostrado así, con la misma naturalidad con la que se pone a hervir un huevo. 

Estas representaciones acertadas también se dan cuando hay una mujer detrás del guión, la dirección o la producción de la obra. También cuando a las actrices se les permite hacer parte de la construcción de sus personajes. En The Deuce, serie en la que Maggie Gyllenhaal interpreta a una trabajadora sexual (y de la cual también es productora), hay una escena en la que Candy (el personaje de Maggie) se hace una paja porque su cita la dejó insatisfecha. En entrevista con The Hollywood Reporter Gyllenhaal cuenta que esa escena no hubiera existido de no ser por la presión que ejerció. Primero, al sugerírsela al director: “Le dije a David Simon, el hombre que dirige el programa, ‘creo que necesitas ver un orgasmo femenino real para mostrar el contraste y para mostrar que [los orgasmos fingidos] son performativos’. Luego él escribió una escena en la que mi personaje se acuesta con alguien con quien realmente quiere acostarse. Él no la hace venir, entonces ella se voltea y se hace una paja. Yo pensaba ‘este debe ser el orgasmo más real del mundo. Tiene que ser uno de esos que dura 30 segundos, que es muy silencioso, que tiene que ver solo con ella’”. Sin embargo, luego cuenta que el director no incluyó esa escena en el corte, y que le escribió un correo larguísimo defendiendo la importancia de incluir la escena, que finalmente salió al aire.

También tenemos el ejemplo de Fleabag, una serie imperdible y en la que en el primer capítulo vemos a la protagonista haciéndose la paja mientras ve un discurso de Obama y su pareja duerme a su lado. Sobre esa escena, que se ha tatuado en la mente de tantos por su naturalidad, Phoebe Waller-Bridge dice en entrevista para Rolling Stone que “originalmente ella estaba buscando algo para distraerse del mal polvo que tuvo, y prende las noticias y, bueno… es Obama, ¿puedes culparla?”. Entre los muchos atributos positivos que tiene una serie como Fleabag, cabe resaltar que es una serie que sabe representar que el deseo femenino es algo natural que puede mostrarse sin pantomimas, que puede llegar durante un discurso de Obama, en el sermón de un sacerdote, en un retiro espiritual. 

Ejemplos contemporáneos que han tratado de reponer ese oscurantismo de las viejas producciones populares son muchos. En Booksmart las protagonistas tienen una conversación honesta y sin tapujos sobre cómo se masturban con peluches; Sex Education le dedica varias escenas a personajes como Lily o Aimee, que exploran su cuerpo en busca de lo que les genera placer; En Elle el personaje de Isabelle Hupert, una mujer de mediana edad, se hace una paja viendo a su vecino sexy; Issa, de Insecure, desesperada por encontrar baterías nuevas para su vibrador. 

La sexualidad femenina y la búsqueda del placer siguen minimizados en pantalla, pero de a poco se van viendo más. Es importante que la representación de este acto sea cada vez más acertada, en principio para que las mujeres se puedan sacudir el tabú que hay sobre el tema y entiendan que la masturbación es un acto tan normal que merece ser visto en pantalla. También es importante que estas representaciones pierdan el enfoque masculino, el male gaze que nos ha vendido que si soy mujer y me masturbo, debe ser en función de el hombre que me mira y me desea. Las pajas femeninas no son chistosas, ni misteriosas, ni secretas, y mejorar la representación en las pantallas puede traer una reconciliación de las mujeres con nuestros cuerpos y que se nos quite de encima una venda, que se nos permita disfrutar de nosotras mismas y hablarlo en voz alta. Cuando históricamente los cuerpos de las mujeres han sido silenciados y entregados a la voluntad del placer masculino, la representación de estos actos es importantísima. 

 

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