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Payambó se va de gira por Europa con la bendición de los abuelos de la cumbia

Por
Fabián Páez

Un proyecto de folclor colombiano convertido en rock, hecho por músicos bogotanos estudiosos de nuestra tradición sonora, está a punto de empezar su primera travesía europea que rematarán con un Shock Presenta en el Julio Mario Santodomingo. ¿Por qué se expande la música local fuera de nuestro territorio? Hablamos con Payambó sobre las redes de colaboración entre artistas y sobre la nueva movida de lo tradicional.

Por Fabián Páez López @Davidchaka

El 11 de julio la banda bogotana Payambó arranca una larga gira por Europa, que terminará con un Shock Presenta en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo en Bogotá, el 24 de agosto, para celebrar sus ocho años de carrera. Será la segunda vez que pisen suelo extranjero, luego del lanzamiento de su primer LP, Payambó (2016), que los llevó a tierras aztecas en el ‘Tour del Indio Blanco’. Ahora las puertas se les abrieron porque, además de la contundencia de su propuesta, coincidieron muchas cosas: el extendido boom de nuestra música tradicional, las redes entre músicos independientes y la bendición de los mayores.

Una cadena de sucesos que se confirma con la historia del día que compartieron escenario con los mismísimos Gaiteros de San Jacinto. "Cuando llegamos de México nos llamaron los gaiteros de San Jacinto para abrirles su única fecha en Bogotá, celebrando las fiestas novembrinas de Cartagena. Estábamos aculillados. Con Juan ‘Chuchita’ al frente y toda la nómina. Qué responsabilidad. En el show nos fue una chimba y cuando nos bajamos de la tarima yo le pregunté a Juan ‘Chuchita’: ‘maestro, con todo el respeto, nosotros sentimos un deseo de interpretar y de apropiarnos de estos ritmos, pero lo hacemos con rock, con lo que crecimos en la ciudad’. Y él, con toda la humildad, me dijo: 'hermano, lo que importa en esta vida es hacer lo que a uno lo haga feliz. Y a ustedes se les nota que son felices haciendo lo que hacen. Van por buen camino'. Después de que me dijo esas palabras, hombre, contra viento y marea. Prácticamente los abuelos nos dieron su bendición y acá seguimos. Ya vamos a hacer nuestra segunda gira internacional. La primera a Europa. Vamos a llevar estas músicas a todo el público; a mostrar que Colombia es alegría, es goce, es riqueza, es abundancia", cuenta Cristián vera, guitarrista de la banda. 

Con la bendición de los guardianes, el recorrido que están a punto de hacer habla también de cómo se están acomodando los nuevos proyectos locales en el mapa de la música global. Al tiempo que los festivales de los países que tienen el dominio de las industrias culturales abren cada vez más campo a los colombianos, las bandas independientes, de una forma muy orgánica, están tejiendo una red de colaboración; abriéndole la trocha a los demás y haciendo que nuestra música cruce fronteras como una onda expansiva.

De hecho, nunca en la historia se habían contado tantos proyectos criollos girando por territorio europeo al mismo tiempo. Al viaje que arranca Payambó hay que sumarle varios que ya arrancaron: el Caribefunk, Salsa n Groove, Skampida, La Severa Matacera, Dr. Krápula, Aterciopelados, El Freaky, Colectro, Masilva, Canalón de Timbiquí y Los Meridian Brothers.

Unos viajan a escenarios festivaleros reconocidos. Otros a colonizar circuitos alternativos. Pero la mayoría con el común denominador de la autogestión y la independencia que está tomando una especie de fuerza gremial. Muchos de ellos, como Payambó, también cargan a cuestas el hecho de ser embajadores de las nuevas formas de nuestros géneros vernáculos. En Europa y el mundo está sonando cumbia, porro y música de tambores; la música de nuestras costas y nuestros ancestros; hecha por jóvenes que fusionan el rock o la electrónica.

Hablamos con Cristian Vera y José Cadena, dos de los integrantes que iniciaron con el proyecto Payambó, sobre su viaje, y sobre el tránsito de la música colombiana a otros circuitos.

¿Por dónde va a pasar la gira?

Cristian: Nos vamos de gira el martes 11 de julio. De entrada, vamos a estar en Madrid y Barcelona. Vamos a pasar por Montpellier, donde una banda amiga que conocimos en el Sancocho Fest en Tulua, se llama Que Tengo. Ellos viven allá y tenemos pensado hacer un tema juntos. Vamos a estar en Zúrich y después en el Colombia Festival en Frankfurt, que fue el evento que motivó la gira. Fue por ese show que empezamos a organizar todo. Después de eso pedimos a todos los amigos consejo: a Dr. Krapula, al Caribefunk a los Meridian Brothers y decidimos arrancar. De Frankfurt vamos a Hamburgo y luego a Paris, al Festival Noches Latinas. De parís nos vamos a Viena, a Manheim y luego a Amsterdam, donde se nos dio la oportunidad de tocar en el vondelbunker, que fue construido originalmente como un refugio para bombas en la segunda guerra mundial.  Es algo muy importante para nosotros que siempre hemos tenido un contenido social muy fuerte.

Desde hace años hay un boom afuera con la cumbia y con las reinvenciones de la música tradicional. ¿Por qué en Europa se están interesando tanto por nuestra música y cómo hacer para que no sea una moda y se apague el boom?

Cristián: Uno siempre tiene que estar reinventándose. En eso las giras son importantes. Cuando uno gira siempre adquiere otros elementos. Ahorita el boom no es de la música tradicional, sino de Colombia. De repente el país se está posicionando globalmente a nivel artístico. La gente como que se está dando cuenta que acá hay música, cine, literatura. El boom de Colombia no solo es por el tema artístico, sino también por el social, por la paz, que bien o mal pase o no, está haciendo que el nombre de Colombia figure en todo el planeta. Ahí nosotros somos unos de los embajadores que exponen una realidad que percibimos desde la ciudad, desde la urbe, porque es nuestra herencia.

Cuando a nosotros nos preguntan: ‘¿Ustedes qué tocan?’ Realmente es un sancocho. Intentamos explorar de todo, pero hemos apropiado mucho la música tradicional de la costa atlántica. Nos gusta la música del tambor, sentimos el poder del tambor. Obviamente ninguno de nosotros es afrodescendiente, ni del campo, todos somos citadinos, crecimos escuchando rock. Uno crece con los amigos del barrio escuchando casetes de Led Zeppelin, Janis Joplin, etc. Y nos dimos cuenta que a música de tambores era el rock de ese tiempo, porque era una música de protesta ante la esclavitud, ante la opresión, era música para liberar todo ese dolor del pueblo afrodescendiente.

¿En qué momento decidieron meterse con el folclor?

José: A mí me pasó mucho con mi abuelo. Mi abuelo tenía una estudiantina. A la casa iban a tocar guitarra, tiple y bandola. Desde los cinco años escuchaba bambuco, pasillos, boleros. Y los 24 de diciembre infaltablemente uno escucha los 14 cañonazos y eso. Tuve un momento en el que estuve muy cerrado a la música, pero cuando entré a estudiar música dije que he tenido toda la vida una escuela y no la he aprovechado por escuchar vainas de otro lado. La música de acá es muy buena: usted se pone a ver por ejemplo lo que saca la sinfónica de las obras colombianas y la compara con una obra clásica de Brahms, Bach o Beethoven y es una vaina de ese nivel. Yo me di cuenta un poco tarde, pero uno se apropia.

Cristian: Volvemos a lo de las modas. Uno siempre, bien o mal, está sujeto a unas tendencias por el entorno sociocultural. En el colegio todos mis amigos estaban en la época del punk y me pasaban eso. De repente pasa la tendencia y uno se va transformando. Así mismo pasa cuando uno crece. En nuestro caso, la primera gira de Payambó fue a Cartagena. Allá es pura salsa, cumbia y ritmos del Atlántico. Nosotros absorbimos mucho de esa experiencia porque allá tienen una música de ritual, de poder. Nosotros queremos que cada concierto de Payambó sea una experiencia, un ritual, algo que nos tomamos muy en serio. Empezamos a incursionar en eso y a darnos cuenta del poder de esas músicas que en la adolescencia no nos gustaban. Ahora uno escucha un Rosa que linda eres, en su versión original, cantada por Magín Díaz, y uno dice: ‘hombre, no tendrá la armonía superdensa, ni muchos acordes o muchos colores, pero tiene una simplicidad y una magia en esa simplicidad, que uno se da cuenta que a veces las cosas más simples son las más poderosas’. Un sentimiento que me expresa mucho más que si yo mandara una progresión de acordes complejísima.

¿Cómo fue que empezaron a investigar más la música local, las estructuras, los acordes…?

José vivió su escuela de bambuco en la casa y estudió en la escuela Gentil Montaña, que enseña músicas tradicionales colombianas. En mi caso, con el del percusionista David Peña y el cantante Charlie, estudiamos en la Academia Luis A. Calvo. Allá empezamos ese proceso de estudiar música colombiana y veíamos de todo: músicas andinas, llaneras, del atlántico, del pacifico, insulares. Y el bajista, que viene de escuela jazz, se encarga de poner todo ese color moderno; la baterista también es de escuela jazz, pero su énfasis es música colombiana.

Ha sido un camino de ocho años. Han pasado en promedio unas 20 personas por la banda. Algunas han tomado su camino, pero nos hemos ido encontrando. Por ejemplo, el primer baterista de Payambó es el director del departamento gráfico de Payambó, que es nuestra empresa. Los caminos nos volvieron a juntar y trabajamos de otra forma.

Se armó una red como la que les ayudó a armar la gira

Cristián: Vamos a recorrer unos caminos que otras personas ya se han encargado de abrir. Es algo que quiero agradecer, porque si no es por ellos no hubiéramos podido recorrerlos ahora. Para esta gira, recibimos la noticia del festival en Frankfurt y teníamos dos semanas para responder. Llamé a David Kawook (Dr. Krapula) y él me dijo ‘mándate de una’. Hable con los de Skampida, con Caribefunk, con los de la Severa. Creo que este es el año donde más bandas colombianas están circulando en el exterior. Yo me pongo a ver y todos los amigos están allá. Yo le pregunté a todos y les pedí consejos. Ellos, con toda la humildad del mundo, me ayudaron; encontré mucha cooperación y mucha hospitalidad. Hay mucho de eso de que los artistas tenemos que darle la mano a los demás, porque a la larga somos un gremio. Los amigos lo que hicieron fue tendernos la mano. Nos hablaron de cualquier cantidad de cosas que les han pasado que uno ni se imagina, nos entregaron todo el conocimiento de muchos años en otros territorios.

Yo digo que todo sucedió por pronoia, el universo conspiró a nuestro favor y todos los amigos se alinearon. Nuestro plan era ir a Europa el otro año, cuando nos llamaron al festival de Frankfurt fui escéptico, pero después todo empezó a alinearse. Una amiga en Madrid nos consiguió una camioneta; teníamos un hueco de pasada por Montpellier y allá nos va a dar posada Que Tengo, la banda que conocimos hace poco en Tuluá.

En muchos festivales la música colombiana la agrupan con el término World Music ¿Qué tanto se le debe ese interés de los europeos a esa etiqueta?

Cristián: El world music sucede inevitablemente porque somos una humanidad con muchos años de música detrás.

José: Todos crecimos escuchando un montón de música. Cambiando. Cada año o cada dos años uno estaba escuchando algo diferente. Todos somos una mezcla de todo. En este momento todos somos un revuelto, somos mestizos. De ahí sale ese World Music.

Cristián: Claro, desde que empezaron a aparecer las migraciones y empezó el mestizaje, desde muy lejos en el tiempo, empezó todo. Fíjate toda la revolución que generó Mozart, él era el rockero de su época. Era un tipo controversial con sus composiciones. Yo creo que en su época, a Mozart, algunas personas conservadoras lo verían como ven a un metalero hoy en día.

Esto de las etiquetas es un tema de la sociedad, porque música es música. Ahora casi toda la música que está saliendo de Colombia es World Music: Caribefunk, Puerto Candelaria, Bomba Estéreo y hasta Aterciopelados, que puede caber en rock, pero también es World Music. 

Siento que todo lo que pasa acá se considera World Music porque todos nosotros somos mestizos. Somos la mezcla de muchas razas, el resultado de la historia. y ese mestizaje no solo se ve en nuestras pieles, sino en toda la riqueza musical. A nivel de territorio esto es muy poderoso. Tarde o temprano, toda esta mezcla en un territorio colisionaba.

Nos apropiamos de las músicas tradicionales porque nos apasionó mucho el beat del tambor del atlántico; a pesar de que uno se baila lo que sea, en el Petronio en San Pedro, en San Pelayo. Eso es lo que tenemos los colombianos. Puede uno ser muy metalero, pero le suena un Pastor López y se lo baila. Lo comprobamos en Rock al Parque: el año pasado los organizadores de Rock al Parque le apostaron al Payambó en la tarima ECO de penúltimos. Entre Easy Easy y Caramelos de Cianuro. Éramos la única banda distrital con tambora costeña y tambor alegre. Y todos rolos. Nos tocó salir a darla toda. A la cuarta o quinta canción venía gente corriendo, eso estaba lleno. Esa tarima indica que los públicos están queriendo escuchar cosas nuevas.

Claro, uno va a ver a las bandas con las que creció. Pero mucha gente pasa por la tarima ECO y sale a decir que escucho buenas bandas. ¿Qué nos dimos cuenta después de ver los videos? De punkeros y metaleros tratando de bailar ese mapalé a su estilo. Y pues claro, es que lo tenemos en las venas. La música disuelve las fronteras. Es música pensada para la gente, no de nicho. De repente un día nos interesaremos por algo más. Hoy le cantamos a la igualdad, al mestizaje, a la unidad, a reconstruir la memoria, porque ese es el problema.

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