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A las víctimas de abuso sexual hay que creerles, siempre

¿Por qué les toma tanto tiempo hablar?
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Redacción Shock

Las víctimas de abuso sexual fueron noticia por estos días, gracias al hashtag #WhyIDidntReport, en el que ellas contaron por qué les tomó tanto tiempo denunciar a sus agresores. La polémica se inició gracias a las denuncias de 2 mujeres al juez Brett Kavanaugh, quien está nominado a la Corte Suprema de Estados Unidos. 

Por Paula Ricciulli // @ricciup 

El presidente Trump tuiteó “Si el ataque a la Doctora Ford (Christine Blasey Ford, una de las denunciantes) fue tan malo como ella dice, se hubieran presentado los cargos a las autoridades por ella o sus padres”. Esto motivó a varias víctimas a contar por qué les tomó varios años, incluso décadas, denunciar a sus agresores. 

Entre las famosas que se unieron a contar su experiencia estaban Cara Delevinge y Ashley Judd. 

La actriz y presentadora Padma Lakshmi publicó una carta abierta en el New York Times, en la que confiesa que fue víctima de violación a los 16 años y guardó silencio. 

Sarah Hyland y Busy Philipps también afirmaron haber sido violadas hace varios años, pero prefirieron callarse y por fin contaron su experiencia. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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En 2014, Lady Gaga sorprendió tras confesar que había sido víctima de violación a los 19 años. También es pertinente recordar el poderoso testimonio de 35 mujeres que en 2015 salieron en la portada de la revista New York para admitir que habían sido víctimas de abuso sexual por parte de Bill Cosby. 

Ante estos testimonios, Donald Trump y muchos más se hacen la pregunta: ¿Por qué esperaron tanto tiempo? ¿Será que no están buscando llamar la atención? ¿Será que provocaron al agresor o le dieron a entender que querían el encuentro sexual? No. 

El abuso sexual suele ser una experiencia traumática a la que todas sus víctimas reaccionan de forma diferente: algunos para sobrellevarlo prefieren bloquear la experiencia y no vuelven a mencionarla hasta muchos años después, según explica la psicóloga clínica Lucrecia Caro, especialista en este tipo de casos. 

“Cuando se trata de niños, el agresor muchas veces lo hace ver como si fuera parte de un juego, y tienen que pasar muchos años para que la víctima se dé cuenta de qué era exactamente lo que sucedía”, dice Lucrecia. “El agresor dice cosas como “esto lo hacen todos los papás, pero es algo íntimo, así que no le cuentes a nadie”. Otras veces manipulan y amenazan a la víctima diciéndole que nunca le van a creer o que si cuenta algo, alguien de su familia sufrirá las consecuencias. Esto empeora cuando el agresor es alguien querido para la víctima, algo que sucede muy frecuentemente”. 

Según Caro, muchas de las víctimas no suelen hablar porque les genera mucha culpa, y el silencio lo empeora. “Entonces sucede algo muy curioso: de niños hablan y no les creen y cuando son adultas, las cuestionan”. 

Esto sumado a otro elemento importante: el poder que tienen muchos de los abusadores, un aspecto en común de las denuncias en el caso de Bill Cosby y el #MeToo. “El poder del agresor silencia y atemoriza”. 

Por eso en estos casos, tantas mujeres quisieron contar su experiencia. “Las víctimas suelen creer que algo anda mal en ellas, por eso les resulta tranquilizador que más personas denuncien: les permite ver que no era su culpa”, opina Caro. 

Pero ¿y las denuncias falsas? ¿No hay personas malintencionadas que quieren acabarle la carrera a alguien e inventan ese tipo de delitos? Varios estudios han concluido que menos del 10% de las denuncias de acoso sexual resultan ser mentira. “Es difícil que alguien haga una acusación así vinculando su sexualidad. Y si lo hace, es una forma de pedir ayuda”. 

A pesar de que es mínimo el porcentaje de personas que inventan que fueron víctimas, seguimos dudando de quienes tienen el valor de denunciar. El abuso sexual es muy chocante (más cuando se trata de figuras públicas), y por eso preferimos justificar a los agresores que aceptar la realidad. Nos imaginamos que los abusadores son monstruos ermitaños, pero suelen ser, en apariencia, personas comunes y corrientes con quienes interactuamos cotidianamente: amables, chistosos, carismáticos y cordiales. Ellos también pueden ser abusadores sexuales. 

Denunciar este tipo de experiencias no es lo mismo que otros delitos. ¿Cuándo uno denuncia un robo le preguntan cómo estaba vestido? El abuso sexual es de los pocos en los que la víctima, además de sufrir una experiencia traumática, es juzgada y cuestionada. Dejemos de poner en duda a quienes quieren hablar. Creerles a las víctimas es el primer paso para que más personas se animen a denunciar y no crean que fueron culpables por ser violadas.

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