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Así es como las selfies han cambiado la percepción de nosotros mismos

¿Del filtro a la cirugía?
Anchiy // Getty Images
Anchiy // Getty Images
Por
Juan Camilo Ospina Deaza

Las redes sociales han cambiado la forma en que nos vemos a nosotros mismos. Hoy en día podemos encontrar una variedad de aplicaciones que nos invitan a hacer modificaciones a nuestra apariencia física, ya sea para desdibujar algunos rastros o destacarlos. Por un lado, Instagram abre ventanas a ideas de belleza más inclusivas, con imágenes virales de imperfecciones que nos inspiran a compartir nuestros granos y estrías. Por otro lado, están los filtros como los de Messenger o Snapchat que permiten que nuestra piel se vea más tersa y nuestro ojos más grandes.  

Por Juan Camilo Ospina 

A pesar de que estas aplicaciones nos parecen divertidas por el grado de creatividad que se refleja en cada filtro, éstas a su vez pueden influir en nuestra autopercepción de maneras mucho más insidiosas. Los médicos incluso han acuñado el término Snapchat Dysmorphia para describir la forma en que los filtros faciales están creando una presión en el individuo, a tal punto que algunos recurren a cirugías plásticas con el fin de verse a sí mismos como en los selfies que han editado para subir alguna red social.

Las selfies ya tienen museo en Los Ángeles

Grace Smith (seudónimo), una mujer entrevistada por la revista Vox, de 28 años, comenzó a usar la aplicación de fotos “Facetune” hace unos años para editar las arrugas de su cara. Las líneas entre sus cejas crearon un efecto de sombra en su frente. Ella pensó que se veía más fresca y bonita en imágenes cuando la sombra era borrada. Muy pronto, las fotos retocadas hicieron que Grace, anhelara "editar" sus arrugas en la vida real. "Si ya tengo una arruga en mi frente [ahora], ¿qué tan malo va a ser cuando tenga 60?" Se preguntó. Grace decidió recurrir al Botox, una inyección local que suaviza las arrugas faciales, para obtener una solución real. Ella recibe las inyecciones en su frente cada nueve meses. Sin embargo, con el tiempo, las arrugas de su frente no fueron suficientes y empezó a intervenir sus labios y su piel, porque según ella “no se veía bonita en la cámara”. Luego de las intervenciones que se ha realizado, ella afirma que por ahora se siente satisfecha porque, en sus palabras, “ya no tengo la sombra".

La dermatóloga de Grace, Noëlle Sherber, expresa que ella es parte de una nueva ola en la cirugía plástica: personas que buscan alterar permanentemente sus rostros, inspirados por fotos retocadas o filtradas por ellos mismos. “Tengo muchos jóvenes como parte de mi trabajo- dijo- La mayoría de las veces, quieren hablar sobre cómo aparecen en sus fotos editadas y están buscando explorar opciones de cómo traducir eso en realidad”.

Sherber, quien dirige una clínica de dermatología y cirugía plástica en Washington D.C. dice que estos pacientes se han acostumbrado a ver sus caras en un estado alterado digitalmente. Desdibujan las imperfecciones, rellenan los labios, enturbian la nariz e iluminan la piel, o incluso van más allá, agrandan los ojos y cambian las proporciones de su rostro. A menudo olvidan que las imágenes en sus teléfonos inteligentes no son realidad, que hay una gran diferencia entre hacer que la nariz o el mentón se vean más pequeños en la cámara y mover los huesos o los tejidos con cirugía. "Algunos de los cambios que están haciendo en sus caras no son alcanzables", agregó. "No podemos hacer eso en la vida real. Y si realmente no se puede hacer que coincida con eso, estarán realmente decepcionados”.

¿Se toman muchas selfies? Pueden tener ‘selfitis', un trastorno real

En otras palabras, las fotos editadas y filtradas crean una realidad alternativa y, junto con ella, expectativas poco realistas sobre cómo debería verse la gente y qué tratamientos cosméticos podrían realizarse para lucir como ellos desean. El término "Snapchat dysmorphia" se deriva del Trastorno Dismórfico Corporal (TDC en sus siglas en español o BDD en inglés), que se caracteriza por la obsesión por los defectos físicos percibidos, incluso aquellos que pueden ser invisibles para los demás. Si bien “Snapchat dysmorphia” no es una condición clínicamente diagnosticable, los médicos argumentan que seguir una cirugía por cambios faciales poco realistas podría contribuir o agravar el TDC.

Según una encuesta de la Academia Estadounidense de Cirugía Plástica Facial y Cirujanos Reconstructivos en 2017, el 55 por ciento de los cirujanos plásticos faciales informaron que consultaron a pacientes que querían cirugías para ayudarlos a verse mejor en selfies, en comparación con el 13 por ciento en 2016.

Aún más inquietante, los selfies que las personas traen a las clínicas, incluso cuando no están editados, pueden ser representaciones inexactas de cómo se ve realmente una persona. Un artículo reciente de JAMA (Revista de la Asociación Médica Americana) señaló que los selfies pueden hacer que la nariz parezca un 30 por ciento más grande. Los médicos afirman que los pacientes que buscan trabajos de nariz basados en selfies deben ser conscientes de esta distorsión. Por otro lado, un estudio realizado en el 2015, con adolescentes, encontró que aquellos que compartían y editaban fotos regularmente en las redes sociales tenían niveles más altos de insatisfacción corporal que aquellos que no lo hacían.

La edad de los teléfonos inteligentes nos ha convertido en fotógrafos prolíficos. Muchas personas eligen girar el lente de la cámara sobre sí mismos, en selfies livestreams a través de Instagram, Facebook o Snapchat. Estas fotos se pueden editar y filtrar fácilmente con una tentadora variedad de herramientas, como Snapseed o Facetune o filtros en Snapchat. Cualquier persona con un teléfono inteligente tiene acceso instantáneo al tipo de retoques que solía reservarse solo para celebridades y modelos. Atrás quedaron los tiempos en que tomarse una fotografía era un evento ritual en el que la familia se reunía para una ocasión excepcional, hoy en día solo basta extender el brazo para tomar una fotografía.

A pesar de la facilidad para tomar fotografías, no podemos culpar solo a la tecnología de la aparición de trastornos como "Snapchat dysmorphia". Por el contrario, este fenómeno es el resultado de que las personas ya han aprendido estándares inalcanzables de belleza propios la sociedad, la tecnología es solo un medio por el cual estos se expresan. Las líneas borrosas entre la fantasía y la realidad de los teléfonos inteligentes, junto con los cambiantes ideales de belleza, están cobrando un precio psíquico en los usuarios. Es fácil confundir a la fotografía como una representación objetiva de la realidad y no como un punto de vista posible entre infinidad de ángulos, tonos de luz, intención de la fotografía, etc. 

Mediante plataformas como Facebook, Instagram y otras redes sociales, ahora no solo las celebridades propagan los estándares de belleza, sino también nuestros amigos, compañeros de clase y de trabajo. Nos cuesta entender que incluso las grandes celebridades no siempre lucen espectacularmente bellas, sino que, como lo dice la modelo Cameron Rusell en su charla en TED, las imágenes de las modelos son un artificio en el que trabaja todo un equipo de profesionales, maquilladores, fotógrafos, editores de imagen, y la misma modelo, para crear una publicidad. Existe una distancia entre la modelo y su imagen.

En general, las aplicaciones de medios sociales, como Snapchat y Facetune, están proporcionando una nueva realidad de belleza para la sociedad actual. Esperamos vernos perfectamente arreglados y filtrados en la vida real de la misma manera que aparecemos en las fotografías. No nos queda más que lidiar con la presión que realiza la sociedad sobre cada uno de nosotros para mantener estándares de belleza inalcanzables.

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