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Bogotá y la rumba gay: una historia de amor y odio LGBTI

La historia de cómo las fiestas y discotecas gay surgieron en Bogotá contra todo prejuicio y persecución.
Foto Getty Images
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Por
Alfred Lord

A Bogotá la conocen como “la nevera”, como la cuna de la gente que no tiene gracia para bailar y es muy seria, como la capital del caos, como el lugar donde transportarse es un martirio. Pero también, por ser la capital, ha sido el centro de concentración no solo de todas las culturas del país, sino de muchas tendencias globales y fenómenos culturales. Y por supuesto, ahí está la fiesta, y en el centro de la fiesta, la gay; y en la médula de la fiesta gay, un espacio de resistencia, tolerancia y respeto para millones de personas históricamente excluidas en Colombia.

Por: Alfred Lord // @AlfredLord

Entre los años 80 y 90 la comunidad LGBTI bogotana se reunía para fiestas y celebraciones clandestinamente en locales ubicados en zonas no residenciales y la dirección era un misterio que se compartía por voz a voz. Aún no se hablaba de “fiestas o discotecas gay o LGBTI”, sino que apenas se trataban de crear espacios clandestinos de libertad de expresión.

No solo la falta de lugares y de tolerancia reinaba en el ambiente capitalino: la inseguridad y la violencia de la guerra contra los carteles también fueron norma. Buscando restaurar el orden y bajar el índice de homicidios en los establecimientos nocturnos de diversión y alrededores, Antanas Mockus creó la Ley Zanahoria que decretaba que la rumba se acababa a la una de la mañana. Si bien se logró reducir el índice de hechos violentos, las fiestas clandestinas en bodegas y sótanos, que llevaban el frenesí hasta el domingo, también aumentaron. Madorilyn Crawford, una de las leyendas del transformismo bogotano, recuerda estos lugares como enclaves disimulados que evitaban llamar la atención: “la decoración no era ostentosa, eran pasajes largos llenos de icopor o marquesinas para aislar el sonido y solo se decoraban en fiestas especiales como Halloween y Navidad. Lo importante era evitar el ruido y que la Policía se diera cuenta que era gay porque la persecución era permanente. Pensar en que hubiera una bandera gay afuera de una discoteca era imposible en esa época”.

 

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Cortesía Manu Mojito // Fuente: Proyecto de investigación "La historia Trans de Colombia" por Manu Mojito

Salir del closet era una hazaña que costaba muchas veces discriminación de la familia y los amigos. En un país godo, católico y conservador, esta población veía lejano el día en el que pudieran salir y divertirse sin segregación, pero sobre todo sin lugares ocultos en la ciudad. Los pocos bares y “cafés de ambiente” (término usado en el lenguaje popular gay para referirse sus espacios de convivencia) se podían contar con la palma de la mano, sobre todo porque eran los espacios de las primeras citas y lugares perfectos para iniciarse en artes como el transformismo, el baile y los shows que permitían soñar y liberarse.

La Chachi, una transformista que empezó muy temprano a visitar algunos de los primeros bares en los 80, cuenta que “nadie se arriesgaba a ponerle un aviso afuera, pero todos sabíamos cómo se llamaban. Recuerdo muchas discotecas como Studio 100, en el norte, El Figaro, Dandy o La Tasca Santamaría.  También estaban los del centro:Piscis & Géminis, que fue el primer bar con dos ambientes, y Kronos. Estos dos últimos fueron los lugares donde empezaron los primeros reinados. La pantera roja también nació en el centro, pero cuando se consagró como el lugar del transformismo ya estaba en la Caracas con 32”.

(NOTA: La lista de lugares es amplia y en esta historia no se habla de todos los bares, pero si recuerda o recomienda alguno por favor déjelo en los comentarios.)

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La Chachi, Foto: FOX

La banda sonora de la diversidad se definía en un solo término, “música americana”, que englobaba disco y pop en inglés, con temas de artistas como Rod Stewart, Gloria Gaynor o Donna Summer. La discografía se armaba con los vinilos que traían algunos dueños de bares y clientes que viajaban fuera de Colombia. En estas primeras discotecas gay, llenas de strobers y luces de colores y con escenarios inspirados en los videoclips que comenzaron a rotar en MTV, se abrió el espacio para que la comunidad LGBTI creciera y ganara respeto y presencia. Colocaron un precedente contra el abuso de autoridad, la discriminación y el señalamiento de la sociedad. El tejido de bares se fue construyendo a medida que la aceptación crecía y al mismo tiempo colonizaron otros espacios distintos a los de la rumba.

EL BOOM DE LA MÚSICA ELECTRÓNICA EN LA FIESTA GAY

Mientras tanto, la música electrónica también se comenzó a posicionar en las fiestas gay a pesar de que en Colombia la profesión de dj aún no había nacido ni la tecnología había llegado totalmente. También ayudaron a esta expansión precursores como Luis Berrio, dueño de las primeras discotecas exclusivas de música electrónica y la fiesta gay, quien creó a comienzos de los 90 clubs como Viva, Fortaleza y Plataforma en Medellín.

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En 1995 nació en Bogotá Zona Franca: el primer sitio de fiesta gay cuyo fuerte era la electrónica, con un concepto claro de darle visibilidad a la comunidad LGBTI. Edison Ramírez, fundador de Theatron, recuerda claramente que cambiaron la historia de los sitios de entretenimiento nocturno en ese momento. Antes de meterse en la tarea de crear un sitio de rumba hizo una investigación de mercado, pero encontró poco, apenas que en Bogotá se abría un sitio gay cada tres años. No se veía futuro, era algo más bien clandestino, sin futuro. “La inauguración de Zona Franca fue con invitaciones físicas. Era un lugar visible, la gente sabía dónde quedaba y llevamos el grupo de rock del momento: Compañía Ilimitada”. El éxito de Zona Franca radicó en que por primera vez presentó un bar gay en sociedad, con letrero visible a la entrada, e inspiró a que en el 95 se abrieran cuatro sitios más en Bogotá. Era un gran negocio porque el público gay le invierte a la diversión nocturna, los empresarios se dieron cuenta del potencial que había y los ojos estaban puestos en un nuevo público para eventos y celebraciones.

Zona Franca, trajo al renombrado Dj Dero, el creador del éxito Qué suene la campana. Por otro lado, los empresarios de eventos también mostraron mucho interés en los nuevos sonidos. Nano Pombo (socio de Keops Club, una de las discotecas que marcó la movida cultural y social en la capital por una década del 82 al 92) empresario de eventos organizaba fiestas y conciertos en lugares específicos en Bogotá. La movida trajo a Carl Cox a Colombia en el 2002, la electrónica ya se había apoderado de los espíritus fiesteros de la capital.

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Foto Cortesía Theatron

La explosión de la electrónica sumada a la afinidad del publico gay por las divas del pop del momento (Madonna, Cher, Whitney Houston), desembocó en lo que se conoció como “música de circuito”: uno remixes discotequeros de los éxitos del pop que empezaron a ser las canciones favoritas en los bares.

“CHAPIGAY”: EL FOCO DE LA RESISTENCIA Y LAS PARADOJAS

En Bogotá hay 20 localidades y 1922 barrios, pero el desarrollo fue mayor en algunas zonas donde aún hoy se construyen verdaderos santuarios de la fiesta gay. Chapinero, la gigantesca localidad de clase media donde se puede sentir a plenitud el caos y el eclecticismo de la ciudad, tiene la mayor concentración de bares, saunas, restaurantes y cafés LGBTI en Bogotá (seguida por la zona de la Primero de Mayo, y las localidades de Santafé y Candelaria). Dentro de toda la oferta brilla uno de los clubs más grandes de Latinoamérica, Theatron, que agrupa catorce ambientes con todos los géneros musicales. La localidad dos de Bogotá, llamada también “Chapigay” y conocida como el Distrito Diverso, tiene también la mayor concentración de vivienda y comercio dirigido a una población diversa que cada día se acepta y acepta los cambios que surgen en la capital.  

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Foto: Daniel Naranjo Larrahondo. Cortesía Secretaría Distrital Planeación

Pero desafortunada y paradójicamente la comunidad LGBTI no ha podido huirle a problemas como la discriminación y el machismo, hecho que se revela en la poca existencia de bares para lesbianas. Según Edith Rojas activista de la Colectiva Furia Diversa y Callejera (enfocadas en una lucha de disidencias sexuales y de género) existe una ausencia e invisibilización tanto de las mujeres lesbianas como de las personas trans en el movimiento LGBTI, pues “quienes han tomado la voz y el liderazgo han sido los hombres gay privilegiados y profundamente misóginos, quienes han excluido a las lesbianas de la mayoría de espacios tanto de incidencia política como de establecimientos como las fiestas. Esta ausencia de espacios que existe son un reflejo de dos cosas, la misoginia y el profundo machismo que aún existe en lo gay y por otro lado la falta de espacios que visibilicen las mujeres lesbianas”.  Rubén Gómez, director de la ASOCOE (Asociación de Comerciantes y Empresarios LGBTI de Colombia), pareciera darle la razón a Edith, pues según él las lesbianas juegan otro rol, algunas están en familia, sus espacios son más diurnos que nocturnos y por eso los bares no funcionan tanto para ellas.

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Y para seguir con la paradoja, lo contrario está sucediendo en algunos bares hetero que están aceptando público diverso, donde antes estaba prohibido ingresar si un hombre no iba acompañado por una mujer. Empezaron a aceptar hombres solos cuando se dieron cuenta que los gays eran buenos consumidores y así se convirtieron en lugares de fiesta para todo público. “Al gay le gusta la fiesta, le invierte al entretenimiento. Estamos fuera del esquema de casarnos y tener hijos, entonces la soltería es sinónimo de fiesta. La música electrónica te permite bailar sin pareja y por eso lugares como Baum, Video Club u Octava disfrutan de una clientela diversa”, afirma Edison Ramirez. Así mismo es evidente el aumento de extranjeros en las fiestas que ha hecho que muchos países vecinos miren hacia Colombia para eventos LGBTI, como reinados y festivales.

Según estudios de la Cámara de Comercio LGBTI, una entidad privada, que viene funcionando desde el 2012. El turismo arcoíris gasta 40% más que el turista heterosexual. Eso explica por qué en FITUR 2017 (Feria Internacional de Turismo de Madrid), Colombia fue elegido como destino turístico gay; uno de tantos avales que han ayudado a que la industria del entretenimiento diverso crezca.

LA REVOLUCIÓN DETRÁS DE LA FIESTA

La rumba no ha sido el único lugar donde se han gestado las luchas y el desarrollo cultural que ha tenido la comunidad LGBTI a lo largo de estos años, pero cuando hablamos de diversión y ocio nocturno es importante resaltar que no solo es el espacio de encuentro donde se puede ser, sino que estos espacios han dado la posibilidad de gestar movimientos y causas sociales. Así sucedió en Nueva York hace 50 años en el bar Stonewall Inn, donde una comunidad cansada de los abusos de las autoridades se reveló y retuvo varios policías en el interior del establecimiento generando disturbios, marchas, y manifestaciones que dieron origen al Día del orgullo gay, conmemorado cada 28 de junio con marchas en casi todo el mundo.

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Foto: Getty Images

En el 2009 en el bar Boys Club en la Caracas con 39 nació el compromiso por crear una política pública LGBTI cuando el entonces candidato a la alcaldía Luis Fernando Garzón firmó un compromiso con el movimiento social LGBTI. Garzón manifestó su interés de adelantar los procesos necesario para sacar adelante cuatro temas; la política pública, las dependencias para trabajar en el marco de la política LGBTI, de ahí se creó la Dirección de diversidad sexual, la responsabilidad de mujeres y género para adelantar los procesos de participación, y el centro comunitario. Según Juan Carlos Prieto, director de Diversidad Sexual de la Secretaria Distrital de Planeación, “en el 2016 se empezó a hacer un trabajo fuerte con los establecimientos comerciales para organizarlos, generar rutas y atención a algunos lugares que han sido víctimas de la violencia institucional y persecución de la policía. Todo eso se ha hecho no solo con el trabajo que viene desarrollando Theatron en estos diez años de política, sino con la organización de la recién creada ASOCOE – LGBTI (Asociación de Comerciantes y Empresarios LGBTI)”.

Pero no todo ha sido fiesta. La comunidad LGBTI ha sufrido por décadas mucha discriminación y aunque se cree que los nuevos tiempos han logrado mayor tolerancia y las políticas han buscado igualdad en los espacios públicos, hay un retroceso. En algunas zonas de Bogotá ir a un bar gay es como regresar a los 80, toda una odisea. Para hacerle frente a todo tipo de atropellos y para mejorar la oferta comercial, en febrero de 2018 se creó la ASOCOE (Asociación de Comerciantes y Empresarios LGBTI de Colombia) que arrancó con 25 establecimientos y hoy congrega 44, no solo en Bogotá, sino en Duitama, Cali, Medellín, Pasto, Santa Marta y Chinchiná.

ASOCOE desarrolla actividades a nivel distrital y nacional con el Ministerio de Cultura y el Ministerio del Interior y todas las entidades de la alcaldía. “La idea de la asociación es que la gente se formalice y nos acojamos a la normatividad. La Alcaldía de Bogotá siempre ha tenido buena receptividad. Solamente en el concejo tenemos un tropezón con Marco Fidel Ramírez, el ‘concejal de la familia’. Las comunidades cristianas y evangélicas han desplegado una persecución terrible desde sus puestos públicos y están buscando la forma de meterle zancadilla a la comunidad; el ex procurador Alejandro Ordoñez, Vivian Morales, y un sin número de cristianos nos han atacado. Lo peor de todo es que siguen nombrando a personas homofóbicas en cargos públicos”, denuncia Rubén Gómez, director de la Asociación que lucha por el fin de la persecución y que se cumpla lo que se propone en la política pública.

Asesorados por un departamento jurídico la ASOCOE enfrenta la corrupción que hay contra los establecimientos que los amenaza con cerrarlos si no hay sobornos, limitarles permisos de operación y funcionamiento, o entorpecer la instalación de sus servicios públicos. Están convencidos de que son un comercio formal que ha crecido, paga impuestos y necesita fortalecerse como sucede en países como Argentina o Israel.

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Foto: Leo Marquez // Colectiva Bombillo Rojo

La movida también ha servido para crear eventos como el Bogotá Pride, un espacio creado hace un par de años por la Dirección de Diversidad Sexual de la Alcaldía Mayor y El Mozo Club: un encuentro para dj, bandas, y exponentes del arte y la cultura LGBTI. En el marco de su versión 2019 (junio) se hará el taller y show Las 7 a las 7, donde reconocidas transformistas enseñan al público general sobre su arte y luego hay un evento de graduación.

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Foto: Daniel Naranjo Larrahondo. Cortesía Secretaría Distrital Planeación

La movida fiestera ha sido la semilla de la que ha brotado una concentración de artistas plásticos, fotógrafos, bailarines, actores y espectáculos que han llamado la atención de medio artístico. La escena diversa se ha convertido en una plataforma no solo de nuevos talentos sino de artistas consagrados que le apuestan a tener sus obras en espacios que demuestran que estamos listos para recibir y entregar espectáculos de primera línea. Es el caso del ballet gay México de Colores que visitará Colombia en junio de 2019 por primera vez. Como afirma su director Carlos Antunez, “Colombia es el país que anhelamos visitar desde hace años. Conocemos la forma en la que el público aprecia los espectáculos, y para México de Colores, será u honor estar en los escenarios colombianos”.  

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