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¿"Cancelar" en redes sociales sirve para algo?

La posibilidades e implicaciones de cancelar a las figuras públicas.
Foto: Archivo Shock.
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Redacción Shock

“Cancelar” es un término que ha ganado fuerza en redes sociales en los últimos años. En  un sentido amplio hace referencia a “castigar” a alguien, principalmente a figuras públicas, por una acción o declaración con la que no estemos de acuerdo. Así que “cancelar” a alguien viene siendo un intento de quitarle relevancia y capital cultural al “cancelado”. Los más activos en redes sociales consideran que es una herramienta contundente para hacer valer el poder de las audiencias. Pero, a la luz de los casos recientes, su efectividad parece difusa.

Por Paula Ricciulli // @ricciup. 

La estratega de comunicaciones Camonghne Felix, explica en Broadley: “la cancelación no es algo personal. Es una forma de las comunidades marginales para afirmar su sistema de valores a través de la cultura pop”. Detrás de lo que se ha llamado “la cultura de la cancelación”, hay un interés por que las figuras públicas sean responsables de sus acciones. Hoy el público no solo espera que sus estrellas preferidas hagan bien lo que saben hacer: también es importante que estén alineadas con sus ideales políticos y sociales. La responsabilidad aquí es aquí un juicio moral. 

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Igualmente, muchos la consideran problemática. J.K Rowling, autora de Harry Potter, a quien varios han cancelado por sus declaraciones, calificadas como transfóbicas. La escritora se manifestó al respecto en una carta abierta publicada en Harper’s Magazine en la que afirmó que la cancelación es síntoma de un “clima intolerante” hacia la libertad de expresión.

Donald Trump definió la cultura de la cancelación como “la propia definición de totalitarismo”. El expresidente Barack Obama también se refirió a ella: “si lo único que haces es tirar piedras, probablemente no llegarás a ningún lado. Es fácil hacerlo”.

¿De dónde surgió lo de “cancelar” gente?

El movimiento #MeToo es uno de los antecedentes más recientes por la rapidez en la que se tomaron acciones contra los implicados (Kevin Spacey fue despedido de House of Cards pocas semanas después de su denuncia por acoso sexual). En 2010, el blog de Tumblr Your Fave Is Problematic divulgaba conductas negativas de cantantes y actores. Es otro ejemplo de cultura de cancelación como la conocemos hoy: el hábitat de la cancelación es Internet.

¿Es posible cancelar a alguien fuera de la vida digital? Los intentos de cancelación de los últimos años han traído resultados diversos. Tras sus denuncias por acoso sexual, Kevin Spacey fue despedido de House of Cards y eliminado de All the Money in the World, una película que ya se había filmado antes de la polémica. Desde entonces, el actor ganador de 2 premios Óscar no ha vuelto a sonar por algo distinto a este caso.

Johnny Depp fue denunciado por violencia doméstica por su expareja Amber Heard. Aunque no se sabe con certeza, muchos creen que esa fue la razón por la que Depp dejó de interpretar al pirata Jack Sparrow, uno de sus personajes más memorables, en la saga Piratas del Caribe.

Pero no todos los intentos de cancelación han tenido ese efecto. El comediante Louis CK fue denunciado por acoso sexual y, tras algunos meses fuera de la luz pública, regresó en 2020 con varios shows agotados y un exitoso especial de comedia disponible en su página web.

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A pesar de la ampliamente conocida golpiza que le propinó Chris Brown a Rihanna, así como nuevas denuncias de violencia y abuso sexual contra el rapero, sigue siendo relevante y haciendo música exitosa. La hijastra del reconocido director Woody Allen, Dylan Farrow, ha afirmado que el director abusó de ella. Sin embargo, el director sigue haciendo películas como siempre y en 2019 declaró que "la cultura d ela cancelación no le ha afectado en absoluto". 

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Entre quienes están a favor y están en contra de las cancelaciones, también están quienes dicen que no es un fenómeno nuevo y lo que se ha llamado “cultura de cancelación” realmente no existe. A lo largo de toda la historia han existido críticas, boicots o reacciones negativas a personas o empresas. Y hay que decir que el efecto no es el mismo cuando se trata de fuerzas institucionales.

En octubre de 1992, Sinnead O’ Connor estaba en un buen momento de su carrera: su sencillo Nothing Compares To You, escrito por Prince, fue un éxito internacional. Fue invitada al programa Saturday Night Live y, tras interpretar una versión del tema War, de Bob Marley, rompió una foto de Papa Juan Pablo II mirando de frente a la cámara mientras decía “lucha contra el enemigo real”.

En ese entonces los medios la destrozaron, las emisoras no querían poner su música, e incluso se organizaron quemas masivas de sus discos. “Si hubieran podido quemarla en la hoguera, lo hubieran hecho”, dijo sobre lo sucedido Kathleen Hannah, de Bikini Kill, en The Washington Post.

Le pasó lo mismo a Janet Jackson, quien, después de su presentación en el Super Bowl de 2004 en la que dejó uno de sus senos al descubierto, fue vetada en varios eventos y su música dejó de sonar en radio. Recientemente, fueron los mismos usuarios de redes sociales quienes reivindicaron su carrera con una campaña que se llamó Justice for Janet.

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Tanto en el caso de O´Connor como en el de Janet, dos mujeres que en efecto fueron “canceladas” por la industria, el efecto pareciera tomar otro nombre: censura.

“Las redes sociales le han dado un nuevo nombre a algo que existe hace mucho tiempo. Pero sus efectos son mucho menores que los de las protestas contraculturales del siglo pasado. La mayoría de esos cancelados sigue teniendo éxito comercial”, opina Sarah Manavis en Newstatesman.

Cuando intentaron cancelar a Taylor Swift por mentir sobre si autorizaba a Kanye West mencionarla en una canción, la cantante afirmó: “Cuando dices que cancelas a alguien, no es un programa de TV, es un ser humano. Estás enviándole muchos mensajes a esta persona para que se calle o desaparezca, lo que puede ser interpretado como que se mate”. Taylor se mantiene como una de las celebridades mejor pagas del mundo.

Curiosamente, quienes más se quejan porque la cultura de la cancelación “afecta la libertad de expresión” son, por lo general, quienes gozan de una plataforma para expresarse libremente. Y se quejan al ser confrontados por un público que no tiene el mismo reconocimiento u oportunidades que ellos.

Si bien la cultura de la cancelación ayuda a llamar la atención sobre ciertas problemáticas y que ciertas figuras públicas se responsabilicen por lo que dicen y hacen, también demuestra que las declaraciones de redes no sirven de mucho en un sistema en el que son unos cuantos quienes siempre tienen la vocería.

 
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