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Carta abierta al señor Lafaurie y su (homo)fobia al rosado

Es hora de pedir algo de respeto y altura en el debate.
Señor Lafaurie, ¿le gusta el color de esta imagen?
Señor Lafaurie, ¿le gusta el color de esta imagen?
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Los ponemos en contexto rápidamente. Este 25 de noviembre, el presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos, José Félix Lafaurie, esposo de una de las escuderas del uribismo, María Fernanda Cabal, publicó un trino que dice: “Qué gracia su padre #Farcsantos negocia impunidad y el mayor lavadero de dineros del narcotráfico en Cuba y su hijo Martin recorre  La Habana con ínfulas de turista. Noté el color de la camisa y el color del carro: ROSADO. Uhmm”. Sacamos nuestro marcador rosado para escribir esta carta abierta al señor Lafaurie.
 

No somos santistas. No somos castrochavistas. No somos de derecha ni de izquierda. No somos de centro ni de adentro. Somos colombianos mamados del prejuicio, del señalamiento gratuito, pobre y barato, de la acusación fácil y sin argumentos. Estamos mamados del ataque irresponsable que fomenta y empodera a otros que se escudan en este tipo de argumentos fáciles para agredir al otro. Para segmentar, separar, excluir, humillar. Violentar. Agredir. Matar.

Para usted probablemente es un trino más defendiendo sus ideales, su causa proanticastrochavismofarcsantos, pero para muchos de nosotros va más allá. Seguramente mañana, como otros de su estilo que sin ninguna responsabilidad salen a afirmar que las FARC provocan temblores y avalanchas pero luego se retractan en voz muy baja, usted corregirá, dirá que no quiso ofender o sencillamente borrará el trino. Y creerá que no pasó nada. Se hará el loco. Hasta esta carta le resbalará.

Pero es que no solo se trata de uno de tantos microejemplos de homofobia, que simplifica y se burla de superficialidades como el color de la ropa o la inflexión de la voz para señalar y estigmatizar a alguien. Se trata también de la pobreza a la que se está llevando el debate sociopolítico, lleno de vacíos, de ataques estériles, de señales erradas para minimizar al otro. Por comentarios ligeros y panditos como este, señor Lafaurie, es que otros calenturientos se sienten autorizados e impulsados para llevar la discriminación a niveles superiores. Porque desde arriba, desde los “dirigentes” (y que sean bien enfáticas esas comillas) de este país, el ejemplo es nulo.

A usted tal vez le resbalen tantos casos de matoneo colegial, en donde niños le hacen la vida imposible al que le gustan colores como el rosado (sí, ese mismo que luce el hijo de Santos en La Habana o incluso, su hijo, a quien ya están comenzando a exponer y matonear) o se portan diferente. Usted tal vez nunca se ha enterado del esfuerzo de colectivos por educar en el respeto por la diferencia, o ignore que esta sociedad ha intentado avanzar en derechos LGBTI, para evitar futuros casos de violencia y agresión motivados por la discriminación.

No nos detendremos en su pasado, lleno de acusaciones de corrupción, tráfico de influencia y paramilitarismo porque para qué. Ya la justicia dirá si tienen o no razón, pero sí nos detendremos en pedirle que debata, defienda sus ideas, luche por el país que quiere, pero con argumentos certeros y a la altura que le pide su cargo. No sea el Edwin Cardona que le hace ojos rasgados a sus rivales porque se quedó sin argumentos. Ya está muy grande para andarse con esas cosas.

Quedamos pendientes de su respuesta,

Shock, y toda la gente que se viste de rosado.

 

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