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Consejos definitivos para sobrevivir a la Copa Mundial de la FIFA

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Por
Álvaro Castellanos

No exagera quien dice que la vida se cuenta por Mundiales de fútbol. El fútbol es la religión más popular de nuestro tiempo y el Mundial, su máximo ritual. Sin embargo, dura sólo un mes y, por lo fugaz, conviene atesorarlo con el alma, como hacen las abuelitas con las porcelanas que acomodan meticulosamente en la mesa de centro de la sala. Teniéndolo en cuenta, si usted no tuvo la oportunidad de viajar a Rusia a gastarse la educación de los hijos que no tiene (más de 65.000 entradas al Mundial fueron vendidas a colombianos), tenga en cuenta estos consejos amistosos para disfrutar Rusia 2018 por todo lo alto, pero sin morir en el intento.

Por Álvaro Castellanos | @alvaro_caste

Las pollas

La principal condición para ganar una polla futbolera es no saber de fútbol. Tiene más chance de ganarla una tía despistada que usted y yo. El 5-0 del partido inaugural así lo demuestra. Era un pajazo mental (ruso) que ni el hincha más optimista esperaba. Sin embargo, para tratar de reponer la platica que se le fue llenando el Panini y poniendo para la vaca de todo el trago que se bajará este mes, lo mejor es guiarse por el sentido común. Es decir, de poco sirve hacerse el hipster y creer que Eriksen llevará a Dinamarca a semifinales; o fantasear con Falcao levantando la copa del mundo. Vaya a la fija. El Mundial siempre lo ganan los mismos. Brasil, Alemania o España. O hasta Argentina y por mucho Francia. No sale de ahí. Y si tiene que ingresar marcadores, sea conservador. Los resultados más comunes en los Mundiales son 1-0, 1-1 y 2-0. Después, claro, España-Portugal terminó 3-3 y no estaba en los planes de nadie, pero igualmente nadie lo acertará salvo, tal vez, nuestra tía despistada. Eso sí, más importante que todo lo anterior es evitar juegos de palabras tipo “sáquese la polla y hágase rico”. Es anacrónico y de mal gusto.

El dress code

Para vestirse a tono con el Mundial, sea usted mismo, pero si se va a embutir la camiseta de la Selección encima de la camisa y la corbata, piénselo dos veces. Este hábito oficinista no tiene presentación. Tanto como llegar a ver un partido de fútbol con chaqueta, camiseta, gorrito de arlequín y artilugios para hacer ruido. ¿Qué sigue? ¿Ver partidos con canilleras puestas? Como dicen los millennials más pequeños “¡paaar favaaar!”. Dicen que los que saben que menos es más, y eso aplica para el dress code mundialista. Entonces haga caso de ese adagio. En cuanto a las mujeres no está de más evitar los bodys apretados referencia Rusia 2018 y demás prendas sensuales de cuestionable estética. También, bajo toda circunstancia, es mandatorio no vivir con la camiseta de la Selección puesta durante todo el mes. La mañana siguiente a un partido de Colombia, enguayabado, caminando por la calle y con la camiseta toda untada de comida, trago y sangre, usted distinguirá a decenas de personas en las mismas, que seguramente no se bañaron y siguen con la ropa del día anterior.

Qué partidos ver

Aunque un Argentina-Croacia o un España-Portugal llaman más, no le haga el feo a un Panamá-Túnez o a un Irán-Marruecos. Dice la frase cursi que la belleza está en los ojos de quien la mira. Y si usted es futbolero de verdad, entenderá que todo el Mundial es fascinante. Fíjense en el partido inaugural: tenía cara de bodrio y metieron cinco goles. Sin embargo, así por encima, un Francia-Perú luce imponente. Francia es sólo talento y Perú vuelve a un Mundial luego de 36 años. Aparte, imagínese el duelo Paolo Guerrero vs Hugo Lloris. Para chuparse los dedos. De igual forma, los juegos de primera ronda con candidatos como Brasil y Alemania son imperdibles. También los juegos reñidos, como Serbia-Suiza, poco mediático, pero de pronóstico reservado; o un Polonia-Colombia, que está para cualquiera. Parejo por lo alto y quizá el mejor partido de primera ronda será Bélgica-Inglaterra, por el Grupo G, con dos equipazos que prometen un final impredecible.

Dónde ver los partidos

El menor de los males es optar por planes caseros, sobre todo en los juegos de Colombia. Los sitios públicos, llámese pub, bailadero o balneario, estarán atestados de hinchas borrachos, probablemente con aguardiente; y el aguardiente, como se sabe, pone violenta a la gente, así que aumentará el riesgo de grescas y balaceras. Estos personajes estarán bajando trago desde el desayuno y en el minuto 5 del primer tiempo ya estarán gritando improperios como “péguele, negro hijueputa”. En general, ver un partido en un sitio público le evitará fijarse en los detalles. Siempre pasará alguien en frente suyo justo cuando Maradona le haga el gol con la mano a los ingleses. La algarabía y las turbas iracundas eructando comida encima suyo evitarán recordar cualquier detalle. Y qué es un partido de fútbol, sino detalles. Por eso el mejor consejo es verlo en una casa o apartamento, con su familia o sus amigos. No faltará los borrachos o energúmenos que fastidien la situación, pero al menos serán conocidos suyos.

Negocie

La vida misma es una negociación. Si su pareja o su jefe no lo entienden, ármese de paciencia y hágales entender la grandilocuencia de un Mundial. El gol de Freddy Rincón contra los alemanes en 1990. El penal del Loco Abreu contra Ghana en 2010. El 7-1 de Alemania a Brasil en 2014. Son emociones irrepetibles que sólo da un Mundial. Y así usted lo viva tapándose las arterias de comida desde el sofá de su casa a miles de kilómetros, la experiencia es invaluable. Por eso tómese la licencia de esquivar compromisos: matrimonios, baby showers, lluvias de sobres, asambleas de copropietarios. Como le decía el tipo a su novia en un video que se hizo viral, “el Mundial es la Casa de papel de las series”. Es un mes cada cuatro años. Es prioritario. Por eso, salvo casos excepcionales, la tabla de Excel pendiente del trabajo podrá esperar para la noche, cuando no hay partidos.

Relaje su superioridad moral

         Todos conocemos a alguien que en épocas de Mundial sale a decir que Canadá no va al Mundial, pero, a diferencia de Colombia, tiene una espectacular calidad de vida y tasas de analfabetismo nulas. Y es cierto. Capaz en Luxemburgo la gente no mete talegos dentro de otros talegos, ni da indicaciones estirando la jeta, pero al final el Mundial es un bálsamo dentro de tanta porquería que nos toca vivir como colombianos. Por esa línea, ese cuentico de que los políticos aprovechan los partidos de la Selección para robar en el Congreso está súper pegado con babas. Haya fútbol o no haya fútbol, van a robar igual. Entonces, si es su caso, respete la pasión del otro porque ya al otro le tocará aguantárselo a usted cuando vuelva Game of Thrones, el Tour de Francia o el Tsunami Vallenato.

Acuérdese de su equipo

Sí, muy bonita la Selección y todo. James juega como pocos en el mundo, Falcao merece un billete con su cara y Dávinson Sánchez se le estaciona a un camión, pero los futboleros de la primera hora saben que el verdadero amor se siente hacia el equipo local, ése que da más tristezas que alegrías y que nos hace sufrir cada tercer día. Llámese Santa Fe, Nacional, América o Millonarios, el verdadero amor está ahí. En el estadio, lloviendo, a las 10 de la noche, a mitad de semana y empatando 0-0 contra La Equidad. La Selección es apenas un paliativo efímero de emoción, pero el sentimiento futbolero está, o debería estar, sobre todas las cosas, con el equipo, con su equipo, así la mitad de la nómina no esté en capacidad de parar un balón.

Contextualícese

El Mundial es el escenario perfecto para el oportunista futbolero que se hace el experto: una costumbre muy colombiana y apropiada por  periodistas deportivos, por lo general gordos, arrogantes, que sólo hacen chistes internos entre ellos, y que no saben juntar un sujeto con un predicado. De ahí, ese sketch hermoso de Capusotto llamado “Cuatro gordos hablando de fútbol”. (https://www.youtube.com/watch?v=3x4cdgsaF4w). Pero, hurgando un poco, el fútbol también está lleno de líderes de opinión de verdad que revelan verdades con cada cosa que expresan y que le entregarán grandes contextos. En ese sentido, los tuits de Diego Latorre, los análisis de Juan Pablo Varsky, los reportajes del diario inglés The Independent, las infografías de Bleacher Report o las columnas de opinión de Martín Caparrós en The New York Times siempre serán una fuente inagotable de sabiduría futbolera.

Una oportunidad de aprender

El fútbol, como deporte, como práctica, como juego estratégico, es fascinante. Pero quien sólo sabe de fútbol, ni de fútbol sabe. Más que en un deporte, el fútbol es una metáfora de vida incomparable y el camino perfecto para entender el mundo. El 0-5 de Arabia Saudita contra Rusia, por ejemplo, escondió un sufrimiento adicional para la Selección más floja en todos los Mundiales, porque ese día (el 14 de junio) se celebraba el fin del Ramadán, la fiesta religiosa más representativa de Islam, y qué bien les hubiera sentado a los árabes un buen resultado que acompañara el festejo de su devoción religiosa. No muy lejos de Arabia está Irán, que le ganó en el descuento a Marruecos durante su estreno en Rusia mientras, en las tribunas, se buscó visibilizar la desigualdad de género que sufre este país, el cual prohíbe a las mujeres prácticamente todo, incluido ir a ver fútbol a los estadios. Pocos contextos como el Mundial nos enseñan caras del mundo que no conocemos y que están muy por encima del desmarque de ruptura y el esquema táctico piramidal de 4-3-2-1.

Ir haciendo el duelo

El Mundial se compone de 64 partidos durante un mes. Un bazuco genial, pero cortísimo. Durante este mes usted se olvidará un poco de tanta atrocidad que lo rodea, pero tenga claro que después de Rusia 2018 continuará la Copa Colombia, que Carmelo Valencia hará su mítico y espectacular debut con Santa Fe, que Millonarios contratará fichajes malísimos del fútbol boliviano, y que usted deberá seguir pagando salud, pensión y ARL por cada trabajo que le salga. Bien decía Borges que “el amor es eterno mientras dura”. Así que emociónese y diviértase lo que más pueda con el Mundial, pero sin olvidar que, tristemente, tiene pronta caducidad. También evite que lo atraquen, quedarse sin trabajo, pareja, en la ruina, o de pelea con ese amigo suyo barrabrava de Neymar.