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De las drogas al rap: así es Hip Hop al patio en un colegio de Bogotá

Una medida que le ha salvado la vida a docenas de estudiantes.
Daniel Álvarez - @daniel.alvarez9
Daniel Álvarez - @daniel.alvarez9
Por
Johana Arroyave

¿En realidad las campañas que se han inventado para controlar el consumo de drogas han funcionado? ¿Por qué las cifras han aumentado en menores de edad y colegios? Conocimos la historia de Hip Hop al patio, una iniciativa que no necesitó de investigaciones exhaustivas, encuestas, estadísticas y miles de reuniones para acabar con el consumo de marihuana en un colegio al sur de Bogotá.

Por: Johana Arroyave 

Para 2012 trabajaba en un medio de comunicación cubriendo noticias matutinas de esas que ve la gente para irse informado a donde quiera que va. En junio de ese año a la administración de turno (Bogotá más Humana) decidió crear una campaña para evitar el consumo y comercialización de drogas en colegios distritales al sur de la ciudad. Consistía en llegar de sorpresa con docenas de uniformados de la Policía Nacional, hacer una emboscada y poner a los menores en fila india – algo así como Another Brick in The Wall, el video de Pink Floyd-  y que cada uno abriera su maleta, esperara a que alguno de los policías les revisara hasta el más mínimo detalle a ver si encontraban algo para decomisar.

En el salón en el que grabamos había unos 30 niños que no superaban los 15 años, de ellos unos cinco fueron sorprendidos con marihuana y algunos con cuchillos. El panorama no se veía muy bien para ellos y aunque los habían pillado con las drogas en la mano ninguno parecía realmente sorprendido, asustado o conmovido de alguna forma con la situación. Su defensa la tenían clara “eso no es mío”, “soy menor de edad no me pueden llevar a la cárcel” y así sin más volvían a su escritorio, sacaban sus útiles y se quedaban al parecer estudiando.

Todo indicaba que sin importar cuántos entes legales pisaran el terreno las drogas iban a permanecer. Al final del día estos estudiantes volvían a la casa con una anotación, llamados a acudientes, reuniones de escarmiento y nada de ayuda real que hiciera que el problema desapareciera.

¿Entonces cuál era el fin de la campaña? ¿Crear en los niños un miedo a las represarías por el consumo de drogas? ¿Buscar mejores lugares para guardar las sustancias? Aquí no había ninguna enseñanza más allá del “¡a la próxima que no me pillen!”. Han pasado 6 años desde aquella vez y la realidad es que la problemática no ha terminado.

2018

La encuesta mundial sobre drogas (The Global Drug Survey) una iniciativa promovida desde Australia que reúne a consumidores de sustancias psicoactivas en todo el mundo para indagar sobre las prácticas de consumo de drogas, entregó los resultados de este año y los datos de Colombia arrojan que el 44% de la población consume drogas antes de los 25 años y se presentó un incremento en los índices de consumo de sustancias psicoactivas en los estudiantes de los grados séptimo a undécimo de colegios públicos y privados. El 14,2% de los menores aseguraron haber consumido alguna droga al menos una vez en su vida y el 9,6% las han consumido en lo corrido del año. Los lugares que presentan mayor índice de consumo son Bogotá y los departamentos de Caldas, Antioquia, Risaralda y Quindío.

¿Y las campañas qué? ¿Siguen en un papel y nadie les para bolas? En la última reunión que sostuvo el Ministerio de Justicia, el Ministerio de Salud y Protección Social y Ministerio de Educación, se concluyó en que hay que trabajar colectivamente en estrategias de prevención para reducir el consumo de drogas en niños, niñas y adolescente. Sin embargo, en la vida real esto no se ve reflejado, los estudiantes cada vez se acercan más rápido a las sustancias y se atreven a hacerlo dentro del colegio, muchos de ellos aprovechan el descanso para meterse a los baños a drogarse y entre pase y plon varios abandonan el colegio.

No, esto no es una especulación, es un caso de la vida real y del que no se necesitaron hacer cientos de investigaciones y encuestas para encontrar la solución. Esta es la historia del colegio Distrital Federico Garcia Lorca en Usme en donde se dejaron de lado las amenazas, se mandó a la basura esa frase de “la letra con sangre entra” y se dedicaron a rehabilitar a los estudiantes a través del arte. Sí, del rap.

Hace casi dos años llegó a dictar clase a ese colegio Cerbero Nativo, un man de esos que da la imagen de ser rudo, de esos que calculan cada paso y cada palabra. Con su mirada ruda, muchas rimas en la cabeza y la mente abierta empezó a evaluar pero no las tareas, las materias o los mismos estudiantes, se dedicó a tomar nota de lo que estaba pasando alrededor, de pillarse una realidad que muchos escondían: los niños se estaban perdiendo en sustancias, entraban a clases drogados, algunos no iban, se iban a caminar por las calles del sur y otros terminaban en la montaña de Usme pasando los días a la deriva, sin ayuda, sin control y viendo como sus sueños se hundían poco a poco.

Decidió que era momento de darle la vuelta al asunto – no más drogas, más arte y menos niños a la deriva- empezó haciendo unas clases de hip hop en el descanso, pero el cuaderno en mano y la teoría no era muy atractiva y mucho menos en el momento en que por fin los estudiantes podían salir del salón y pensar en algo más. Sin embargo, había algo que llamaba la atención: la música; por ahí era la vuelta.

Se armó de un parlante prestado, un micrófono, le dio play a una pista y empezó a improvisar. Cuentos, historias lo que se le viniera a la cabeza, de todo salían rimas, en minutos se fueron acercando como quien no quiere la cosa varios estudiantes, algunos muy temerosos, unos con plena confianza en que podían hacerlo mejor que él y otros que necesitaban esa chispa de energía para iniciar un proyecto de vida. Ese día señoras y señores empezó Hip hop al patio, una medida que le ha salvado la vida a docenas de estudiantes y de la que no muchos hablan por desconocimiento o simplemente porque no han entendido que de nada sirven las campañas si en las acciones no se enseña nada.

Los protagonistas:

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Ese día Cebero empezó una misión que al parecer todavía no se cree pues es muy humilde cuando alguien le recuerda que no está dictando una clase, está alejando a los niños de la muerte. También ese día la vida le dio una segunda oportunidad a Wilson Fernández un estudiante que pasaba los días en la calle, que se estaba aburriendo de él mismo, que creía que nada tenía sentido y que estuvo en el límite (interprételo como quiera).

Wilson y Cerbero fueron los pioneros de esta iniciativa, ambos se rebuscaron los parlantes, los alumnos que quisieran participar, los permisos y lo necesario para convertir el descanso en un espacio de rap. Hip Hop al patio no era nada del otro mundo, era solo un espacio para que los chicos del colegio pensaran en música, cantaran, improvisaran, freestalearan y sacaran lo negativo de sus vidas. En realidad, era una catarsis, la manera de dejar atrás los problemas, de creer que se podía pensar positivamente y sobre todo de dejar de consumir drogas.

La estrategia era arriesgada pues no todos los estudiantes tomaban en serio el programa, muchos lo abandonaron al principio, otros lo criticaron y hasta desconfiaron; no fueron necesarios años para que el impacto se hiciera notorio, la realidad demostraba que los baños ya no eran el punto de encuentro, las drogas se estaban reduciendo e ir a rapear con “el profe” (como le dicen a Cerbero sus alumnos) era la mayor motivación.

Poco a poco el grupo se hizo más grande, pronto llegaron Jhonatan Gómez y David Martinez, dos referentes en el colegio - pero del desorden y la vagancia-  le dieron la espalda a los problemas, a las bajas notas y empezaron a rapear, primero con poemas, luego con temas e historias, se cranearon un concurso de freestyle para “reclutar” más chicos y se dieron cuenta que aunque no se inscribían muchos sí dejaban lo que estuvieran haciendo por ir a verlos, pronto los baños quedaron limpios de drogas.

Pero faltaba un ingrediente no se podían quedar en rimas entonces empezaron la búsqueda de nuevos talentos y ahí aparecieron William Niño y Peter Guerrero los encargados de ponerle el flow a las letras. Dos breakdancer que dejan todo en la pista, la tienen clarísima a la hora de bailar y de dar vueltas, dos inspiraciones que ahora dan clases de break a los niños de los grados pequeños. Ahora le abrieron la puerta a Andrés Mauricio Moreno un niño que solo puede inspirar ternura pero que cuando escucha música se convierte en el protagonista, un estudiante menor de 12 años que acudió al baile y al grupo porque no aguantaba más el bullying y porque vio que era la única forma de desestresarse ya que por su estatura lo de defenderse a veces suele ser complicado.

Y finalmente apareció Andrea Suarez, la cuota femenina, la reina del Street art y la consentida por ser la única chica que se atrevió a hacer parte del plan.

Las reglas: como toda organización que salva al mundo o como cualquier equipo de super héroes es necesario llevar un control y orden de todo lo que pasa. Cerbero, como líder, tiene clarito que aunque no se califica a nadie sí tienen que pasar todas las materias que estén cursando, no necesitan ser los genios en persona o ganarse una beca en Houston, tan solo con no perder nada, tienen el cupo asegurado en el equipo.

Deben leer: poemas, libros de historia y sacar raps sobre las lecturas, improvisar bajo literatura y así crear más vocabulario. Nada de drogas, alcohol o algo que les pueda hacer daño física o emocionalmente y lo más importante de todo, asumir que son los seres que admiran los niños pequeños entonces deben dar el ejemplo y así como ellos aprendieron a rapear, deben pasar el conocimiento a las siguientes generaciones.

Dónde practicar: Dictan clases de rap en algunos descansos a los más pequeños y hacen el filtro de quiénes ya están listos para entrar al grupo y quiénes deben seguir esforzándose. La idea no es adoctrinar, es enseñar. Dejar claro que por medio del arte pueden rehabilitarse hasta quienes ya habían perdido cualquier esperanza.

Los sueños

Hip Hop al patio ya empezó a trascender, se presentan (para freestalear) en otros colegios, los llaman a entrevistas y hacen parte de carteles de festivales de barrios como la feria de Usme o el bazar de la iglesia, de seguro los vamos a ver pronto en hip hop al parque y representando al país en algún torneo a nivel internacional.

Y aunque la idea es que esta iniciativa se conozca a en el mundo, cada uno de los cracks que hacen parte de grupo tienen claro que quieren hacer con sus vidas.

 

David Steven Martinez

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"Quiero llevar mi arte a nivel internacional y a partir de las pablaras que diga quede un pensamiento reflexivo en cada gente para que así viva una vida coherente entre la vida y lo que a diario hace"

Jhonatan Gómez

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"Quiero enseñar como hace el profe que no es solo tablero cuaderno examen"

Andrea Suarez

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"Mi sueño es que todo el mundo me conozca por lo que hago para dibujar mis propios carros y darme lujos y así"

Wilson Andrés Fernández

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"No quiero parar, no quiero parar de hacer esto quiero que me reconozcan, no por famoso, sino por lo que hago y lo que quiero hacer por mi comunidad educativa"

Peter Guerrero

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"Quiero llegar muy lejos, viajar, ir a las ligas mayores de break dance y aprender varios idiomas"

Andrés Mauricio Moreno

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"Mi sueño es llegar a ser campeón en el campeonato de break dance"

William Niño

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"Ganar las ligas de breakdance"

Cerbero Nativo 

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"Que dejen las drogas, que no se sigan matando" 

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