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De las drogas al rap: así es Hip Hop al patio en un colegio de Bogotá

Entonces se armaron, cogieron un par de micrófonos, un parlante y empezaron a freestalear.
Daniel Álvarez - @daniel.alvarez9
Daniel Álvarez - @daniel.alvarez9
Por
Johana Arroyave

Hacía 2012 cubría para un medio de comunicación la nueva estrategia de la administración distrital para evitar el consumo de drogas en colegios distritales al sur de la ciudad. Consistía en llegar de sorpresa con docenas de uniformados, hacer una emboscada y poner a los menores en fila india con sus maletas abiertas en las manos y esculcar hasta el más mínimo detalle con el fin de encontrar alguna bolsa con drogas o armas. En el salón en el que grabamos habían unos 30 niños y de estos unos cinco fueron sorprendidos con marihuana y algunos con cuchillos.

El siguiente acto consistía en decomisar las drogas y las armas, llevar a los estudiantes a rectoría, llamar a su acudiente y denunciar lo que estaba pasando, solución que en definitiva lo único que lograba era que la próxima vez lograran encontrar un escondite mucho mejor para lo que fuera ilegal. Detrás de eso no había una ayuda psicológica, no había un seguimiento de control de que el menor realmente hubiera dejado de consumir o comprar las sustancias, solo había una amenaza, el miedo a la policía y acusarlo con la familia, lo que pasara después de esto ya no era asunto de nadie.

¿Y entonces cuál era el fin de la campaña? ¿Crear en los niños un miedo a las represarías por el consumo de drogas? ¿Buscar mejores lugares para guardar las sustancias? Aquí no hay ninguna enseñanza que vaya más allá del “a la próxima que no me pillen”. Han pasado 6 años desde aquella vez y la realidad es que la problemática no acabó pero sí se hizo más grande, al punto que a algunos chicos no les bastaba con cargar la droga en la maleta si no que optaban por salir a descanso esconderse en un baño y consumir con un grupo de estudiantes.

Así sin una escena más o una menos se vivió en el colegio Distrital Federico Garcia Lorca en Usme, a donde Cerbero Nativo, un man de esos de mirada fuerte, pasos firmes y a los que la mente no se les puede quedar quieta nunca llegó a dictar clases de español. Él, rapero desde hace más de 10 años y con un titulo en docencia, pasó varios meses evaluando y no precisamente las tareas o las bajas notas de los estudiantes, la realidad que muchos escondían, los niños se estaban perdiendo en sustancias, entraban a clases drogados, algunos no iban, se perdían en las calles del sur y otros terminaban en la montaña de Usme pasando los días a la deriva, sin ayuda, sin control y viendo como sus sueños se hundían poco a poco.

Firme a la creencia de que el arte lo puede curar todo analizó muy bien cuál era el líder del desorden, ese niño con potencial confundido y al que sabía muchos seguirían sin pensarlo dos veces, lo fue “terapeando” dirían los niños del colegio y como si fuera un centro de rehabilitación lo fue curando del mal, pero a punta de rimas, sí, le enseñó a rapear. Ya con esta ayuda extra Cervero y Daniel se pusieron en la tarea de dar clases de hip-hop en los recesos, pero la palabra “clase” no funcionó y dar teoría de rimas es muy berraco, la verdad es que nadie les copió la idea.

Entonces se armaron, cogieron un par de micrófonos, un parlante y empezaron a freestalear, el primer descanso tuvo un público decente pero no fue suficiente, persistieron y cada día vieron como aumentaban los chicos que se acercaban a verlos, pero lo mejor eran aquellos que pedían participar de las jornadas de rap y así, con ese acto tan sencillo lograron que los que se metían a los baños a fumar marihuana o a meter otras sustancias empezaran a drogarse pero de música. Lograron que los chicos cambiaran el porro por un micrófono y un cuaderno para escribir las rimas. Juntos crearon Hip - hop al patio, un nombre muy sencillo para una iniciativa que literalmente le salvó la vida a una docena de niños.

Los protagonistas

 

La estrategia era arriesgada pues aunque habían logrado “reclutar” a más de 10 niños mantenerlos en el programa era muy difícil, algunos no cumplían con las tareas, otros se metían en el cuento de que eran malos para cantar y los más graves simplemente no volvían al colegio, la calle los llamaba y tratar de sacarlos de allá era un reto muchísimo más difícil. Conformar el grupo, sacarlo adelante y mantenerlo les ha tomado un trabajo de dos años.

Hablar con un joven de 18 años que ha vivido la calle, la muerte y experimentado el miedo en todo su esplendor nos pone a pensar realmente lo que estamos construyendo como sociedad,  una vida que acaba de empezar confesando a una desconocida “hubo un momento en el que no sabía qué hacer conmigo mismo, vivía con gente mala, caminaba las calles con la maldad” nos recuerda que siempre se puede hacer algo más.

Esta es la historia de Daniel, el que ayudó a conformar el grupo y quien tras retirarse dos veces del colegio volvió para quedarse, para enseñar a otros que hay más opciones y que si se quiere generar un cambio es necesario empezar desde adentro. Ahora está en once, improvisa rimas como si del cielo le botaran las palabras indicadas en el momento exacto, sueña con cantar en el Hip Hop al parque, con vivir del rap, con ayudar a los que se perdieron en el camino y llevar esta iniciativa a otras instituciones, tiene claro que más allá de hacer música y desestresarse de los problemas, su grupo es un parche que salió de las drogas, que son ejemplo de que se puede, los héroes de los salones de primaria, los rockstars del Federico Garcia Lorca.

Camilo, Juan y Federico tienen historias similares, no pasan de los 16 años, tuvieron problemas familiares, conocieron a la gente equivocada, no les apasionaba el colegio y vivían el día a día sin tener muy claro para dónde iban, su única meta era llegar a la hora de salida para irse en uniforme a caminar la calle a conocer las cosas malas, a experimentar lo que un niño de esa edad debería desconocer. En el proceso conocieron el rap y les llamó la atención, improvisaban algunas cosas y escuchaban los artistas que se rotaban entre ellos, cuando vieron lo que pasaba en los descansos se fueron acercando sutilmente pero sin arriesgarse mucho, cuando se dieron cuenta ya estaban liderando el parche, invitando a otros estudiantes a verlos y buscando talentos que pudieran compartir su arte.

En la búsqueda encontraron a Mike un niño de 17 años que aprendió a bailar breakdance viendo videos en televisión, le daba pena decir que sabía los pasos - alguna vez alguien le dijo que bailar era de maricas- entonces a pesar de ser bueno se escondía para evitar que confundieran su sexualidad. Fue un proceso largo para que se soltara pero cuando lo hizo dejo boquiabierto al colegio entero, tanto que su padre no tuvo más opción que meterlo a una escuela de break pues hubiera sido pecado desperdiciar tanto talento.

Y la cadena continua, como no era solo improvisar y cantar se fueron acercando otros chicos que sabían que tenían talento. Lady de 13 años recogía los cuadernos que ya no usaba y que tenían hojas aún disponibles para dibujar, empezó a estudiar las letras que usaban los raperos, a imitarlas y perfeccionar su técnica, caminaba en la calle viendo graffitis y se quedaba minutos como si fuera un cuadro famoso en un museo de Paris viéndolos y copiando las lineas, ahora es la graffitera del equipo, la única hasta el momento y a la que los niños de los grados menores le piden autógrafos solo para que les decore con sus trazos una hoja de algún cuaderno.

La ultima contratación fue Pedro, no mide más de 80 centímetros y a sus cortos 11 años tiene claro que es cargar un ladrillo de estrés y rabia sobre los hombros, llegó al colegio este año luego de quejarse constantemente con sus padres porque el hacían bullying en su colegio anterior, a pesar de las denuncias, las quejas y las evidentes pruebas de golpes a los que lo sometían los niños de la otra institución nadie le paraba bolas, una tarde decidido a sacar toda la rabia que tenía dentro puso Youtube a todo volumen y empezca gritar, mientras hacía catarsis sonó una canción que le llamó la atención y vio el video de unos manes que parecían peleando pero que extrañamente no se iban a los puños, se tiraban al suelo y bailaban, se retaban con pasos extraños, se miraban como en un duelo y al final hacían arte. Siguió los videos similares y empezó a imitar lo que veía en ellos, el milagro se cumplió lo cambiaron de colegio y ahora es uno  de los breakdances del grupo al descanso.

Las reglas

Como toda organización que salva al mundo o como cualquier equipo de super héroes es necesario llevar un control y orden de todo lo que pasa, así que Cervero siendo “el profe” tiene clarito que aunque no se califica a nadie sí tienen que traer calificaciones que materias del pensum estudiantil, no necesitan ser los genios en persona o ganarse una beca en Houston, tan solo con pasar todas las materias, tienen el cupo asegurado en el equipo.

Deben leer: poemas, libros de historia y sacar raps sobre las lecturas, improvisar bajo literatura y así crear más vocabulario. Nada de drogas, alcohol o algo que les pueda hacer daño física o emocionalmente y lo más importante de todo, asumir que son los seres que admiran los niños pequeños entonces deben dar el ejemplo y así como ellos aprendieron a rapear, deben pasar el conocimiento a las siguientes generaciones.

Dictan clases de rap en algunos descansos a los más pequeños y hacen el filtro de quienes ya están listos para entrar al grupo y quienes deben seguir esforzándose. La idea no es adoctrinar es enseñar que por medio del arte pueden rehabilitarse hasta quienes ya habían perdido cualquier esperanza

Los sueños

No importa cuáles hayan sido las circunstancias que los llevaron hasta allí, si hubo maldad en medio o algún acto del que se arrepienten, el alma de niños sigue intacta y con ella los sueños de cada uno, algunos de seguro serán muy fáciles de cumplir otros necesitarán un poco más de esfuerzo; tenemos claro que así como ya están pasando a presentarse en otros colegios, los llaman a entrevistas y hacen parte de carteles de festivales de barrios como la feria de Usme o el bazar de la iglesia, los vamos a ver pronto en hip hop al parque y de seguro representándonos en algún torneo a nivel internacional.

Estos son los cracks de los que debería hablar todo el mundo

 

FOTO RETRATO

 

Daniel: “Mi sueño es vivir del rap, viajar a torneos internacionales, que la gente me conozca, que escuchen mi música y que entiendan mi mensaje”

 

 

FOTO RETRATO

 

 

Camilo: “Quiero ser profesor para hacer lo que ‘el profe’ hizo conmigo, quiero hacer rap toda la vida”

 

FOTO RETRATO

 

 

Juan: “Quiero terminar el colegio y entrara  la universidad, quiero viajar por el mundo y conocer muchos lugares”

 

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