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Debate y juicio a Hefner: Hugh, mucho más que mujeres en bola

Si lo único que viene a su cabeza cuando piensa en Hugh Hefner son mujeres en bola, se ha perdido de mucho.
Getty.
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*Nota del editor: la muerte de Hugh Hefner ha suscitado un debate interesante y necesario. ¿Fue Hugh Hefner un gran libertador sexual o uno de los que afianzó la reducción de la mujer a una mercancía? Le armamos juicio al difunto director de Playboy y acá están los puntos de vista de la defensa y la acusación. A continuación habla la defensa. Lea también los argumentos de la fiscalía (VER).

Hugh murió y enterró con él uno de los últimos vestigios de la altísimamente publicitada revolución sexual de los 60 y 70. La icónica e inconfundible silueta de la conejita Playboy representa a un pionero en la revolución sexual. Seguro, Hefner no era sólo el dueño de una revista pornográfica, sino un apasionado por el jazz y una voz potente que abocaba por los derechos humanos, sino que logró un interesante balance entre lo erótico y contenidos más intelectuales. Hefner le demostró al mundo, por más de 60 años, que uno sí puede vivir –súper bien– de hacer lo que en realidad le encanta.

Por: Trilce Ortiz //@trilceo

Basta con echarle un ojo a los ejemplares de Playboy para encontrarse con que más allá de vender imágenes de mujeres empelotas, la publicación trataba temas de sexualidad, humor, literatura y cultura. Por la silla del Playboy Interview pasaron figuras de la talla del director de cine Stanley Kubrick en 1968, el líder de los derechos civiles Martin Luther King, Jr., en 1965,  Steve Jobs en 1985 y la pareja estelar de los Beatles John Lennon y Yoko Ono en 1981.

Más allá de vender golosinas gráficas de alto nivel para hombres, Hefner explicaba que su estilo de vida swinger y la creación de la revista fueron la respuesta de haber crecido en una familia reprimida donde no hubieron mayores muestras de afecto. ¿Pero en qué consistió su propia liberación sexual?

Romper con los preceptos puritanos de su juventud se reflejó en una colección de mujeres rubias, con bronceados artificiales y tetas de mentiras que de manera menos o más consciente nos recordaban a las Barbies. Hugh declaró en varias ocasiones que no había comenzado siquiera a masturbarse hasta los 18 años y su propio esfuerzo lo llevarían a ser el tipo de hombre que conseguía “todo lo que quería”; esta frase, en el contexto sexual de un hombre que a sus 80 años todavía agradecía públicamente al Viagra por mantener intacta una libido que le permitía satisfacer sexualmente a muchachitas de 20, puede prestarse a horríficas interpretaciones.

Sea por plata o por auténtica atracción, lo cierto es que su ramillete de conejitas parecía estar con él por gusto y, por lo menos en cámara, el señor se veía como todo un encanto de viejito. Lo que sí es cierto es que Hefner creó un universo de exploración sexual con toques sino rígidos y, por qué no, hasta de abuso. Además de ser casi idénticas, el papá de Playboy comentó en un artículo para The New York Times que las chicas tenían toque de queda a las 9 pm y tenían prohibido salir con alguien más. Aunque por un lado el arreglo tenía toda la tinta machista, por el otro la realidad es que las chicas no eran obligadas a nada, estaban en la mansión porque les pegaba la gana y todas eran mayores de edad con poder de decisión.

Si bien es cierto que el magnate normalizó en muchos sentidos la conversación alrededor del sexo, y abrió las puertas a la exploración sin censura del placer erótico –de forma bella y sofisticada, según The Wall Street Journal–, lo hizo ampliamente a costa de la imagen y muchas veces salud de las mujeres. Para nadie en su círculo social era un secreto que las aspirantes a conejitas eran fotografiadas, calificadas y llamadas a transformar todo aquello que no se ajustara a los estándares de belleza de Hefner. Insulso Hefner llegó a ser acusado de haber ignorado el abuso que la modelo Chloe Goins sufrió en la mansión-conejo por parte de Bill Cosby en el 2008.

Este no fue el único escándalo legal que tuvo que enfrentar, antes del uso masivo del Internet, en 1963, Hugh fue acusado con cargos de obscenidad por publicar y distribuir fotos de celebridades y estrellas aspirantes a desnudos. Igual resultó absuelto.

Por otro lado fue claro que Hugh no tuvo problema en apoyar varios eslabones que componían la revolución homosexual. En 1955 Charles Beaumont, autor de ciencia ficción, escribió The Crooked Man, una historia corta donde la homosexualidad era la norma y los movimientos anti-heterosexuales marchaban las calles gritando “¡hagamos nuestra ciudad limpia de nueva!” que Hefner publicó en Playboy, una revista que sólo llevaba dos años de publicación.

A las cartas de indignación que recibió Playboy, Hefner contestó, “si está mal perseguir heterosexuales en una sociedad homosexual, lo contrario también lo es”. Siguiendo este lineamiento Hefner hizo continuas declaraciones, donaciones y muestras de apoyo a la comunidad LGBT, apoyando causas como el matrimonio gay y los derechos de la comunidad transgénero.

Según Hefner, no todo era sexo y la empresa multimillonaria no era únicamente el marco de imágenes de mujeres desnudas, sino la base de la “filosofía Playboy” que se basaba en los pilares de romance, amor y estilo. El mismo Hefner se clasificó a sí mismo como el eterno Peter Pan –sueño dorado de muchos y muchas–. “Nunca voy a crecer”, dijo el magnate en una entrevista a CNN a sus 82 años. “Mantenerme joven, de eso es que se trata. Agarrarme al joven, hace mucho tiempo que decidí que la edad no importa, mientras las chicas sientan lo mismo…por mí está perfecto”.

Al momento de su muerte Hefner valía$50 millones de dólares netos, aparte de los activos que congrega Playboy Enterprises. No sólo el viejito logró darse una vida de lujo, que le permitía trabajar en pijama desde la cascada artificial de su mansión, haciendo lo que le llenaba el corazón de felicidad, sino que a lo largo de los años dejó muy en claro que era un genio para los negocios. La silueta de la conejita se convirtió en uno de los logos más reconocidos del mundo de la mano de las meseras vestidas de conejo, las batas de seda y los puros de Hef –como se apodó a sí mismo–. Lo que creó fue la fantasía del eterno adolescente millonario y excéntrico, a la que muchos aspiraron y siguen aspirando.

Si bien es cierto que Hefner fue criticado por objetificar la figura femenina, tener sexo con mujeres re mamacitas mucho menores que él, casarse con tres de las conejitas del año y darle un “ejemplo dudoso” a sus cuatro hijos de dos mamás distintas, la verdad del asunto es que la percepción de la sexualidad que tenía el difunto le ganaba, en muchos aspectos, a la doble moralidad que aún nos rige. Aunque Playboy tuvo un gran declive económico con la llegada del Internet y el acceso gratuito a contenido erótico y pornográfico, la empresa se consolidó como una de las más exitosas a nivel mundial y Hefner murió, seguramente, con una sonrisa en la boca, después de haberse gozado la vida tal y como le dio la gana.

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