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Dejemos de culpar a las mujeres maltratadas por las acciones del abusador

Estamos jodidas.
Getty Images
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Por
Johana Arroyave

Nada justifica la pérdida de una vida, nada justifica que queramos acabar la violencia con más violencia. NO, eso no está bien. Pero tampoco nada justifica y sobre todo no es justo que luego de que un man se suicide porque una víctima denunció que era un agresor la mujer se convierta en la culpable. ¿A qué estamos jugando?  Entonces, ahora no solo tenemos que tener cuidado de que el man que nos maltrata de pronto vaya y nos mate, asumir “calladitas” que la justicia no hace nada - en Colombia el 97% de los casos de maltrato denunciados quedan en impunidad (cifras de Medicina Legal)- y tampoco poder denunciar por miedo a lo que pueda hacer el victimario. 

Por: Johana Arroyave @JohanaArroyave 

¿Así las cosas las víctimas solo tenemos derecho a tener miedo? ¿Miedo al maltratador, a que no nos crean cuando denunciamos y a lo que el abusador pueda hacer con su vida si se hace público que le está haciendo daño a alguien? Seguimos jodidas. La discusión se centra en lo que pase con la vida de quien se atrevió a dar el golpe, la discusión de cerró en que la víctima necesita ayuda, y ahora nadie la va a ayudar.

Entonces como víctimas tenemos que asumir el dolor físico y psicológico que pueda causar algún tipo de maltrato, cargar con la vergüenza que da hablar públicamente y decir que alguien nos hace daño, porque claro, llegan los comentarios de: “por qué se dejó”, “es culpa suya por no terminarle antes”, “quién la manda a ser tan boba”, “por qué no se levantó y le pegó también”. Tener que dar la cara en Medicina Legal y esperar horas a que alguien se le dé la gana atendernos, que nos pongan frente a frente contra el maltratador, que nos cuestionen a ver si estamos diciendo la verdad, que nos miren como un bicho raro, nos hagan exámenes por todo lado y que al final nadie nos pare bolas. Al final del día todo termina en una caución y en este país una caución no significa nada, la justicia no actúa a tiempo, ya ha pasado varias veces. ¿Se acuerdan de la mujer que mataron en el centro comercial Santafé (Bogotá)? Su nombre era Claudia Giovanna Rodríguez, había denunciado meses atrás a su ex pareja por maltrato, los entes judiciales no le pararon bolas y él man terminó asesinándola.

Y cuando creímos que las redes sociales eran una opción de catarsis, un mecanismo de desahogo y de escucha, por lo menos para evitar que el maltrato continue, nos jodieron diciendo que somos las culpables de lo que pase con la vida del abusador, no solo por denunciarlo en redes y lo que esto implique (comentarios y amenazas) sino también judicialmente. 

Aquí empeora todo y tenemos que ser sinceros, las redes sociales son una cacería de brujas. Y abro este espacio para pedirles por favor que sean más responsables con cómo responden ante este tipo de situaciones. Las redes son perfectas para señalar, acusar y desahogarse, la inmediatez que nos brindan nos permite que sea muy fácil expresarnos y de paso tirar sentimientos de rabia, odio, ira, podemos sentirnos dios en un mundo virtual donde la pantalla nos cubre de cualquier mal, donde nos nos pasa nada porque votamos una bomba y no nos cae a nosotros. Y justo aquí es cuando más consientes tenemos que ser de lo que decimos, no nos podemos devolver al año 1500 cuando  con solo señalar a alguien de “brujería o hechicería” lo mataban de la forma más cruel, tenemos que ser muy cuidadosos con lo que queremos lograr con los mensajes que compartimos en este tipo de situaciones. 

Sí, se puede alargar el problema pues la reacción de quienes toman justicia propia por este medio empeora todo. Porque por más golpes, insultos o violaciones que nos haya hecho el personaje, pesa más que a él lo hayan amenazado, se empeora la situación cuando la justicia nos dice que nosotras estamos atentando contra la vida del man, no él contra la nuestra. Cuando llegamos a un estrado judicial como víctimas y las pruebas del victimario son mensajes de “lo vamos a matar”, “usted es un hijueputa, debería morir”. Legalmente estamos atentando contra la vida del victimario pues existe una amenaza de muerte y eso es gravísimo judicialmente. Como dice el Código Penal, artículo 347: “el que por cualquier medio atemorice o amenace a una persona, familia, comunidad o institución, con el propósito de causar alarma, zozobra o terror en la población o en un sector de ella, incurrirá por esta sola conducta, en prisión de cuatro (4) a ocho (8) años y multa de…”. Entonces esto solo se empeora la situación de la víctima.

Ah y si se suma que por los problemas psicológicos que tenga el victimario no fue capaz con la presión social y decidió acabar con su vida, la culpa es de la mujer por denunciar, se puede abrir una investigación contra la víctima por: “inducción al suicidio”. Dice la ley, Código Penal Colombiano, artículo 107: “el que eficazmente induzca a otro al suicidio, o le preste una ayuda efectiva para su realización, incurrirá en prisión de dos (2) a seis (6) años”.

En resumidas cuentas estamos jodidas por todo lado, nos convertimos en las víctimas y las victimarias al mismo tiempo. 

¿Entonces qué hacemos? ¿Seguir con miedo? ¿Quedarnos calladas para evitar todos estos escenarios? ¿Y la justicia qué? ¿Para cuándo una política publica que sea real y efectiva en cuanto a denuncias de maltrato? No podemos solo hacernos los de la vista gorda y quedarnos calladas alejándonos del problema porque es más fácil no mencionarlo. Necesitamos ayuda de verdad, justicia real no de papel, tal vez y solo tal vez si una mujer se sintiera respaldada y protegida no habría necesidad de pasar por la vergüenza de salir ante millones de desconocidos a decir que nos están matando. No tendríamos que llegar a estos límites.

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