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¡Dejemos de idealizarlo todo! El pesimismo tiene sus ventajas

A veces ayuda ver el vaso medio vacío.
NLshop // Getty Images
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¿Se han preguntado por qué los colombianos siempre están tan angustiados con ese viaje de “cómo nos representan”? Si un colombiano recibe un premio en el exterior y no sale con un sombrero vueltia’o y forrado con la bandera, prácticamente es una ofensa.

Por El Turner // @ElTurnerCat 

Se vuelven tan repetitivas esas quejas de “cómo representan a mi país” o “cómo representan a mi región” que no me queda más que preguntarme: ¿Cuál es el miedo a ser una representación original de sí mismos?

Creo que la respuesta más obvia es que vivimos en un estado continuo de economía cognitiva, de tal forma que, al hacernos la imagen de una persona, resulta mucho más fácil y mentalmente económico simplemente recurrir a los prejuicios de acuerdo a su proveniencia, género, nivel socioeconómico y demás. Por eso, que alguien se salga del “molde” de lo que se espera de él, termina siendo tan angustiante para muchos.

He visto gente diciendo que deberían dejar de hablar de la corrupción en sus regiones porque hay “cosas más bonitas” que mostrar. ¿Qué mondá? La vida real es un paquete completo, no puedes espulgar lo que no te gusta y dejar “lo más bonito”. Esa tendencia a idealizarlo todo y tratar de ocultar lo que no nos gusta nos impide avanzar, mirar la realidad a la cara y plantear soluciones realistas. Que “los hijos son una bendición”, que si las condiciones de vida son una mierda “hay que darle gracias a Dios”. Hay un miedo enorme a afrontar la realidad y se nos enseña a “mirar el lado positivo”. Marica, pero es que si no miras el lado negativo, nunca mejoras.

Hay gente que prefiere aguantar relaciones tóxicas, agresiones, mirar hacia el otro lado, antes de asumir abiertamente “no soy feliz”. Desarrollar un poco de pesimismo, de sentido crítico, de mirar el “lado malo” puede ser tan constructivo como un moderado optimismo. Uno puede no tener del todo claro lo que quiere en esta vida, pero es vital saber lo que no quiere.

Reconocer las vainas que te emputan, las actitudes de la gente que te caen mal, la clase de tratos que no pretendes tolerar de nadie son puntos clave para llevar una vida emocional más o menos sana y rodearse de la gente que aporta positivamente. Así como un drogadicto es un adicto a las drogas, un neurótico es un adicto al pensamiento, alguien que está constantemente evaluando lo que le agrada y desagrada de su vida. He visto miles de veces que se idealiza y hasta se exige ser “descomplicado”.

Muy bien por quienes logran serlo, probablemente sean más felices, pero un poco de neurosis te lleva a auto-exigirte, a ser crítico, a irritarte con vainas del entorno y buscar modificarlas. Si eso no es parte del espíritu de la evolución humana, no sé qué lo sea. Y también muy paila cuando ser “descomplicado” te lleva al estancamiento financiero, a aguantarte las cosas como están, a no ver todos esos preocupantes detalles de tu relación de pareja porque “el que piensa mucho se vuelve loco”, y terminar con un vínculo paternal compartido de por vida al tener una bendición. Ahí sí es verdad que pueden “volverse locos”. No confundan ser “descomplicados” con ser conformistas y dedíquenle un par de ratos a una sana infelicidad, en nombre del sentido crítico.

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