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El caso Armero y James o la sobrevaloración del fútbol y nuestros ídolos

De nuevo mienten las mentiras.
Por
Juan Pablo Castiblanco Ricaurte

Son contados los atletas que llenan las expectativas de una sociedad necesitada de ejemplos porque son pocos a los que les interesa serlo.

Por: Juan Pablo Castiblanco @Kidcasti

Salgamos de lo obvio rápido. Estuvo muy mal que Pablo Armero maltratara a su mujer en Miami el 31 de mayo del 2016 cuando, jincho, le arrancó el pelo. Mal, muy mal, para un país que ha comenzado a tomar conciencia de la violencia contra la mujer y la precariedad de la ley y la sociedad para castigarlo. A Armero lo tuvieron tres días preso, pagó 1500 dólares de fianza y tiene orden de restricción para acercarse a su ex-pareja. La justicia actuó, suave o blanda, pero se pronunció y trató al agresor de acuerdo a los parámetros. ¿Blanda o dura la pena? Eso ya es un análisis legal que se debe hacer, revisar el sistema jurídico y pedir sanciones más fuertes para estos casos. 

Y hasta ahí.

Extender el debate a si está o no justificada la convocatoria de Armero a la Selección Colombia revela hasta qué punto hemos sobredimensionado y sobrevalorado a los ídolos de la cultura pop y el entretenimiento. Y pasa a cada rato. Que si James hace pistola, que si Wiz Khalifa se toma una foto sobre la tumba de Pablo Escobar, que si una reina de belleza se derramó en incoherencias en su Twitter hace años... observamos con lupa el comportamiento de personas que en ningún momento escogieron ser modelos de comportamiento o faros de la moral, pero que de un momento a otro se encontraron con tener que estar ahí, siendo ejemplo de una sociedad. 

Seamos redundantes: un jugador de fútbol nació, creció y se formó para jugar fútbol, un cantante para cantar, un actor para actuar. No son líderes sociales, no son ejemplo para nadie. Que sean buenas o malas personas no los hace mejores o peores en su profesión. Fresco está el caso de Casey Affleck, mejor actor en los recientes Premios Óscar por Manchester by the Sea, quien tiene sobre los hombros acusaciones de acoso sexual. O, mejor aún, está Michael Jackson y sus interminables acusaciones de pedofilia; acusaciones que muchos ignoraron y evadieron para no manchar el aura del Rey.

Pambelé era un borracho, Maradona un periquero, Adriano "el emperador" Leite amigo de los pillos de las favelas de Río de Janeiro, Jairo "el Tigre" Castillo atropelló a un par de personas manejando borracho, Karim Benzema y Frank Ribery fueron acusados de abusar de una menor de edad. Del fútbol, y del deporte en general, esperamos mucho cuando nos ha dado tan poco. Son contados los atletas que llenan las expectativas de una sociedad necesitada de ejemplos porque son pocos a los que les interesa serlo.

En un país como Colombia el deporte, y sobre todo el fútbol, es un escape a la pobreza. Las corruptas estructuras dirigenciales solo se preocupan por sacar el mayor provecho de los jugadores y poco o nada les interesa su formación integral como personas. Muchos llegan al profesionalismo apenas completando la educación básica y a otros tantos la fama inmediata, ganar millones de pesos -o de dólares- a sus 20 años, les frita la cabeza. Y es a esas personas a las que les exigimos incluso más que a nosotros mismos. Es de estas personas de las que esperamos el ejemplo que no dan líderes sociales que sí escogieron serlo como los que se sientan en los puestos de poder. Día a día roban plata del Estado, patrocinan bandas criminales, desvían plata pública para empresas privadas y nosotros, mientras tanto, nos preocupamos por lo que pase en un equipo de fútbol que "representa" un país.

Por favor.