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El lado oscuro de los textos de superación personal

Prometen mucho, pero ¿Si pueden cumplirlo?
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Por
Juan Camilo Ospina Deaza

Sorprende saber que en el “país más feliz del mundo” se lean tantos libros de autoayuda. Están en todas partes, en las estanterías de los supermercados, en cursos de couching emocional y año tras año en la FILBO. Este tipo de literatura, que está siempre entre las más vendidas del país, nos extiende la invitación de lograr una vida excelente a través de mejores elecciones de pareja, trabajos y estilo de vida. Bajo este panorama sería bueno preguntar ¿Son tan buenos los libros de autoayuda? ¿Cuáles son sus efectos negativos? ¿Por qué muchas personas siguen deprimidas luego de leerlos? ¡Ya es hora de entender un poco esta literatura y explorar el lado oscuro de los textos de autoayuda!

 Por: Juan Camilo Ospina Deaza y Valeria Sánchez Prieto

Para aquellos que no están familiarizados con el tema, los libros de autoayuda son aquellos que exponen alguna técnica, conocimiento, nuevo pensamiento o método para mejorar algún aspecto de la vida personal. Ya sea que alienten la búsqueda espiritual interna, promuevan la limpieza emocional, enseñen a llevar adelante un negocio exitoso o, todo lo anterior en conjunto. En todos ellos, la idea es que el lector pueda tener acceso a aquello que está buscando por sus propios medios, al compartir los pensamientos y experiencias del autor. En muchos casos, se presentan como ciencia a la luz de la psicología. 

EL TURNER

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Los libros de autoayuda siempre son best seller en la FILBO.

Estos libros ofrecen soluciones simples, rápidas y fáciles a problemas complejos, de una forma muy personal; ya que nos dicen que ¡las respuestas están a nuestro alcance! Éste es un razonamiento que parece empoderar a los individuos, dándoles una sensación de control que no es real. Por lo tanto, omiten el hecho de que muchas veces los inconvenientes son sociales y estructurales, en vez de individuales y psicológicos. Entonces, frente a un mundo plagado de deudas, problemas sociales y ecológicos, los libros de autoayuda sirven como medio para gestionar la constante sensación de incertidumbre y riesgo.

Aunque no podemos prevenir las catástrofes, cambiar las condiciones laborales ni actuar frente la desigualdad de oportunidades, nos mantienen recordando que el éxito depende de cada uno; por lo que nos dicen que si nos esforzamos, pero seguimos siendo pobres, significa que no hicimos todo lo que teníamos que hacer para cumplir nuestras metas. Así, se reafirma que los logros dependen de uno y, si fracasa es porque algo ha hecho mal. El mensaje que subyace de los libros de autoayuda es que todo el mundo tiene la posibilidad, de alguna forma, de triunfar en la vida, siempre y cuando haga lo necesario para lograrlo. Después de todo, el centro de nuestras desgracias somos nosotros mismos.

El imperativo de optimización sin límite explota y saca provecho del dolor. El famoso entrenador motivacional estadounidense Anthony Robbins escribe “Cuando usted se fija un objetivo se compromete con una mejora continua infinita. Usted reconoce que todo ser humano necesita mejorar siempre, sin límites. La insatisfacción, la incomodidad pasajera tiene poder de presión, produce el tipo de dolor que usted quiere sentir en la vida”. Tal vez deberíamos recordarle a Robbins que es imposible una mejora infinita en un ser finito; además ¿para qué querríamos mejorarnos infinitamente? Solo en el mundo de la competencia y el rendimiento, tiene sentido estar mejorando constantemente.

Test: ¿esta frase es de una canción hip hop o de libro motivacional?

Ponga a prueba sus conocimientos y llévese algunas lecciones de vida.

Los libros de autoayuda culpan nuestras desdichas por nuestra forma de relacionarnos con nuestra propia vida. Tal parece que basta sonreír para atraer energía positiva, tener una buena actitud y evitar tener malos sentimientos. No obstante, no importa cuantos libros de autoayuda leamos, si las condiciones sociales y ecológicas que nos rodean no cambian, vamos a obtener el mismo resultado: el fracaso. De manera paradójica, los libros de autoayuda están causando que después de seguir estos textos nos sintamos frustrados por no lograr el cambio que queremos. Asimismo, creemos que la culpa es nuestra por no hacer lo suficientemente bien los pasos que libros sugieren. Cuando comenzamos el libro nos sentimos como perdedores, después de leerlos, nos vemos a nosotros mismos como perdedores e incapaces.

No importa si todos los días nos levantamos con una sonrisa, la contaminación del planeta, la extinción de animales o las terribles condiciones laborales no van a cambiar. El cambio en la estabilidad de relaciones de pareja, la precarización de las relaciones laborales y la infelicidad en masa de las personas responden a fenómenos sociales amplios. Contrario al famoso libro de autoayuda El Secreto ¡el universo no conspira a nuestro favor! ¡Como individuos tenemos límites en lo que podemos hacer y lo que podemos cambiar! Esto no significa que no podamos hacer algo, aun así, los cambios son “sociales” porque se necesita mas que un individuo para lograrlo. 

Cabanas, doctor en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid e investigador del Centro de Historia de las Emociones del Instituto para el Desarrollo Humano Max Planck, de Berlín, afirma que "Lo que ofrecen los expertos de la llamada psicología positiva es poco sustentable desde un punto de vista científico, académico e intelectual. No hay ciencia detrás. Se utiliza simplemente como una retórica para convencer y vender. Son discursos persuasivos porque ofrecen garantías cuando en realidad no las hay. Lo que hay detrás de esta ideología de la felicidad es neoliberalismo puro, y un individualismo que hay que poner en evidencia, y que está naturalizado bajo esta retórica científica tras la cual pretende esconderse". El lado oscuro de los libros de autoayuda es que la felicidad es una poderosísima herramienta de marketing.

Son discursos persuasivos porque ofrecen garantías cuando en realidad no las hay.

Ligados a estos libros de autoayuda, numerosos seminarios de mannagement personal e inteligencia emocional, así como jornadas de coaching empresarial y liderazgo prometen una optimización personal, un incremento de la eficacia sin límites. ¿De verdad creemos que las empresas les importa el bienestar de sus trabajadores? Cuando las empresas contratan estas charlas y actividades para sus empleados es porque saben que trabajadores felices son trabajadores más eficaces. La vida gira en torno a estar sano y motivado para trabajar; por ello, se procura un supuesto equilibrio entre la vida personal y las responsabilidades laborales de los individuos. De ahí se derivan todas las estrategias que estos seminarios de inteligencia personal realizan para lograrlo, darles a los trabajadores vacaciones, promover buenas relaciones con la familia, incentivar el ejercicio entre los empleados, entre otros. Todo para estar en condiciones óptimas para el trabajo. El nuevo evangelio del rendimiento y la optimización sin límite tiene como predicadores a los managers y entrenadores motivaciones.

Ya es conocida la frase del filósofo Byun Chul Han “Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose”, esto quiere decir que la sociedad nos ha hecho creer que vivir en torno al trabajo es sinónimo de éxito y felicidad. No obstante, esta obsesión por el trabajo y el éxito ha llevado a muchos jóvenes a padecer el “Síndrome Burnout” (quemado, fundido) el cual es un tipo de estrés laboral, un estado de agotamiento físico, emocional o mental que tiene graves consecuencias en la autoestima. Como si lo anterior no fuera poco, estamos llamados a tener que amar nuestro trabajo, en todas partes se escucha la frase “si amas lo que haces nunca sentirás que trabajas” pero, todos sabemos que después de un mes de realizar el trabajo de nuestros sueños la pasión por la profesión no justifica autoexplotarse.

Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose. 

Actualmente, es imposible separar nuestra vida privada de nuestro tiempo de trabajo. Por un lado, de la oficina nos escriben al WhatsApp a cualquier hora, tomamos vacaciones para descansar y así llegar recargados para trabajar, procuramos no tener crisis emocionales para no bajar el rendimiento, nos proponemos comer sano y hacer ejercicio para no enfermar. En consecuencia, por más viajes, tiempos en familia y dietas balanceadas, nuestra vida gira es en torno al trabajo.  Por otro lado, nos vendieron la idea de que la estabilidad laboral era algo malo y  que la flexibilidad laboral era algo bueno. Supuestamente seriamos más libres, nos maravillan con la oportunidad de los horarios flexibles, ser nuestros propios jefes y poder hacer lo que queramos. Lo que no nos cuentan es el lado oscuro, la incertidumbre del mañana, imposibilidad de planear a futuro, falta de estabilidad económica y el exceso de trabajo al que debemos exponernos.  En síntesis, todas las acciones que tomamos frente a nuestras vidas deberían ser sopesadas en función de nuestro empleo.

Es importante entender que el fracaso, el sufrimiento y la desdicha hace parte integral de la vida. ¿Cómo podemos saber cuándo estamos felices si no nos permitimos estar tristes? Solo las maquinas prescinden de las emociones mal llamadas “negativas” y pareciera que las empresas quisieran que fuéramos como ellas. No somos un sistema operativo de Windows o Android para tener que actualizarnos y mejorarnos constantemente. Tal vez, hemos buscado la causa de nuestros problemas en nuestra individualidad cuando podríamos mirar también la sociedad.

 

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