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Ellos, campeones en Europa; nosotros, campeones en sobreactuación

Si vamos a hacernos los interesantes celebrando títulos de futbolistas colombianos en Europa, hablemos de Roger Cañas, campeón en Chipre con el APOEL
Foto: Gettyimages
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Por
Álvaro Castellanos

Si vamos a hacernos los interesantes celebrando títulos de futbolistas colombianos en Europa, hablemos de Roger Cañas, campeón en Chipre con el APOEL de Nicosia.

Por Álvaro Castellanos | @alvaro_caste

Si no es en el estadio, la mejor forma de ver fútbol es solo, en la casa y recién almorzado. Lo dice Martín de Francisco y es una verdad incontrovertible. No hay peor sitio para ver un partido que un bar lleno de gente, porque todos están bajando guaro como si no hubiera mañana y gritando “péguele, negro hijueputa” a los diez minutos del primer tiempo. El problema es que uno siempre cede a la presión social y termina ahí, en un sitio público, lleno de hinchas ocasionales y respirando el chorizo que eructó el borracho gritón de la mesa del lado.

Lo peor de un hincha ocasional es su sobreactuación. En 2014 de puro imbécil vi la final de la Champions en un evento de una marca y justo delante había un grupo como de 15 millennials chiquitos que gritaban como energúmenos “Oe-oe-oe, Cho-lo Si-me-one”. Los pelados estiraban bufandas, batían la camiseta y le juraban amor eterno a Diego Godín. Ultras colchoneros de toda la vida hacía dos semanas. Con decir que yo, que iba por el Atlético, terminé celebrando el empate de Ramos en el último minuto y la goleada del Real en la prórroga.

Pero como todo puede ser peor, en 2017 la sobreactuación viene multiplicada porque tanto en Real Madrid como en Juventus hay futbolistas colombianos, y como a nosotros nos encanta celebrar triunfos que no son nuestros, ahí estaremos, sobreactuándonos con James o Cuadrado cuando levanten el trofeo de campeones de Europa. Ojalá los barra-bravas de la Juventus de Ciudad Salitre no se vayan a los golpes con los Ultras del Real Madrid de Quinta Paredes. Ojalá no se maten por los colores de una camiseta.

En esta temporada sí que hemos tenido que celebrar, o aguantarnos la sobreactuación, de los títulos de colombianos en Europa. Algo atípico porque, como se sabe, al colombiano el triunfo le suele ser esquivo y no sólo en el fútbol. La celebración más ruidosa fue la de James Rodríguez que se convirtió en el primer colombiano en ganar La Liga de España a pesar de que Zidane lo enterró del todo en la friendzone. Doce goles y once asistencias en una temporada en la que casi no jugó parece que no serán suficientes para que el 10 de la selección se quede en Madrid. Y aunque dará nostalgia que James se vaya, sus camisetas chimbas del Madrid a 20 lucas y el insulto “meta a James, calvo hijueputa” vivirán en nuestros corazones para siempre.

 

 

Quien más tuvo que ver en el título de su equipo fue Falcao, campeón en Francia con Mónaco. Dmitri Rybolóvlev, un archimillonario ruso con pinta de enemigo de James Bond, compró el equipo y fichó al colombiano prometiendo que iba a revolucionar el mercado, pero justo su esposa lo amenazó con quitarle 4000 millones de euros en el divorcio y el viejo trancó los gastos desmedidos. Este año, Radamel se sacudió de las lesiones, metió 21 goles en la Ligue 1 y levantó ese trofeo de campeón con un desahogo que casi justifica que todos nos sobreactuemos con su redención.

La colombianización de los triunfos en Europa pasa incluso por Inglaterra. En un ritual más colombiano que señalar las cosas estirando la trompa, David Ospina se envolvió en la bandera amarilla, azul y roja y levantó el trofeo de la FA Cup: el torneo de fútbol más antiguo del mundo. En Londres, hay que decirlo, los hinchas no lo quieren. Primero, porque mide 1.83m y eso lo convierte en el arquero más bajito del fútbol inglés. Y segundo, porque, aparte de que la defensa del Arsenal es una porquería, Ospina suele regalar un gol por partido. Sin embargo, en la final contra el Chelsea, el cuñado de James fue figura y eso tal vez tranque su traspaso a algún equipo turco imposible de deletrear.

Juan Guillermo Cuadrado fue al que mejor le fue esta temporada. Ganó el Scudetto y la Copa Italia con la Juventus e incluso el club le compró su pase al Chelsea en 20 millones de euros. Más allá de su calidad para jugar, la máxima cualidad del hijo de Necoclí ha sido su facilidad de adaptación a una cultura diferente como la italiana y sin haber abandonado colombianadas tan típicas como agradecerle a Dios 85 veces por partido y celebrar los goles como si lo hubiera poseído un demonio en un ritual vudú.

Pero ojo, si vamos a hacernos los interesantes celebrando títulos de futbolistas colombianos en Europa, hablemos de Roger Cañas,  campeón en Chipre con el APOEL de Nicosia. Luego de destacarse en el primaveral fútbol de Kazajistán, el volante ex DIM la rompe en el Athletikos Podosferikos Omilos Ellinon, que es mejor nombrar en siglas.

Otro título en Europa, no tan hipster como el de Cañas, fue el de Éder Álvarez Balanta en la Super Liga y la Copa de Suiza. El defensa central con acento de gomelo bogotano acumuló bloopers cada vez que lo pudimos ver jugar en la Champions League, pero igual se anotó un doblete que pasó desapercibido por los hinchas sobreactuados que van a armar patanería a los pubs.

En época de colombianos saliendo campeones de Europa y con Cuadrado y James disputándose el título de la Champions (un torneo que sólo ha ganado Iván Ramiro Córdoba con el Inter) la sobreactuación se va a tomar todos los sitios públicos que pasen el partido. Gane el que gane, el hincha ocasional se va a sobreactuar, va a gritarle con desmesura a la pantalla y va a putear a Zidane con todas las fuerzas de su sobreactuada alma. También, ojo, se va a emborrachar con aguardiente y, como todos sabemos, el aguardiente pone violenta a la gente.

Por eso el consejo es quedarse en la casa, o si la presión social vuelve a atacar, apuntarle al “plan casero” con amigos, lo cual vendría siendo el menor de los males. En un plan casero también hay sobreactuados y alguno más que aplaudirá los saques de banda, pero al menos son conocidos.

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