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Fans del k-pop: así lograron trascender de la música a la política

Las seguidoras de este género han demostrado su unión y fortaleza.
Fans de BTS en 2019. Foto: Drew Angerer/Getty Images
Fans de BTS en 2019. Foto: Drew Angerer/Getty Images
Por
Paula Ricciulli

Entre las cosas inesperadas que nos trajo el 2020, el que las fans del k-pop se convirtieran en referente de activismo, sin duda es una de las más llamativas. Las kpopers, acostumbradas a recibir bullying y a ser menospreciadas por el fervor que profesan a sus ídolos, han aplicado las técnicas que normalmente usan para posicionar las canciones de sus artistas favoritos, para hacer verdaderas declaraciones políticas.

Por Paula Ricciulli // @ricciup. 

Cada banda de k-pop tiene un nombre para su comunidad de fervientes fans, llamada “fandom”. Los fans de BTS son ARMY, los de SHINee son Shawol, los de EXO son Exo – L y así para cada una de las agrupaciones del género. Tal y como pasó con cierto grupo político en Colombia, al que una investigación de la FLIP acusó de tener bodegas de tuiteros, estos grupos coordinan acciones digitales en masa. La diferencia es que aquí no están bscando un puesto o un contrato: lo hacen espontáneamente. Cada fandom suele organizar acciones para apoyar a sus artistas favoritos: desde pedir sus canciones en emisoras de radio, reproducir sus canciones “en loop” en plataformas de streaming, hasta posicionar tendencias mundiales en Twitter con los nombres de las canciones de sus bandas preferidas. 

El 31 de mayo de 2020, la Policía de Dallas invitó, a través de su cuenta de Twitter, a que las personas enviaran reportes de "actividad ilícita durante las protestas" a la app iWatch Dallas. Como respuesta, miles y miles de fans de K-pop les enviaron memes y videos de sus artistas favoritos cantando y bailando. Esto, con el fin de proteger la identidad de los manifestantes.

En junio, hicieron lo mismo con el hashtag #WhiteLivesMatter. Usaron el hashtag para llenarlo de fotos, gifs y videos y así hacer que las publicaciones de supremacistas blancos pasaran inadvertidas. 

Se dice que también estuvieron detrás del boicot a un reciente evento de campaña de Donald Trump. En éste se esperaba una asistencia de 19.000 personas, pero solo llegaron 7.000. La asistencia era gratuita, pero con inscripción previa, así que, junto a varios usuarios de TikTok, decidieron apartar miles de espacios con la firme intención de no asistir, solo para ver la reacción de Trump con el espacio casi vacío en su primera aparición política en un buen tiempo. 

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Fotos: Chelsea Guglielmino/Getty Images. 

Ahora van tras Pornhub. Mia Khalifa, retirada actriz de cine para adultos, ha declarado en varias entrevistas cómo fue víctima no solo de violencia y engaños, sino también de un pago desigual por su trabajo cuando trabajó en esta industria. Luego de que Mia publicara un gif de Jaebeom, integrante de GOT7, para responder un tweet, se ganó el corazón de la comunidad kpopera y por eso decidieron ayudarla. Las fans han publicado miles de videos con el nombre de Mia en la plataforma, para así dificultar que sus videos aparezcan en las búsquedas. 

Es importante aclarar que los fans del k-pop no son, como lo piensan los conservadores gringos, un grupo de “niñitas” o adolescentes coreanas. Los seguidores de este tipo de música están en todo el mundo y muchos de ellos superan los 20 años. “Los fans de habla inglesa que están participando en esto no son extranjeros. Son estadounidenses”, dice en el New York Times Cedar Bough Saeji, académico estudioso en el k-pop. 

Si bien las letras en el k-pop no son explícitamente políticas, su mensaje de autoestima y confianza ha resonado con fuerza en el público joven, principalmente entre mujeres y la comunidad afro. “Este mensaje los impulsa a ser mucho más expresivos en cada aspecto de su vida, incluida la política”, explica T. Park, del blog Ask a Korean!.

Aunque en Occidente hasta ahora estamos conociendo el potencial político del k-pop, en Corea del sur, donde se originó, naturalmente no es novedad. Está bien documentado su uso con funciones propagandísticas: en 2016, Corea del Norte calificó como “un acto de guerra” los parlantes con k-pop sonando a todo volumen ubicados por el gobierno surcoreano en la frontera.

Moon Jae-In, actual presidente de Corea del Sur, tiene técnicas propagandísticas muy similares al k-pop. Sus seguidores, así como en los fandom del k-pop, tienen su propio nombre: Moonpa o The Honey Badgers. Son principalmente mujeres entre los 20 y los 40 años que generan conversación en redes sociales sobre el mandatario, como sucede en el k-pop. Según reporta Park en Vulture, “este fue un esfuerzo fundamental para llevar a Moon Jae-In a la presidencia y lograr una tasa de aprobación superior a la de todos sus predecesores en el cuarto y penúltimo año de gobierno”. 

El estado coreano siempre ha estado pendiente de lo que se escucha en el país. Durante los 70, bajo la dictadura de Park Chung-hee, la música era duramente censurada. En los noventa, cuando el país atravesó una dura crisis económica, el entonces presidente Kim Dae-jung quiso concentrarse en una industria que no requiriera mucha infraestructura. Por eso le metió todo a la cultura: incrementó el presupuesto del Ministerio de Cultura y creó varias entidades para promover los productos culturales del país, entre ellos las telenovelas y claro, el k-pop.

A este fenómeno se le conoce como Ola coreana o Hallyu. Una estrategia que le ha permitido al país mantener una imagen positiva internacionalmente. “Las canciones de k-pop suenan animadas y poderosas, y las letras representan la imagen de un frente surcoreano unificado”, dijo a The Outline Roald Maliangkay, director del Instituto de Corea en la Universidad Nacional Australiana. “El k-pop es un medio efectivo de propaganda. Muestra a Corea del Sur como una nación hipermoderna y rica, poblada solamente por gente muy atractiva y apasionada”. Entidades gubernamentales, como el Ministerio de Familia y Equidad de Género tienen el poder de censurar cualquier canción que suene “muy política”.

El mensaje de amor propio y aceptación del k-pop que tanto les gusta a los fans no aplica para los integrantes de sus grupos, a quienes les controlan cada aspecto de su vida laboral y personal, con contratos esclavizantes, que les obligan a trabajar varios años sin poder disfrutar del dinero que han ganado. Una vez son elegidos para los grupos, son alejados de sus familias e inscritos a academias, donde reciben clases de baile, idiomas, cómo hablar o cómo comportarse, e incluso cirugías estéticas. Sus relaciones afectivas son estrictamente controladas.

Así es como el K-pop manufactura grandes estrellas

Las fans son conscientes de eso y también se han pronunciado al respecto. ARMY, el fandom de BTS hizo esfuerzos para que personas que “contribuyan significativamente a la cultura y economía coreanas” fueran eximidas de sus deberes con el ejército (en Corea, salvo muy contadas excepciones, todos los hombres deben prestar el servicio militar máximo hasta los 28 años).  Aunque sus ídolos efectivamente tuvieron que enlistarse, generaron una conversación mundial alrededor de tema.

También han hablado de mejorar las condiciones de trabajo de los ídolos y ofrecerles acompañamiento en salud mental. Corea ocupa el puesto 10 en la lista de países con más suicidios. En 2019 sonaron los suicidios de la cantante Goo Hara, y Suli. 

“Cuatro jóvenes idols del K-pop se han quitado la vida en menos de dos años. Unámonos para evitar otra muerte y honrar las vidas de Jonghyun, Sulli, Goo Hara y Cha In-ha.Los aprendices y los ídolos a menudo llevan vidas difíciles llenas de entrenamiento intenso y poca autonomía. Le pedimos (fanáticos o personas preocupadas por el bienestar de los jóvenes) que pidan un trato más humano de estos artistas”, decía la petición en Change.org que circuló sobre el tema.

El apoyo de las fans a sus ídolos no es ciego. Así como ellas hacen todo lo posible para que sus canciones lleguen a los primeros lugares, también son críticas con sus artistas. En mayo pasado, Suga, integrante de BTS, fue criticado por usar un sample con un sermón de Jim Jones, el líder de una secta que dirigió un asesinato en masa-suicidio de 909 personas. Luego de mostrar su rechazo al abuso policial en el marco de las protestas de Black Lives Matter, a Amber Liu, de f(x), le recordaron que en 2019 apoyó la detención de un hombre por comer un sándwich en el metro.

Aunque sin duda es curioso que sean precisamente las fans de un género como el k-pop las que estén dando el ejemplo en activismo digital, en realidad tiene mucho sentido. No son ningunas niñitas inmaduras y frívolas, como creían muchos. Son comunidades horizontales, organizadas e informadas que están dispuestas a trabajar por un propósito en común. ¿Ese no es el escenario ideal de la política? 
 

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