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Fernando Aceves el lente detrás de Bowie en México

Colombia es el primer país latinoamericano que recibe la exposición ‘David Bowie en México’, que reúne en fotos la visita del británico al país Azteca.
Foto Oscar Zagal Cortesía Conexión
Foto Oscar Zagal Cortesía Conexión
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A finales de los 80 Fernando Aceves tuvo su primer contacto con los escenarios de manera clandestina. Con su cámara colgada al hombro, registraba los shows de las bandas mexicanas y de los artistas internacionales que pisaban los escenarios de su país, en una época donde no existían muchas restricciones. Ahora las bandas requieren de una acreditación de prensa para poder llegarles un poco cerca. Durante un par de años, Aceves se dedicó con pasión a fotografiar bandas que le permitieron crear un portafolio. Esa fue la carta de presentación que le permitió acercase al promotor que comenzó a organizar conciertos masivos en México en el 91, desde ese momento incursionó y en pocos años estaba inmerso en el crew especializado en registrar la escena musical mexicana.

Hablamos con Fernando durante su visita a Colombia. Vino con la exposición ‘David Bowie en México’, una obra visual que muestra la experiencia de acompañar al británico en su única visita al país Azteca y su trayectoria como fotógrafo musical.

¿Cuándo inicia el viaje de registrar bandas y artistas musicales?

En marzo del 91 Billy Joel llegó a México para una serie de conciertos en el Palacio de los Deportes en ciudad de México. Ese es el banderazo de salida de esta aventura que no termina y que hoy en día sigue con nuevas alternativas, nuevas corrientes, nuevas bandas, que al final siempre hay algo nuevo por aprender es algo que nunca se termina.

Yo comencé en el periodo análogo, la fotografía tradicional de rollo, me inicié fotografiando con película de diapositiva, lo que hoy llaman transparencia. Ese periodo entre el 91 y el 2002 fue más o menos parejo, no había grandes avances, cada diez años salía una cámara nueva que hacía las cosas un poco más fáciles. La automatización se comenzó a dar, pero siempre en ese formato análogo, la verdadera revolución llegó en la era digital a la que me mudé en el 2002, han pasaron 10 años de la carrera tecnológica que ha sido brutal.

¿Cuáles son esas grandes diferencias del paso a digital?

Creo que el hecho de poder hacer fotografía de la forma que antes no era posible ha marcado la diferencia, también la economía es diferente, llegabas a un escenario a fotografiar, con cinco o seis rollos o diez rollos cuando era algo verdaderamente extraordinario, unas 300 fotografías, gastar en un rollo, revelarlo, entender que el proceso tardaba un tiempo, había magia durante este proceso, la gente esperaba las fotos, era una sorpresa cuando llegaba el resultado final, era la magia de tener una caja que tardaba tiempo en abrirse para descubrir el contenido. Ahora todo es inmediato, prácticamente en tiempo real puedes mostrar en un portal a nivel mundial algo que está sucediendo en donde sea. Siempre he pensado que se debe trabajar con los nuevos formatos, pero con una filosofía tradicional, una filosofía análoga, que, debe pensarse siempre en la música, estás frente a un escenario, entonces sabes que estás ahí porque algo va a ocurrir, un fenómeno de la intuición que lo desarrollas de una forma muy precisa.

¿Qué es lo más difícil del medio?

Lo más difícil hoy en día son los accesos. Yo lo atribuyo a que muchos artistas llegan a trabajar con una misma agencia, el mismo management, con un manual que incluye limitar cada vez más el contacto con el artista. Puedes ir a un concierto de Paul McCartney y darte cuenta que estás fotografiándolo a 400 metros de distancia, con 50 fotógrafos y que 20 fotógrafos están haciendo la misma fotografía, entonces el mainstream se ha estandarizado. Yo me he desarrollado en escenarios más alternativos, donde puedes contar una historia a través de una imagen, pero por el valor de la imagen, no necesariamente por el tipo de personaje. Yo creo que todos los conciertos tienen su grado de dificultad, aquí de lo que se trata es de entrarle lo más posible al personaje y describirlo de una forma tan diferente de cómo la audiencia lo puede ver en un concierto, o cómo incluso lo pueden ver en medios editoriales, comprender que la imagen no es solo un registro para poder mostrarle a la gente que estuvo ahí, no es solo registrar por registrar.

Una anécdota que recuerde de esos momentos difíciles de algún artista en el escenario

En los últimos años han surgido varios retos, pero recuerdo uno especial en el año 2012 con Bob Dylan, uno llega sabiendo que el señor está negado a ser fotografiado, ahí hay que montar un tipo de estrategia, quizá ir y comprar la boleta en la localidad más cerca que puedas del artista, ingeniártelas para entrar el equipo al lugar, qué tipo de óptica vas a llevar para poderlo alcanzar, considerando que trae un gran grupo de seguridad, yo creo que gente como Dylan es uno de los retos más grandes para cualquier fotógrafo en el mundo.

¿Cómo ha logrado seleccionar algunas fotos de tanto archivo, para publicar sus libros?

El grave error en el que puede caer todo fotógrafo de música no solamente en países de América Latina es que el fotógrafo no permite que unos ojos extraños miren su trabajo, y lo seleccionen, al contrario, el fotógrafo debe recurrir a ojos de alguien que conozca de edición, un punto de vista diferente al creador. Esto no quiere decir que el fotógrafo no sea capaz de editar su propio trabajo. Por ejemplo, yo creo que lo fundamental es abrir todo ese trabajo que hiciste en una noche y enfocarte en algún aspecto temático, empezar por los retratos o por los instrumentos, por las manos, por el público, es hacer una pre selección basado en eso, así vas reduciendo ese número de fotografías que van a integrar tu visión final, la edición es el 50 por ciento del trabajo.

Con tanto tiempo frente a los escenarios. ¿Cómo percibe la escena musical actualmente?

Hay críticos de música y periodistas que juran que la escena está mejor que nunca. Yo diría lo contrario, que la escena está muy caída debido a que de por sí el rock es un género al que las compañías discográficas y los medios de comunicación están negados a difundir precisamente por el tipo de target, de público, se reduce a un nicho pequeño,  todos han caído al pop o a géneros masivos sin decir que el rock no es masivo, incluso con un alto poder de consumo. Hay una gran crisis porque ahora más que nunca la industria está decidida a invertir en otros  géneros,  las cosas suceden en una escala muy pequeña, se están reduciendo los espacios, de haber accedido a grandes escenarios y festivales se está quedando en los bares, por ejemplo, hoy en día a lo que le están apostando los grandes empresarios es a festivales, un festival garantiza tener a una persona en el mismo lugar por 16 horas, no está mal al final es un negocio, pero es tener a la gente el mayor tiempo posible con muchas bandas que al final en un festival las bandas terminan siendo lo de menos, la audiencia va a un festival a vivir una experiencia, no necesariamente estar pegados al escenario, algunos si van a eso, pero la gran mayoría van a disfrutar de todo lo que involucra el festival.

¿Cómo fue ese encuentro con Bowie en México?

Todo sucedió de una manera casual, inesperada. Un día recibo una llamada del empresario que traía a Bowie a México, me dice que necesitaba promover la venta de entradas al show. Ya Bowie estaba en el país, iba a hacer una visita privada a las pirámides de Teotihuacán, el artista había accedido a ser fotografiado, había que estar ahí, esas fotografías servirían de apoyo para poder promover la prensa del evento. Yo no conocía a Bowie ni a su gente, llego al lugar, hablo con una persona cercana a él y me dice, por favor no lo vaya a hacer sentir incómodo, está en una visita privada, solo tomas casuales y en algún momento Bowie va a posar en un par de fotografías, pero al final se extendió bastante cuando comenzamos a caminar y el resultado son todas las fotos que traemos a la exposición.

Fernando nos cuenta la historia detrás de seis fotos de su encuentro con Bowie

Fotos Cortesía Fernando Aceves.

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De espaldas frente a una pirámide, esta imagen es muy peculiar porque Bowie estaba aplaudiendo en una zona de las pirámides de Teotihuacán, la zona arqueológica donde hay un fenómeno acústico, si aplaudes, esa resonancia se mueve de un lugar a otro. Él lo disfrutaba y una persona de su equipo estaba granado el sonido.

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Esta foto registra la conclusión de la visita a las pirámides, acompañado de uno de los guías más importantes de la zona, El gorila, un apodo que se ha ganado por su aspecto parecido al primate, un tipo bastante extravagante que se ha vuelto una leyenda en la zona, porque ha sido el guía en la visita de grandes personajes, como los Rolling Stones y muchos otros. Finalmente, terminamos junto a la pirámide del sol, él estaba relajado, estaba disfrutando cuando le pido el favor de que abra los brazos que mire hacia atrás mirando a la pirámide, el comprende esa visión y lo hace. En la mano derecha sostiene el copal, una especie de incienso para las ceremonias que se hacen en la zona, él había asistido a una en los túneles que prácticamente no son accesibles al público.

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Al día siguiente de las pirámides, visitamos en la tarde la Casa Azul, la casa estudio de Frida Khalo en la zona de Coyoacán en la ciudad de México, estábamos saliendo. Bowie se sentó en un estanque, yo estaba arriba y fue la única fotografía específicamente que me pidió, como una referencia para su esposa, me dijo: “Fernando tómame esta foto que a mi esposa (Imán) le encantan las ranas, es fanática”.

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Esa foto es parte de una serie que se hizo en la casa de Frida Khalo, yo estaba buscando una ubicación para una fotografía, cuando veo a David con esa mascara en la mano, es una artesanía contemporánea, en la casa de Frida los días de los muertos se ponen ofrendas y yo creo que esa máscara era parte de la ofrenda, fue una toma sensacional porque me habló mucho sobre el mimetismo del personaje, una explicación de por qué lo llamaban el camaleón, él solía lograr la trasformación en el sitio donde estuviera, de repente se volvía un personaje más del lugar.

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Está posando en algunas obras que hizo Diego Rivera, en el palacio Nacional, en el zócalo de ciudad de México, existen varios murales que Diego hizo y él está en uno de esos detalles de las columnas, es una escenificación de la vida cotidiana en la gran Teotihuacán.

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El detalle del mural que se llama El hombre regulador del universo, es un mural que escenifica el socialismo y el capitalismo, el mural estuvo inicialmente en el Rockefeller Center de Nueva York, pero fue demolido, pero posteriormente Diego lo pintó en el segundo piso del palacio de Bellas Artes en el DF. Esa fotografía es una de las más poderosas que he hecho en mi carrera, David está posando junto a los niños que están en un salón de clase, se vuelve uno de ellos.

Para Fernando sin duda este encuentro con Bowie pasó más allá de registrar su paso por México, lo que él logró fue retratar el alma de uno de los íconos musicales más importantes de la historia de la música en el mundo.

“Yo conocí a Bowie desde muy niño, pero no por músico, sino como actor, me parecían fascinantes sus películas y lo admiraba más como personaje que como músico. Hacer estas fotos fue una experiencia muy parecida e estar frente a un hombre universal, un hombre que representa el género humano, debido a la gran influencia que él tuvo en el arte no solo en la música, sino de la cultura contemporánea, yo estaba consciente de la trascendencia de esos retratos, pero tuve mucha suerte de haber estado ahí. Yo creo que eso no hubiera sido posible si en esa época hubiéramos estado en la era digital porque seguramente alguien del entorno hubiera traído un teléfono celular o una cámara digital, era los tiempos en el que el fotógrafo tenía el poder en su cámara, gracias a eso se hizo ese registro tan importante que quedó para la posteridad”.