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Infidelidad 2.0: lo que debe saber sobre tener un amante en tiempos modernos

La infidelidad es como comer chocolate, agrega Lamouret: “simplemente es la búsqueda de placer en la vida".
Gettyimages (Foto tomada de Glastonbury).
Gettyimages (Foto tomada de Glastonbury).
Por
Laura Muñoz

De los mismos creadores de “bájese Tinder que está bueno” o “en Happn conocí un man divino”, llega: “me metí a Second Love porque quiero ser infiel”. En el nuevo modus operandi de quien está en una relación, también hay quienes quieren vivir una aventura en busca de nuevas emociones o de más autoestima.

Por: Laura Muñoz  @nadadoraa

 Dicen que en la guerra y en el amor todo se vale, ¿pero en la infidelidad también? Mario de 33 años dice que sí. Desde que empezó a usar Second Love no solo recuperó la confianza en sí mismo sino que también mejoró la relación con su mujer. Y a pesar de que ella ignora que tiene como pasatiempo conectarse en esta plataforma, Mario lo considera inofensivo porque nunca concreta algún encuentro. 

Así como él, son más de 2,5 millones de usuarios en todo el mundo y más de 20 mil en Colombia los que se unieron a esta red social que funciona a través de www.secondlove.com, una página web abierta al público. El objetivo es crear un espacio de interacción para adultos de los 25 en adelante, interesados en tener un encuentro casual bajo la condición de estar casados. Según el argentino Matias Lamouret, vocero de la red para Suramérica, “nosotros somos como el bar. El lugar de encuentro donde los clientes pasan, siguen y luego les perdés el rastro”.

¿Y quiénes son los usuarios que entran a la red? Lamouret explica que “alguien que tiene un trabajo estable y rutinario, hijos, pareja y que necesita vivir algo nuevo. No puede irse de viaje, quiere escapar de la rutina y encuentra en las redes sociales algo completamente inofensivo”. Lo mismo opina Erik Drost, el holandés de 50 años que creó la red en 2008 y que la convirtió en lo que es hoy: una plataforma masiva para un nicho tan específico como el de los infieles en México, Chile, Uruguay, Argentina, Colombia, Brasil, Estados Unidos, Holanda, España, Portugal y Alemania.

Pero Second Love no es la única red social para casados que quieren ser infieles. 

Ohhtel es una página web dirigida a mujeres y hombres casados que no tienen sexo con sus parejas y que buscan satisfacer esta necesidad con otros en su misma situación. De acuerdo a sus estadísticas, tan solo en Estados Unidos más de 40 millones de personas están en matrimonios en los cuales no hay relaciones sexuales, y como una solución para satisfacer el futuro inmediato –y en algunos casos hasta salvar el matrimonio–, nace la plataforma.

En la “lista negra” tampoco falta Ashley Madison, una página con más de 52 millones de usuarios en 53 países que también está dirigida para personas con parejas estables que tienen ganas de ser infieles. De hecho, parte de su fama radica en que hace dos años sufrió un hackeo masivo que expuso información confidencial de alrededor de 32 millones de usuarios. Se armó un problemón e incluso algunas de las “víctimas” se suicidaron.   

Y la verdad es que no es extraño que estas redes, cada una muy a su manera, tengan tanto éxito. En un mundo convulsionado por la inmediatez, donde cada vez existen más y más nichos, no cabe duda de que una red social de casados infieles tiene toda la lógica del mundo. De hecho, el 50% de las personas que se contactan a través de Second Love -una página que más parece un Twitter enajenado por los mensajes románticos y el anonimato-, sí llegan a tener un encuentro íntimo.

La dinámica de Second Love es muy sencilla: tras una inscripción gratuita a través de la página web, los usuarios crean un perfil muy básico con el año de nacimiento, código postal y una descripción breve, acompañada de los ajustes para la búsqueda de pareja: radio de búsqueda y edad de preferencia. Más adelante los usuarios llenan una serie de preguntas para definirse a sí mismos y luego a la posible “media naranja”. 

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¡Boom! Luego del formulario, los inscritos entran en una página inicial, donde se muestran ellos mismos y ven los estados de otros cientos de usuarios anónimos:

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Pero hasta ahí nadie se ha contactado directamente. Si bien el acceso gratuito permite a los “secondlovers” crear un perfil y explorar los estados de los demás, la única forma de enviar y recibir mensajes directos para contactar potenciales amantes es a través de una inscripción que cuesta entre 30 y 71 dólares. La gente paga lo que le convenga y de ahí en adelante pasa lo que tenga que pasar.

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El porcentaje de usuarios se divide de manera tremendamente desigual: 70% hombres y 30% mujeres. En algunos de los países la balanza puede llegar a estar en 80% hombres y 20% mujeres, según Drust. La mayoría de los usuarios de Second Love tienen entre 35 y 50 años.

La infidelidad es como comer chocolate, agrega Lamouret: “simplemente es la búsqueda de placer en la vida. La infidelidad está muy dentro de nosotros y ya es hora de quitarle todo el misterio que tiene encima y entender que somos seres sexuales y pasionales. La red es solo un medio -o un bar- donde los comensales toman las decisiones. En un bar tal vez la relación es más rápida o más comprometedora, en cambio en una red social podés apagar la pc y olvidar lo que pasó”. 

¿Entonces la infidelidad es buena o mala? “La moral es personal”, responde Lamouret.

Pero ciertamente el asunto va más allá del moralismo y del morbo. Second Love es tan solo el ejemplo de la sobre oferta de aplicaciones para cualquier nicho y del triunfo de la tecnología sobre las relaciones humanas. Existe una hiper población de apps y de páginas web que no solo inciden en la inmediatez –o banalidad- de cómo nos comunicamos, sino en la despersonalización de cómo lo hacemos: hoy en día ya no necesita ser un adonis o esforzarse en echarle el carretazo a la vieja/man que le gusta. Solo basta con una conexión medianamente decente a la red y la suficiente coordinación motriz como para llenarse un perfil.

Amables e ilustres lectores, bienvenidos a la infidelidad 2.0: un cúmulo de humanos que se comunican por internet y que prefieren coquetear desde la tranquilidad de su pc . El nuevo modus operandi del adulto contemporáneo promedio que ya no está satisfecho con su matrimonio, ni con el levante a la antigua.

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