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Instrucciones para sacar un técnico (o cómo hacerle el cajón al jefe)

Los futbolistas nos han enseñado un paso a paso de cómo hacer echar al patrón. ¿Qué pasa cuando un equipo no camina?
Foto: Gettyimages
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Por
Héctor Cañón

Claudio Ranieri, Jorge Luis Pinto, José Mourinho, Diego Maradona, Alfio Basile, Roberto Mancini y Gerardo Pelusso, entre otros, están en la lista de entrenadores que fueron echados de sus cargos por tener conflictos con los cracks. A diferencia de directivos y jugadores, los DT no tienen quién los defienda y sufren la hipocresía y la traición de sus dirigidos cuando las derrotas tocan a la puerta. ¿Quién será el próximo?

Por Héctor Cañón Hurtado @CanonHurtado

Aunque el arquero Kasper Schmeichel lo negó rotundamente y acusó a los medios de mentirosos, los resultados de Leicester tras la salida de Claudio Ranieri parecen evidenciar que los mismos futbolistas que lo llevaron a convertirse en The Best (el mejor entrenador del mundo en 2016, según la Fifa) se encargaron de que el presidente del club lo echara sin reparar en que bajo su mandato el equipo logró lo que no había logrado en 132 años de historia. 


Eso sí, Vichai Srivaddhanaprabha, dueño y presidente del equipo que asaltó a los grandes de Inglaterra para robarles el título de campeón de la Premier League en la temporada pasada, le entregó un cheque de 4 millones de euros para que pasara el trago amargo de la traición de sus dirigidos. Así, cualquiera acepta más fácilmente ser despedido e incluso la deslealtad de sus compañeros de trabajo. Srivaddhanaprabha, haciendo honor a su nombre de gurú oriental, indemnizó a Ranieri y además aseguró que el asunto no era personal y que la decisión había sido la más difícil en la historia reciente del Leicester, pero que pretendía el bien de todos los implicados.


Jamás en el fútbol se ha podido comprobar que un grupo de jugadores le haga el cajón a su jefe, pero la historia está llena de casos en los que a un club se le olvida jugar de la noche a la mañana y, tras la inevitable salida del entrenador, recupera la memoria futbolística en un santiamén. Cuando Ranieri fue despedido, el 23 de febrero de este año, su equipo estaba a un punto del descenso tras cinco caídas al hilo en la Premier League y acababa de ser derrotado 2-1 por Sevilla en octavos de final de la Champions League. La campaña del título, en la que apenas perdieron 3 cotejos de 38 disputados, se convirtió rápidamente en lejana historia patria.
Hoy, menos de un mes después de su criticada salida, llevan 4 victorias consecutivas (3-1 a Liverpool, 3-1 a Hull City, 2-0 a Sevilla y 2-3 a West Ham), recuperaron el tumbao que los llevó a ser campeones de la Premier League, clasificaron a cuartos de final de la Champions y han metido 11 goles y recibido apenas 4 en los últimos cotejos. Habrá quienes digan que el mérito es del nuevo director técnico, Craig Shakespeare, pero el ex asistente de Ranieri solo es reconocido en el planeta fútbol por su poético apellido. ¿Será o no será el responsable de la recuperación del Leicester?


Inspirados en los futbolistas que se mamaron de su jefe, les dejamos el paso a paso de cuando los jugadores le hacen el cajón a su entrenador.

1.    El director técnico empieza a apretar más de la cuenta por las derrotas. En 1995, tras fracasar en la Copa América con la selección Argentina, el entrenador Daniel Pasarella decidió que la solución a la crisis era que los jugadores se motilaran. “Cómo vamos a aparecer en Frankfurt y unos con el pelo largo, otros con aritos y otros con cosas de colores”, fue el argumento que le dio a Fernando Redondo antes de que el crack prefiriera renunciar a la albiceleste para no tener que cortarse la melena. Pasarella no ganó nada y salió sin pena ni gloria tras fracasar en el Mundial Francia 1998.


2.    El entrenador decide contratar “mejores” jugadores de los que tiene en la plantilla. Claudio Ranieri es el ejemplo perfecto de este paso en falso. Tras salir campeón en la temporada pasada, decidió traer al argelino Islam Islimani por 30 millones de euros para remodelar al campeón inédito y, tal vez sin imaginárselo, empezó a cavar su propia tumba. Jamie Vardy, la gran figura de la campaña del título, se sintió desplazado y hasta debió pensar en recaer en su adicción al alcohol. Kasper Schmeichel, Wes Morgan y Marc Albrigthon se unieron a su inconformidad y juntos lograron sacar al entrenador, después de insistirle al dueño del equipo y perder sin pudor alguno.


3.    Ante las derrotas o para prevenirlas, el director técnico decide quitar libertades. Al contrario de lo que hacía Hernán Darío “el Bolillo” Gómez, que llevaba y esperaba al Tino Asprilla en las escapadas de concentración cuando quería visitar a alguna de sus amantes, hay entrenadores que aprietan las tuercas más de la cuenta cuando los resultados no se dan o para evitar que no se den. El problemático Jorge Luis Pinto salió expulsado de la selección Costa Rica, a pesar de haberla puesto entre los mejores ocho equipos del Mundial Brasil 2014, porque acusó a Keylor Navas y Cristian Gamboa de fingir lesiones, porque a medianoche entraba a los cuartos de los jugadores y prendía la luz para ver qué estaban haciendo, porque maldecía y prohibía a diestra y siniestra y porque pretendía encontrar hoteles donde todo el equipo se acomodara en un mismo piso. Al final, 16 de los héroes de Brasil 2014 dijeron que si Pinto seguía ellos se iban.  


4.    Un jugador se rebela ante el autoritarismo y siembra la semilla de la revuelta. Carlos Dibos, ex preparador físico de la selección Argentina, reveló hace unos meses que Lionel Messi era quién ponía y quitaba los directores técnicos en la albiceleste. Al parecer, Alfio Basile fue el primer damnificado aunque La Pulga apenas rondaba los 20 años de edad cuando lo dirigió. Incluso hay quienes afirman que Diego Simeone solo podrá dirigir a la selección de su país, que no gana nada desde 24 años, cuando Messi se haya retirado. ¡Hágame el favor!


5.    Empiezan los tropeles dentro y fuera de los vestuarios. El italiano Roberto Mancini dirigió a Manchester City, en la temporada 2011-2012, cuando se coronó campeón de la Premier League, tras cuarenta años de fracasos. En la temporada siguiente, cuando quería repetir hazaña, sus tropeles con Carlos Tévez y Mario Balotelli, dos rebeldes sin causa y cracks a su modo, precedieron las derrotas y la salida por la puerta de atrás del club. Manuel Pellegrini lo remplazó y el City volvió a ser campeón en la temporada 2103-2014, demostrando que el ser menos indispensable en un equipo de fútbol es el director técnico.


6.    A la manzana podrida se unen unos cuantos más. José Mourinho vivió sus horas más amargas como entrenador en 2013, cuando dirigió a los galácticos de Real Madrid. En principio su única pelea era con Sergio Ramos, pero a medida que los resultados no se dieron se unieron a la revuelta Iker Casillas, Mesut Ozil, Luka Modric y Sami Khedira. El camerino vivió una guerra civil hasta que los sus paisanos Cristiano Ronaldo y Pepe se unieron a los rebeldes. “Son unos traidores hijos de puta”, dijo Mou antes de que se especulara con que había mandado poner micrófonos ocultos en los camerinos y a grabar las conversaciones telefónicas de sus pupilos. Plop. ¿Alguna idea de por que James Rodríguez no termina de cuajar con Zinedine Zidane? 


7.    Un crack se hace la víctima ante los hinchas y logra salirse con la suya. En el mejor momento de su historia y tras haber conseguido su título más importante, campeón de la Copa Suramericana 2015, Santa Fe decidió prescindir de los servicios del entrenador uruguayo Gerardo Pelusso. ¿La razón? Omar Pérez, quien por entonces era suplente con todos los méritos, prefirió hacer pataletas que entrenar. Cuando el entrenador lo quiso poner en su lugar, el argentino renunció vía Instagram y la barra brava de Santa Fe hizo plantón frente a las instalaciones del club para defenderlo. Los directivos cayeron ante la presión, echaron a Pelusso, no aceptaron la renuncia de Pérez y pusieron de director técnico a Alexis García, quien fue un auténtico desastre. A Omar solo le faltó postear en Instagram: “Aquí mando yo (así esté jugando mal)”.


8.    El entrenador pretende llevarse todo el crédito en las victorias y culpa o castiga a los jugadores tras las derrotas. Mou y Ranieri son expertos en el tema. “Es calculador, cruel y ambicioso”, escribió en sus memorias el francés Claude Makelele, al referirse al portugués, quien lo dirigió en Chelsea. También contó que en los días de victoria se emborrachaban juntos y que en los de las derrotas usaba los micrófonos mediáticos para señalar con nombre propio a los jugadores, algo que evitan el 99 por ciento de los entrenadores. Ranieri, por su parte, prohibió las hamburguesas de pollo con que sus pupilos de Leicester celebraron las victorias en la temporada pasada y declaró sin pudor que ellos eran los únicos responsables de la debacle.


9.    El director técnico pierde el apoyo de todos sus jugadores y de los directivos. Una de las etapas más nefastas de la carrera de Diego Maradona fue su paso por el banquillo de la Selección Argentina. En apenas dos años logró lo que muchos no lograron: perder 6-1 ante Bolivia en La Paz, caer derrotado en casa por primera vez ante los archienemigos brasileños y ser goleado 4-0 por Alemania en cuartos de final del Mundial Suráfrica 2010. El crack Juan Román Riquelme fue uno de los primeros en bajarse del barco hasta que, tras el fracaso mundialista, las directivas de la Asociación del Fútbol Argentino despidieron a “D10S” argumentando diferencias irreconciliables. 


10.    De un momento a otro llega la tarjeta roja y el entrenador pasa a engrosar las filas de desempleados. En este paso caben Claudio Ranieri, Jorge Luis Pinto, José Mourinho, Alfio Basile, Roberto Mancini, Gerardo Pelusso, Diego Maradona y decenas más de entrenadores exitosos que han salido por la puerta de atrás de clubes a los que dirigieron en sus días más gozosos. Mientras jugadores y directivos conservan su camello, los entrenadores son señalados de culpables cuando llega la mala hora. A veces hay jugoso cheque para pasar la pena y a veces solo una patada de tarjeta roja en el trasero. Sálvese quien pueda.
 

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