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Juan Fernando Quintero: la oscilación del 10 entre el reggaetón y las canchas

Nos metimos al estudio con Juan Fernando Quintero, el crack paisa que volvió al fútbol colombiano este año con varios kilómetros recorridos en las canchas
Limona Botero
Limona Botero
Por
Fabián Páez López

Le han dado palo porque sí y porque no. Porque está gordo. Porque está flaco. Por inmaduro. Por inconstante. Por no vivir a la altura de las expectativas de un país ansioso de nuevos ídolos. Pero desde hace un tiempo la nueva tanda de varillazos que recibe Juan Fernando Quintero, uno de los futbolistas más talentosos del país, llega porque reveló su otra faceta. “Juanfer”, “Quinterito”, pudo haber sido como su amigo Maluma pero escogió las canchas. Sin embargo, no abandonó el estudio de grabación. ¿A qué suena la faceta musical del 10?

Por: Fabián Páez López / Fotos: Limona Botero  

Recientemente, la Liga de Fútbol Profesional colombiano recuperó a varios nombres conocidos. Volvió el América, después de cinco años en la B; volvió el ídolo de Chicoral, Dayro Moreno, siete años después de regalarnos una de las celebraciones más representativas del balompié criollo (el día que, siendo delantero del Once Caldas, abrazó una botella inflable de aguardiente Cristal después de marcarle gol a Quindío). También volvió uno que sonó, literalmente, más que todos, Juan Fernando Quintero.

A los 24 años, después de haber salido muy viche de casa, el “diez” paisa retornó a su tierra para jugar con la camiseta del Independiente Medellín. Muy joven empezó su carrera como profesional en el Envigado, pasó por el Nacional y desde allí, en 2012, arrancó su travesía por el mundo. Pasó por las ligas de Italia, Portugal y Francia; además, fue figura en un partido de la Selección Colombia durante uno de los eventos en los que el bus de la victoria alcanzó a sufrir de sobrecupo, el Mundial de Brasil. En esa ocasión le hizo un gol decisivo a la selección de Costa de Marfil.

Luego de que le hiciéramos la propaganda descomunal que solemos hacerle a cada joven con talento que cruza la frontera, y de rondar de club en club por Europa sin encontrar muchos minutos, fue trasferido desde el Porto de Portugal al equipo rojo de la capital de la montaña en un movimiento tardío que le costó seis meses de inactividad. Acá vino a recuperar el ritmo.

El día que Quintero volvió a pisar el césped en la Liga, uno de esos pintorescos narradores que nos gastamos en estas tierras le puso un par de apodos nuevos. Lo llamó “El Cangry” (apodo de Daddy Yankee), y peor “Luny Tunes y Noriega” (pioneros dominicanos del género). Lo hacía porque, a su regreso de Europa, conocíamos a dos Juan Fernando Quintero. Uno, el futbolista: un crack zurdo, bajito, de pie fino y con una técnica que los viejos comparan con la del Pibe Valderrama. El otro, cantante de reggaetón: conocido por haber aparecido en canciones como Cibernauta  –un remix con Landa Freak y Element Black– y No te enamores –grabada junto a un puertorriqueño que le dicen “el boquisucio” Luigi 21 Plus–.

Ambos, el Quintero reggaetonero y el futbolista, tienen su origen en el mismo lugar: en la escuela de fútbol del Envigado. Todo sucedió antes de que los comentaristas deportivos encontraran una inexplicable conexión entre cantar canciones y el rendimiento en la cancha. De hecho, cualquiera que haya tenido que vivir una concentración o estar en un camerino con un equipo en este país sabrá que, por los orígenes geográficos de quienes terminan siendo futbolistas, si hay algo importante en un grupo es la música. Sobre todo los ritmos que suenan en tierras como Tumaco, Buenaventura, Chocó o Urabá, tierras escazas de dinero pero abundantes en talento musical y futbolístico. No es gratis que cada que Yerry Mina, Cuadrado o Miñia (Pablito Armero) hagan gol a sus compañeros de club les toque empezar a practicar movimientos de cadera.

Después de una práctica en Llanogrande, sede deportiva del Medellín, antes de que Juanfer saliera figura en su debut de la liga contra Millonarios, pasamos una tarde con él en Envigado; en el estudio de Los Rude Boys (Kevin y Chan), quienes han producido a Maluma y han gestado arreglos para canciones de Shakira. Son sus amigos de fútbol y de música. Para ellos, como para la mayoría de gente en este pedazo de tierra, la única forma ascender socialmente pasa por del deporte o por la música.

“No es porque sea mi amigo, pero Maluma juega muy bien. Cuando jugamos con amigos marca la diferencia, él jugaba de volante por la izquierda”.

“No es porque sea mi amigo, pero Maluma juega muy bien. Cuando jugamos con amigos marca la diferencia, él jugaba de volante por la izquierda”.

 

Cuenta Juan Fernando que en las divisiones inferiores del Envigado, a los diez años, se hizo amigo de un volante por izquierda que se llamaba Juan Luis Londoño, a quien hoy el mundo conoce como Maluma. Se llevaban un año de diferencia y jugaron en la misma categoría, pero cada uno jaló para lados diferentes. Fue el mismo Maluma, su amigo de infancia, el que hace cuatro años mientras estaba grabando en el estudio de Kevin y Chan, hizo que Quintero se estrenara detrás de los micrófonos. El resultado fue una canción que, o no me quisieron mostrar o, probablemente, ya se perdió entre sus archivos: “era muy grosera. Se llamaba algo así como Te lo meto”, me dijo.

Fue también Maluma el que le presentó al puertorriqueño Luigi 21 Plus, con quien grabó su segunda canción para que el público la escuchara, No te enamores, tema que quedó incluido en el disco Back to Basics de Luigi el año pasado. La canción, se suponía, estaba hecha como un dueto con Maluma, pero “el boquisucio” lo anticipó y se la pidió a Quintero para incluirla en su álbum.

Como esa, dice Juanfer, hay guardadas unas 18 canciones que él mismo creó. También grabó con Maluma y con la gente de La Compañía (Mr. Pomps –quien ha trabajado como productor de Nicky Jam, Jiggy Drama y una lista larga de nombres–, Migueman y Dj Maff), amigos sanandresanos de vieja data. Le pregunté que por qué no sacaba las canciones y me dijo, “en el 2024. Primero hay que hacer muchas cosas. Primero hay que matar el fútbol y después soltamos la música. A muchos les gusta la música pero la gente no se atreve. Hay que hacer lo que a uno le gusta y realmente el fútbol es mi vida y la pasión que escogí. La música es un hobby muy bacano porque maneja estados de ánimo que tú puedes expresar, más cuando estás con amigos, con amistades, cuando hay gente tan profesional. No solo soy yo, hay mucho futbolista que le gusta hacer música por hobby”.

Pocos saben que uno de sus compañeros de Selección en el Mundial de Brasil, Jackson Martínez, parte de la colección de futbolistas que arrastró la Súper Liga China de Europa, también tiene varias canciones grabadas. Y que tienen una canción religiosa juntos.

Recientemente, la afición musical de Juanfer se convirtió en uno de los temas de conversación de varios periodistas deportivos (sí, esos que cuando entrevistan no preguntan, sino que hacen un comentario) que terminaron de críticos musicales y estéticos. Que por qué canta reggaetón y no tiró al arco, que por qué anda con Maluma y no regresa más rápido, que por qué se peina como Daddy Yankee y no juega a una intención, o peor, y esta es real, que el reggaetón lo quemó. ¿A lo bien? ¿A los 24 años? ¿Después de que en pocos partidos demostró, de nuevo, que es de lo más claro que hay en el fútbol criollo? Seguro, el que haya dicho eso nunca debió haber tocado una pelota; o lo habrá hecho con serias dificultades. Pero hay que ponerse en los guayos del jugador. No debe ser fácil quitarse los cortos y tener que aguantarse una tanda de comentarios de su vida extradeportiva. 

Tenemos que aceptarlo. Solo hay una razón para que le hayan caído tan duro a Juanfer por haber puesto a rodar un par de canciones: que eran de reggaetón. Seguramente, si en su tiempo libre tocara el fagot, el clavecín o la mandolina no le caerían tan duro. Pero acá somos de moral espumosa, de esa que dudaba del reggaetón criollo hasta que Balvin abrió camino en las ligas mayores y empezó a juntarse con Pharrell. 

La vida de un futbolista profesional, a diferencia de la del oficinista que tiene que estar todo el tiempo calentando silla para que el jefe piense que trabaja más, casi siempre tiene tiempo libre para hacer lo que le plazca.

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“Mi artista preferido es Juan Luis Guerra. Crecí en una familia que le gustaba mucho la salsa. Yo me voy a entrenar en el carro y pongo pura salsa y reggaetón. Me gustan los temas clásicos y las baladas”

 

La rutina de Juanfer empieza bien temprano: sale a entrenar a las siete de la mañana y al mediodía ya está almorzando; pasa tiempo con su pequeña hija y su esposa y, si no hay un partido muy encima, hace gimnasio con su profesor personal. La mayoría de veces desde las seis de la tarde hasta que se duerme, pasa tiempo con sus amigos, como cualquier persona de su edad, a veces en el estudio, a veces jugando más fútbol.

A Quintero lo han querido crucificar por tener una doble vida pública. Porque conocen un pedazo de más de su vida por fuera de las canchas y, preciso, no estuvo en su mejor momento en el fútbol. O por participar de la música que le gusta, el reggaetón. Pero ese es otro tema. A Quintero no deberíamos pedirle explicaciones musicales, como a Maluma no hay que pedirle reflexiones sobre feminismo o a Daniel Torres no hay que pedirle manifestaciones públicas sobre política. En eso, la música y el fútbol también se parecen.

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