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La agencia de Snapchat demanda a un influencer por no influenciar

Los humanos/anuncio publicitario que hoy crecen por internet, al parecer, no son el futuro del marketing
Foto Gettyimages
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Por
Redacción Shock

La firma de relaciones públicas de Snapchar, PR Consulting, está demandando a quien se hace llamar “#actor / #modelo / #INFLUENCER” de 20 años de edad, Luka Sabbat. La suma: 90.000 dólares. La causa: el #influencer no influyó lo suficiente bien para ellos.

Marca, date cuenta

PRC alega que firmó un acuerdo con Sabbat para compartir tres historias de Instagram y una publicación suya que sacudiera a los nuevos usuarios de snapchat con sus 1.4 millones de seguidores en Instagram, pero el joven, por alguna razón, solo publicó una historia y una publicación.

¿Están sobredimensionando la capacidad de los “influenciadores”? ¿Está bien depositar la comunicación de una marca en un joven de 20 años que un día cuyo mérito es publicar constantemente que se fue de paseo o que está visitando a su abuela?

(Lea también: Ya no necesitamos influenciadores: se pueden programar por computador)

Snapchat contrató a la firma de relaciones públicas para contratar a un influencer que impulsara en la compañía rival (la que le robó la idea de las historias) su renovación Snap Spectacle.

Sabbat, el “influencer”,  recibió $45.000 de pago por adelantado con la promesa de otros $15.000 luego de la publicación. El contrato ordenaba a Sabbat agregar cosas como enlaces de "deslizamiento" a 2 de esas publicaciones de historias y pedir la aprobación previa de la agencia PRC, además de enviar el seguimiento del rendimiento de cada publicación. El joven…lo ignoró.

Al parecer, fue mucha responsabilidad.

La agencia alegó en la demanda que “Sabbat se enriqueció injustamente”. ¿Se avecina una ola de demandas?

Según Snapchat, ellos no tuvieron nada que ver con la decisión de la agencia PRC; y, según se cree, la demanda podría hacer más daño a su reputación, que ya es inestable.

Lo cierto es que Snapchat no parece tener un futuro promosorio. Y tampoco el negocio de los influencers: una burbuja de humo próxima a estallar.

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