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Lo que no se ha dicho (y visto) sobre el grafiti vandálico en Transmilenio

Marcar la calle, irrumpir en el espacio privado, generar vínculos entre amigos. Nos metimos de cabeza en la ejecución del grafiti vandálico.
Por
Redacción Shock

Cada que un grafiti causa impacto en una ciudad se dicen muchas cosas. Casi siempre, la discución gira alrededor de lo mismo: la distancia entre arte y vandalismo, la prohibición, el castigo desmedido, la criminalización y los juicios estéticos sobre la obra. Pero hay que reconocer que, muy pocas veces, se termina hablando del fondo: cosas como el sentido social que tiene el mundo del grafiti para los jóvenes o las problemáticas barreras entre lo público y lo privado, deberían ser el trending topic cada que, como pasó hace unos meses en Bogotá, pintan un Transmilenio.

Hablamos con uno de los grafiteros que más pintan en la capital, visible por coronar espacios que parecieran inalcanzables. Lo acompañamos en algunas de sus temerarias obras y también hablamos con Armando Silva, filósofo y semiólogo reconocido por haber llevado a la academia el universo del grafiti en su libro Imaginarios urbanos.

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