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Los insultos del hincha colombiano al DT del Barça muestran lo peor de nosotros

Lo mejor y lo peor de Colombia es su gente.
Foto: Gettyimages
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Redacción Shock

A falta de un mal momento de James en el Real Madrid, circula una nueva ola de insultos en internet. Es una epidemia virulenta que germinó en la misma tierra que vio nacer los populares ‘Le voy a dar en la cara, marica’, ‘Golpe con golpe yo pago’ y, por supuesto, ‘Meta a James, calvo hijueputa’. Por culpa del fichaje de Yerry Mina, ahora la nueva víctima es el entrenador del FC. Barcelona, Ernesto Valverde. Al paso que vamos, contratar un colombiano va a ser un encarte para los técnicos.

El central de Guachené no lleva ni un mes en su nuevo club. Llegó proveniente del Palmeiras de Brasil porque pintaba bien, por joven, por ser fuerte en el juego aéreo y porque su FUTURO promete. Aterrizó joven en el Barca con la humildad de alguien que sabe que está en un club que es el techo del fútbol; hasta le respondió de ‘si señor’ al lateral izquierdo Jordi Alba recién lo conoció. Solo ha sido convocado para un partido de Copa del Rey ante el Espanyol, uno decisivo. Y uno se mete al Instagram del Txingurri, como le dicen al DT de Barcelona, y lo primero que se encuentra es un hilo de elucubraciones e insultos de tamaño mayor que nada tienen que ver con el fútbol. Que ‘por qué no metió a Yerry y si a Coutinho’, que ‘Valverde hijueputa’, que ‘tiene la nariz como la cabeza de la monda pelada’, etc.

Para la muestra:

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Uno puede meter en un mismo saco una lista de actitudes preocupantes en internet. Las noticias falsas que se usaron para que Trump ganara, los linchamientos virtuales a mujeres y hombres acusados de cualquier cosa sin tener pruebas y los comentarios a los técnicos que no ponen a los jugadores colombianos. Y lo preocupante, más que los comentarios, es la salud mental del lugar de donde provienen esas palabras. Porque si estas tierras tuvieran el índice criminal de Islandia, esas palabras serian chistes, malos, al fin y al cabo, pero triviales.

Pero ese odio que destila el colombiano que insulta desconocidos por internet, muy alejado del rendimiento o el horizonte del fútbol, tiene muchas aristas. Está, por encima de todas las cosas, el patrioterismo: esa maña criolla de creer que este es el mejor vividero del mundo y que cualquier cosa que de alguna forma afecte el nombre patrio es una ofensa. Colombia siempre ha tenido una actitud muy millenial: sensible ante la crítica. Sin importar la foto o el tipo de la publicación que haga Valverde, desde que llegó Mina, aparecen los comentarios ofensivos. Como si tuvieran que ponerlo, como si fuéramos el ombligo del mundo. Y pues no, ni siquiera Ecuador lo es, aunque está en la mitad del globo.

A ese peligroso amor patrio hay que sumarle la intrascendencia de nuestra actividad virtual. ¿En serio alguien cree que Zidane o Valverde van a poner a al colombiano del equipo el día que alguien le ponga en sus redes un meme que simula a Pablo Escobar planeando un atentado? ¿A lo bien? Escribir comentarios en Instagram es como gritarle a la pared. De hecho, muchas veces es un grito desesperado para tapar la soledad del que está detrás de la pantalla, para sentir que alguien tiene en cuenta su opinión así todos los escritos se pierdan entre las toneladas de mierda que circulan en internet.

Si llega el día en que se vuelva tan inmanejable ese odio en la red, no solo van a ser los técnicos de fútbol los que no quieran contratar colombianos. Van a volver las visas negadas, las retenciones en migración y los insultos de regreso. Bien dice el dicho, que, si no es un dicho, debería serlo: lo mejor y lo peor de Colombia es su gente.

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