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Los verdaderos peligros del terrorismo vegano

¿Se viene una guerra entre carniceros y veganos?
GettyImages / Sylvain Lefevre
GettyImages / Sylvain Lefevre
Por
Victor Solano

Según algunos medios, la amenaza ultravegana tiene asustados a los carniceros en Francia al punto de que tienen que contratar guardias privados para “proteger su vida”. Pero, ¿se trata realmente de un riesgo? ¿Exageran quienes piensan que el veganismo es una ideología cuyo fin es convencer a los demás de su superioridad dietética y moral? ¿Hay en verdad terroristas del apio y el brócoli? Le preguntamos a una vegana y esto fue lo que nos dijo.

Por: Víctor Solano Urrutia

Primero que todo, resulta poco probable que en verdad se esté fraguando una contienda armada entre veganos y carniceros en Francia, como últimamente lo han hecho creer los medios. A decir verdad, ¿quién querría meterse con un montón de hombres armados con afilados cuchillos y cubiertos en sangre caliente? Sin embargo, nadie se iba a imaginar que en pleno 2018 se presentarían varios hechos que nos hacen creer que vivimos en un mundo al estilo de la película Okja, es decir, entre animalistas encapuchados y carniceros maniáticos. https://www.infobae.com/america/mundo/2018/09/21/carniceros-en-francia-contratan-guardias-de-seguridad-para-protegerse-de-los-ultraveganos/

En junio de este año la Confederación francesa de carniceros y charcuteros (CFBCT), compuesta por cerca de 18,000 trabajadores, pidió protección a la fuerza pública de ese país tras denunciar que muchos de ellos han sido agredidos o increpados por manifestantes anticarne, antiganadería y antiespecistas. Llama la atención que en la carta de la CFBCT se aluda a estos grupúsculos como si se tratara de peligrosas y coloridas minorías provenientes de la imaginación de Donald Trump. Lamentaban que una parte de la población quisiera “imponer a la inmensa mayoría su modo de vida, por no decir su ideología”. 

El discurso del “terrorista oculto” asusta, casi pareciera que esta gente anduviera con papas bomba (orgánicas) esperando a que un carnicero asome la cabeza para lanzar el artefacto. Exagerado o no, el reclamo de los carniceros franceses y de los diversos grupos anti-carne pone de manifiesto el hecho de que los animales y sus usos nos alteran demasiado. https://www.elespectador.com/noticias/actualidad/carniceros-en-francia-piden-proteccion-frente-los-veganos-articulo-796417

¿Se trata de una ideología?

Hablamos con Nina, una mujer que vive a las afueras de Bogotá en una finca orgánica autosostenible. Ella practica el vegetarianismo “casi casi vegano” (porque consume huevo) desde hace 26 años. Queríamos entender cómo era posible una vida a ese ritmo, qué tan fácil era serlo en Colombia y si es viable el nacimiento de una guerrilla vegana en el futuro. 

“La proteína se volvió una obsesión”, me dice cuando le pregunto cómo hace un vegetariano o un vegano para mantener los niveles energéticos balanceados en una sociedad que demanda energías de donde no las hay. “Es una idea que nos han vendido, que los vegetarianos y veganos vivimos flaquitos porque no comemos la suficiente proteína. Pero ¿quién dijo que había que comer proteína todo el tiempo, todos los días?”. En su opinión, a los veganos/vegetarianos se les dice todo el tiempo qué comer y en qué cantidades. Además, para argumentar el valor de su dieta, se volvió un común denominador que estas personas recurran a la invención de todo un estilo de vida coherente con sus elecciones alimenticias. 

Eso lo explica Nina porque, según ella, la decisión de volverse vegano/vegetariano depende de qué tan consecuente es uno con su cuerpo y con los demás seres vivos. 

Bajo este criterio, el que come chicharrón con gaseosa al desayuno poco o nada le importará la cadena productiva de los alimentos, el sufrimiento de los animales, o el efecto de las grasas y los azúcares en el organismo. Pero en cambio, sobre el vegano/vegetariano pesa toda la responsabilidad de aprenderse las tablas nutricionales de pe a pa o de conocer una variedad de productos exóticos y mercados donde comprarlos. Hasta pareciera que estos esfuerzos por sí solos no bastaran: también tiene que demostrar que es un buen vegano/vegetariano a los ojos de los demás. Mientras “menos occidental” luzca su lista de mercado, más beneficios obtendrá en la balanza del karma. 

La fórmula de esta balanza sólo consiste en cambiar la dieta, ese es apenas el punto de partida. La invención del estilo de vida incluye apreciar o practicar determinada técnica de meditación, denunciar el maltrato animal por medio de cadenas de Whatsapp con el sello de Greenpeace, comprar en mercados orgánicos para nada baratos y asistir de vez en cuando a talleres hippies y chamanísticos a las afueras de la ciudad. Es un peso grande considerando que no todos los veganos/vegetarianos adoptan este estilo por moda o por moral; razones hay muchas, incluida la salud. Sin embargo, como dice Nina, a los practicantes de estas dietas alternativas los afecta tanto la “ideología del consumo” como a los llamados carnívoros.

Pero esta tal ideología tiene una razón de ser que se vuelve muy lógica en nuestros contextos modernos. Durante todo el tiempo que hablamos, Nina me sacó estadísticas, estudios médicos, comprobaciones nutricionales y mantras orientales, todo lo cual hace imposible contradecirla sin sentirse moralmente apenado. Incluso me habló del respiracionismo. Se trata de la técnica de observación y respiración, supuestamente inspirada en saberes ancestrales, que consiste en alimentarse del aire y del sol. Algunos de sus practicantes dicen que esto les ayuda a vivir sanos, sobre todo porque argumentan que sus prácticas no son religión, sino ciencia comprobable. https://www.elespectador.com/impreso/articuloimpreso168015-el-hombre-se-alimenta-del-sol

Pero ¿qué tiene que ver el respiracionismo con lo vegano/vegetariano? En principio muy poco, pero ambas se relacionan en que parecen combinar lo ancestral u oriental con lo moderno; la espiritualidad con la ciencia. Sin embargo, y aquí viene la contradicción, cuando se duda de su efectividad, algunos veganos/vegetarianos dicen que la ciencia los respalda y que está comprobado que determinadas dietas ayudan a una mejor digestión o aumentar la longevidad. Pero al mismo tiempo, cuando se cuestiona su carácter moral dicen que su dieta les permite conectarse con la naturaleza, reducir la violencia contra los seres vivos y despertar su conciencia. Ahora bien, el punto no es si tienen la razón, si la “ciencia dura” dice que están o no en lo correcto. Lo interesante es cómo estos argumentos cierran toda posibilidad de diálogo y de juicio que no sea moral. La invención del estilo de vida basado en las ciencias o las pseudo-ciencias, crea el concepto mismo de la verdad incuestionable. Y hacia allá nos lleva este debate. 

La generación que “ama” la naturaleza

Destaquemos una cosa. Somos una generación que ama decir que está abierta a las múltiples culturas, que no juzga a los demás, que quiere aprender de los saberes exóticos porque es mucho lo que tienen para aportar. Pero, al mismo tiempo, nos obsesiona la ciencia. Creemos que cualquier dato o estudio con la etiqueta de “según expertos…” soluciona todos los problemas del mundo. Es más o menos así: si no consumo alimentos sólidos y sólo respiro y miro al sol, puedo estar tranquilo porque la medicina me respalda. Si no quiero convencer al otro de que sea vegano nivel 6, no debo preocuparme porque, como dice Nina: “algún día la humanidad puede que evolucione al vegetarianismo”. Un momento, ¿entonces estamos en la prehistoria de la humanidad o algo así?

Es un mantra del tipo “perdónalos porque no saben lo que hacen”. Y en efecto, muchos no sabemos de dónde viene nuestra comida. Nina me dice: “¡Me horroricé cuando escuché la historia de que los niños en Europa piensan que los huevos vienen del supermercado y no de la gallina!”. De hecho, según un estudio (bastante creíble, aunque parece de Actualidad Panamericana) que publicó The Washington Post, 16 millones de estadounidenses en el 2017 creían que la leche achocolatada provenía de vacas color marrón. Es un caso extremo, pero a veces vamos al otro extremo de la ignorancia, que tiene que ver con el refugio ciego en la ciencia. http://www.todoelcampo.com.uy/16-millones-de-estadounidenses-creen-que-la-leche-chocolatada-sale-de-vacas-marrones-15?nid=29515

Cuando X o Y página publica “consejos para una vida saludable”, nos afanamos por compartirlo para demostrar cuán saludables, científicos y conscientes somos, sin siquiera leer lo que compartimos. Y más cuando citan una fuente con el nombre impronunciable de una universidad prestigiosa, que bien podría ser un instituto técnico de Chapinero que nos meten como gato por liebre. Quizá la ciencia nos está obsesionando más que la proteína, porque literalmente le comemos el cuento entero. 

Los que creen que vivimos en un estadio prehistórico por comer carne han desarrollado toda una industria autosostenible, orgánica y “libre de karma”. Su premisa es “hazte vegetariano y evoluciona”. La cosa se complejiza si miramos las redes que involucran a personas como Nina: escuelas de yoga, restaurantes vegetarianos, libros de nutrición especializados, medicina homeopática, talleres artesanales, rutas turísticas ancestrales, mercados orgánicos, etcétera, etcétera. Son una gran familia que no necesita de los mortales carnívoros para existir. 

Los veganos/vegetarianos muchas veces están convencidos de que su transición los lleva a un cierto grado de armonía con los ecosistemas y la viabilidad terrestre, pero en ocasiones ignoran que incluso la producción masiva de frutas y verduras causa estragos tanto para animales como para personas. Aunque es cierto que es necesario bajar el consumo de carne como medida frente al calentamiento global, si todos en el mundo dejáramos la carne, no habría espacio para los bosques y la biodiversidad, y los impactos en la salud serían múltiples. Ah, pero la ciencia (o la gente disfrazada con batas blancas) dice lo contrario, lo sé porque ¡10 tips para adelgazar, ser mamá, trabajar 20 horas diarias y mantener una dieta sana me lo confirman! https://www.bbc.com/mundo/noticias-38183563

Volviendo al tema de Francia, Nina está convencida de que esos manifestantes que atacan a los carniceros están equivocados. “¿De qué conciencia hablo si voy a amenazar a un carnicero?”. Es claro que este tipo de protestas ya no son justificadas, todos queremos ser conciliadores y pacíficos. Pero no le quita que las tácticas que a algunos les parecen violentas son ahora más sutiles: puedo y hasta debo decir a los demás de qué maneras mi dieta es mejor que la suya porque “la ciencia” y “la verdad” están de mi lado. 

El terrorismo vegano está lejos de ser como lo pintan en televisión y en internet. Más allá de eso, hay decisiones conscientes de las personas que optan por estos caminos, pero la pregunta es si asumen o no las consecuencias del estilo de vida que a veces se les impone como responsabilidad ética, y qué efectos trae eso para sí mismos y para el mundo que los rodea. Por otro lado, es evidente que la ciencia se ha vuelto el escudo mediático de muchos veganos/vegetarianos para evitar estos cuestionamientos, y esto tiene un peso enorme en la sociedad. Así que, si algún día “evolucionamos”, los pocos carnívoros que quedemos no tendremos más alternativa que convertirnos o sucumbir porque ese parece ser el cauce natural de la humanidad.