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Mayweather vs McGregor o la recocha más rentable en la historia del boxeo

La pelea, más que una farsa, será una farsa sensacional.
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Álvaro Castellanos

La pelea, más que una farsa, será una farsa sensacional.

Por: Álvaro Castellanos | @alvaro_caste

Conor McGregor llega en Los Ángeles a su careo mediático con el detestable Floyd Mayweather Jr. en un traje azul oscuro bien apretado de diez mil dólares. Cientos de cámaras graban cada segundo este circense encuentro. Visto de cerca, el vestido del irlandés tiene unas letras pequeñitas que, de arriba a abajo, dicen “Fuck you”. El tipo, intimidante, canchero, es una máquina de destrucción que de adolescente se metió a clases de artes marciales para defenderse del bullying que le hacían en el colegio por debilucho; y en la actualidad, ya convertido en una celebridad universal, amasa tremendo prestigio a punta de vencer a otras máquinas de destrucción en el violento y competitivo mundo del UFC. Falta, en ese momento, más de un mes para el choque que algunos tabloides se atreven a calificar como “la pelea del siglo”, pero para “The Notorious”, de 29 años, apenas será su primera como boxeador. Durante su aplastante carrera en las Artes Marciales mixtas, McGregor ha ganado más de 20 millones de dólares, pero se dice que sólo por pelear con Mayweather podrá encajar, aun si pierde, unos 100 millones libres. Es decir, en una noche ganaría cinco veces más de lo que ha ganado en toda su vida.

Sin tener certeza total sobre el desenlace de esta recocha, es casi un hecho que la ganará Mayweather, que se retiró hace dos años luego de vencer al estadounidense André Berto y redondear un récord bestial de 49 victorias y cero derrotas. A uno le hablan de un boxeador sin derrotas y se imagina a un tipo demoledor en el ring. Pero no. La expectativa que produce verlo pelear comparada con la realidad me recuerda ese capítulo de South Park en el que Cartman, Kyle, Stan y Kenny se meten todos emocionados a entrenar lucha libre, pensando que iba a ser como en la WWE, pero luego descubren que se trata de lucha grecorromana, con llaves a la antigua, trusas cursis y gorritos de protección.

Se equivoca uno creyendo que el boxeo es como una película de Rocky cuando, finalmente, defenderse también vale y aunque arranque bostezos, entrega también invictos históricos. Mayweather, apodado hace tiempo como “Pretty Boy” (lo siento, Maluma), tiene 40 años y un estilo ultra-defensivo, que para el seguidor espontáneo del boxeo resulta aburridísimo, aunque a él mucho no le importa. Deportivamente, el exboxeador nacido en Michigan batió el récord histórico de victorias de Rocky Marciano y, en lo económico, se llegó a ganar 700 millones de dólares; mientras que su regreso del retiro será por una buena causa, pues tirarse puños con McGregor le representará una platica que asciende a los 150 millones. Ningún otro deporte entrega semejante plata tan absurda por competir una sola vez. Sólo el boxeo que, en parte, ha perdido su prestigio, pues la riqueza que lo rodea en su más alto nivel ha terminado empañando la solemnidad que en principio representa.

Si ambos se encontraran en la calle borrachos, le apostaría mi sueldo a McGregor. Pero como se verán en un ring de boxeo, con reglas de boxeo, es casi inevitable esperar que Mayweather venza al británico cuando la pelea vaya por la mitad. Eso consideran los apostadores, que muy diferente pensarían si fuera Floyd el que se subiera a un octágono de UFC a esquivarle los puños, patadas y llaves al peligroso Conor quien, en sus 25 peleas profesionales, ganó 22 (19 de ellas por knock-out). Otro pálpito fuerte de quienes metieron plata en esta pelea apunta a que el irlandés perderá por descalificación al sentirse impotente en su debut como boxeador y termine disparando golpes ilegales hasta quedar fuera.

Cuando en 2015 le preguntaron a Mike Tyson, uno de los boxeadores más famosos y letales de la historia, sobre Mayweather, su respuesta no pudo ser mejor. “Mi madre siempre me dijo que si no puedes decir algo bueno sobre alguien, mejor no digas nada”. En efecto, don Money, apodo que le queda muy bien teniendo en cuenta la ramplonería de excesos que escupe en su cuenta de Instagram, se ha vendido siempre como un exhibicionista con la plata. Es muy común que chicanee canecas llenas de billetes, lujos exorbitantes, joyas, aviones y viejas poniéndole el culo operado encima. Entre 2012 y 2015, Mayweather ocupó el trono del deportista mejor pagado del planeta. Ni Messi, Cristino, LeBron James o Federer se acercan a lo que percibió Mayweather en su carrera. “La mitad de la gente paga para verme ganar y la otra mitad para verme perder, pero a fin de cuentas todos pagan”, dijo Floyd en 2015 antes de vencer por decisión de los jueces a Manny Pacquiao en un enfrentamiento que sí tenía más cara de ser llamado “la pelea del siglo”. A diferencia de Tyson, hay que decirlo, Mayweather sí es buenísimo para multiplicar la plata.

 

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Después de su careo en Los Angeles, Floyd y Conor se encuentran en tres caricaturescos momentos más. Primero, en Toronto, donde el primero se burla del segundo al aparecerse con una bandera de Irlanda. Luego, en Londres, donde no pasa mucho. Y después, en Nueva York, donde McGregor cobra venganza al tirar por los aires una rufla de billetes de 100 dólares para emular la chabacanería de su rival. Con un delicioso pantalón de colorinches con tonos pastel y boleros cortos a los lados, y un abrigo abierto de piel que le permite mostrar los tatuajes de un chimpancé y un tigre en su pecho y abdomen, podríamos decir que, al menos por lo sucedido en la antesala, el enfrentamiento comienza “ganándolo” el británico.

Está claro que esta pelea, más que una farsa, será una farsa sensacional. Una función teatral serie B. Llena de extravagancias. Será entretenida, seguro, pero muy extraña también. Como una película de zombies enanos strippers que viajan en el tiempo, o algo así. Como las apuestas estaban muy a favor de Mayweather, a los bacanes de la comisión boxística de Nevada se les ocurrió darle a McGregor la posibilidad de pelear con guantes más pequeños y afines a su práctica. El irlandés tendrá unos de ocho onzas, dos menos que los reglamentarios, y con esto se supone que, dado el poder de sus puños, suma opciones de ganar por Knock-Out. La ayudita a McGregor seguro busca que la balanza de las apuestas se nivele un poco y haya más gente metiendo plata en este evento al infundir el rumor de que el irlandés tiene algo de posibilidad de ganar. En EE.UU., acceder la pelea por TV cuesta entre 89 y 99 dólares. De los millones de personas que paguen por ver esta carajada saldrá gran parte del platal que ambos percibirán por saltar este sábado al ring del T-Mobile de Las Vegas, cuya capacidad es de 20.000 personas y las entradas cuestan entre 3.500 y 19.000 dólares. Una ganga.

La pelea, como sabemos, será Trending Topic mundial y se volverá una máquina masiva de producción de memes y chistes pendejos. En este marco tan bufonesco aparecerán los indignados de siempre de las redes sociales. También, un generoso porcentaje de desparchados que no tendremos nada mejor que hacer ese sábado por la noche y terminaremos enganchándonos y viéndola en algún lugar o alguna casa de un amigo con paquetes premium de cable. Y finalmente, llegarán de todos los frentes los expertos descarados de Twitter que, con Google a la mano, darán cátedra de todo el boxeo que no conocen.

Desde ya conviene advertirles a los que están molestos con esta pelea que no se la tomen tan en serio. Los puristas de tan genial deporte no deberían desgastarse al creer que este evento será más nocivo que haber visto el eclipse sin las gafitas especiales de Foto Japón. Motivos les sobran para criticarlo, porque claro. Uno ya está retirado y el otro nunca en la vida ha boxeado. Pero en definitiva creería que a la venta de humo más grande en la historia del boxeo no hay que darle un valor deportivo. Mal haría uno si se mete en el juego de la indignación. Será más entretenimiento que otra cosa. Aparte, se dice que en un mediano plazo podría haber dizque una “revancha” con el único fin de hacer más plata. La idea, de entrada, suena una porquería y justamente por eso es muy probable que ocurra.

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