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No dárselo a todo el mundo no significa ser una morronga

Demisexual: “seré muchas cosas, morronga no es una de ellas”
Por
Trilce Ortiz

Los invito a hacer un ejercicio bien sencillo, ahí mismo, en el celular que tienen en la mano: Googleen el término “demisexual”. La palabra se compone del prefijo en inglés demi -que quiere decir a medias, o mitad- y del latín sexus -sexo, por si había confusión-. El híbrido se lo inventó la Asexual Visibility and Education Network para definir a las personas que solamente sienten atracción sexual hacia otros con quienes tienen lazos emocionales fuertes, establecidos durante cierto tiempo. Es decir, las personas demisexuales solo sienten ganas de echarse a la muela a gente que conocen y por quienes sienten algo. A mí la vaina no me parece nada desfasada. 

Por: Trilce Ortiz  Foto: New Girl

Mariana, a la que evidentemente le cambié el nombre, ha sido amiga mía por años y se ha aguantado, hasta donde su humana paciencia se lo ha permitido, todo tipo de comentarios pendejos a lo largo de su vida. “A mí me han dicho de todo, morronga, tapada, frustrada sexual. Yo no soy lo que llaman una ‘niña de su casa’, soy independiente, me encanta la rumba, conocer gente, salir, y pasarla rico. Es un ambiente donde todo el mundo se autoproclama ‘liberado sexual’ y como yo no se lo ando dando a todo el mundo o me juzgan o pierden el interés bastante rápido’, cuenta ella. Muerta de la risa agrega “a veces pienso si tratar de meterme en el cristianismo o alguna joda así me haría la vida más fácil”.

La realidad es que tener a la sociedad contenta es labor titánica y fallida. Que si las mujeres nos acostamos con los manes en la primera cita “no las juzgan, pero no se las toman tan en serio, porque a la final nadie quiere de novia a una vieja que lo da tan fácil”, que si no se lo damos después de par invitadas a salir “son unas rogadas”, que lo ideal es que no hayan tenido tantas parejas sexuales, pero que a la hora veinte sean unas duchas en la cama. No les da contentillo nadie, menos mal después de una cierta edad todas más o menos llegamos a punto donde nos deja de afectar tanto lo que piensen o dejen de pensar de nosotras. 

“A mí no es que me importe tanto lo que diga la gente, por lo menos no tanto como antes, pero si encuentro que hay mucha presión por el tema sexual y finalmente me parece irrespetuoso que los manes y viejas, quieran dictaminar la manera en la que uno debe sentir y los ritmos a los que debe ir”, agrega Mariana. Hace tres años que ella no tiene pareja, porque no ha dado con alguien que se adapte a su realidad de ser amigos y quererse antes de meterse en la cama. “Yo por sexo no sufro, no es que sea frígida, yo me masturbo todos los días y me encanta, pero no ando por la calle botando baba por los manes que pasan, no salgo ‘de cacería’ los viernes por la noche, puedo apreciar la belleza en los tipos que conozco, pero no me los quiero comer, no de entrada”. 

Ojo, no estoy para nada negando la realidad de que hay mujeres a las que el discurso de “mijita, hágase desear” de la abuelita le jodió el chip y efectivamente utilizan la sexualidad como una forma de manipulación, lo que estoy diciendo es que no siempre es el caso. Vivimos en una sociedad hiper-sexualizada, donde la delgada línea entre la aceptación de la naturalidad de que somos seres sexuales se tropieza con que todo tenga connotación erótica. Las relaciones suceden a mil, Tinder nos ofrece la posibilidad -o por lo menos la ilusión- del sexo instantáneo, y aunque no hay una manera correcta de establecer vínculos de cama, lo que sí hay, son innumerables maneras, casi todas muy válidas. 

Tampoco estoy diciendo que ser demisexual sea exclusivo de las chicas, es una condición y manejo de la sexualidad que le ocurre a humanos en el mundo, independientemente de su orientación sexual, a medio camino entre los asexuales, que tienen cero de atracción sexual por nadie y los alosexuales que sí. A los hombres demisexuales les toca también enfrentarse a una sociedad machista que constantemente los presiona a “ser todos unos varones” demostrando su voracidad y aguante sexual y los juzga de mariquitas porque no quieren hacerle la vuelta a cuanta mujeres se les pasa por delante. 

Mi descontento comienza con el término demisexual, o con la etimología del mismo, porque los demisexuales no tienen sexualidades cojas o incompletas. Y continúa con la gente que, desconociendo otras formas de relacionarse con la sexualidad que no se parecen a la suya, tilda de mojigatos a quienes no andan por ahí, tirando como conejos. Los demisexuales, en realidad, van por la vida frescos, sin sentir deseo sexual, hasta que después de conectarse emocionalmente con alguien -bien sea a nivel romántico o de amistad profunda- se les alborota.

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