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¿Quiere ser youtuber? Conozca antes el lado oscuro del youtuberismo

Confesiones de youtubers desesperados como PewDiePie, Germán Garmendia, Kika Nieto o Essena O’Neil.
German Garmendia
German Garmendia
Por
Juan Camilo Ospina Deaza

YouTube ha liderado la revolución del entretenimiento, le ha dado voz a los que no la tenían, le ha dado fama a los ignorados y ha destapado problemas que antes eran tabú. Pero, así mismo, hay una delicada capa de censura política y social en la que a muchos les ha tocado fingir que son políticamente correctos, complacientes y felices por siempre.

Por: Juan Camilo Ospina Deaza y Valeria Sánchez Prieto

YouTube cumplió la promesa moderna de la libertad de expresión individual. En sus anuncios el mensaje es claro: “si quieres expresarte, si deseas que otros te escuchen, toma una cámara, grábate y súbelo”. Teniendo en cuenta el alcance del internet y la facilidad de acceso a la tecnología, desde sus inicios ha sido una plataforma que permite a sus usuarios subir y consumir videos de cualquier tema, dando la oportunidad a los interesados filmar su cotidianidad. Basta con observar el primer video de YouTube, Me At The Zoo, en el que un joven está contando su experiencia en el zoológico.

Por su parte, el youtuber o en latin video producentis, es aquel espécimen que comparte videos de elaboración propia en los que se le ve haciendo algo interesante para un público concreto. Su perfil es muy amplio; la mayoría son bloggers, gamers, críticos, humoristas o expertos del mundo de la moda y la belleza, pero el secreto de esta profesión al alza es que cualquiera es potencialmente el próximo fenómeno de YouTube, ya sea para alcanzar la fama, el dinero o las dos.

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A pesar del encanto de este universo virtual, YouTube también tiene una parte más oscura y que no es tan evidente a la vista. Por ejemplo, PewDiePie, youtuber y comediante estadounidense, subió un video en el 2017 hablando de la “forced positivity”.  Comentaba cómo los bloggers-youtubers se muestran a sí mismos constantemente “felices” porque eso contribuye al aumento del número de visitas en un video, pero que va en contravía a la idea del blog como una ventana verdadera a la vida cotidiana de alguien. Como cualquier video que se basa en la grabación y en la edición, es una narración que selecciona y excluye elementos para contar una historia coherente.

De cierta manera, la felicidad vende más que la tristeza y en ese nivel se crea un tipo de censura. Llegó el punto en el que PewDiePie afirmaba que fingía felicidad en sus producciones cuando realmente odiaba lo que hacía en sus videos, con el fin de aumentar las visitas. Eso significa que, mientras vemos en sus videos cómo son personas felices, sin problemas, que disfrutan de viajes y de lujos; su vida cotidiana, en realidad, como la de cualquier persona está atravesada por fracasos, tristezas y penurias. ¡He aquí el “síndrome del payaso triste”!

Aunque públicamente se supone que los youtubers pueden tratar cualquier tema, tienen unas limitantes. YouTube lidia con la censura. A pesar de que su deseo inicial era permitir que todos expresaran lo que quisieran como quisieran, sistemáticamente la plataforma ha desarrollado políticas para restringir las formas de comunicación. Incluso tiene incorporado un sistema que detecta lo que se enuncia en los videos para identificar aquellas palabras que no deben ser nombradas. El bloqueo de YouTube ocurre por una gran variedad de razones, incluyendo limitar la exposición del público a los contenidos que puedan encender el descontento social o político; prevenir críticas a un gobernante, gobierno, oficiales gubernamentales, religión o líderes religiosos.

Canales como Bully Magnets, que hacen comentarios históricos y políticos, afirman que la política de YouTube de no asignar anuncios a videos que contengan ciertos temas no es nueva. La razón por la que el tema ha cobrado relevancia es que ahora el sitio les envía notificaciones a los youtubers para avisarles que su video ya no recibe dinero (es desmonetizado) porque contiene temas que, según ellos, a los anunciantes no le interesan; es decir, no son “amigables” para ser anunciados. En otras palabras, ser desmonetizado por subir cierto contenido es una forma de censura. Siempre se puede publicar los videos por amor al arte pero, cuando un youtuber decide hacer la plataforma como principal fuente de ingresos, ser desmonetizado es una forma de desestimular cierto contenido. Como dice PewDiePie, “a pesar de que me guste hacer videos el dinero no viene mal”.

La censura puede ocurrir también por la mala recepción que tiene un video entre el público. Miremos el caso del youtuber Logan Paul y sus amigos, quienes se encontraron con el cadáver de un hombre durante una excursión por Aokigahara, mejor conocido como “el bosque de los suicidios” ubicado al noroeste de Japón cercano al Monte Fuji. Entre risas y bromas, en un video de apenas 15 minutos, el grupo de amigos capturó imágenes inquietantes y perturbadoras de este acontecimiento. A partir de esto hubo un gran revuelo y otros youtubers y periodistas criticaron fuertemente a Paul por su actitud irresponsable e irreverente. Así, YouTube quitó el video por las graves críticas que tuvo el blog en otros medios.

Ahora bien, como youtuber se debe lidiar con abrumadoras masas que idolatran a sus héroes. Aunque este hecho sea motivo de satisfacción, algunos youtubers como German Garmendia han tenido que soportar acosos por parte de su público, llegando al extremo en el que deben cambiar constantemente de residencia porque son seguidos hasta sus hogares, son víctimas de hackeos y se ven en la obligación perpetua de conceder fotos y saludos. La paradoja del youtuber es que el público demanda de los youtubers peticiones que son imposibles de cumplir y, aun así, deben tratar de satisfacer a la mayor cantidad de personas. Se convierte para los youtubers en una demanda que ellos tienen que suplir. Constantemente les están diciendo que hacer y qué no hacer, todo el tiempo exigen que hagan x o z pero al satisfacer a x niegan a z y como consecuencia son castigados: se reduce el número de visitas a su canal o son víctimas de mensajes hirientes o amenazantes.

Esta influencia del público es tan difícil de mantener que youtubers como Kika Nieto –quien expresó públicamente sus ideas sobre religión y sexualidad– han tenido que retractarse por no ser políticamente correctos o, como Essena O`Neil, han tenido que retirarse de la plataforma por la presión ante la imposibilidad de satisfacer a su público y los problemas psicológicos consiguientes.

La plataforma lleva el suficiente tiempo como para que existan una gran cantidad de usuarios dedicándose al oficio de youtuber. Lo anterior ha permitido que los criterios para lograr monetizar los videos sean cada vez más altos, hasta el punto de que para el 16 de enero de 2018 un canal necesita alcanzar un total de 1.000 suscriptores y 4.000 horas de tiempo de reproducción durante los últimos 12 meses para que le paguen. Ahora bien, pareciera que YouTube es una plataforma plenamente inclusiva donde todos tienen lugar, no importa el color o el género para ser escuchado. No obstante, en términos de pagos, los youtubers ganan más dependiendo de su ubicación geográfica. Así se jerarquiza tanto a los youtubers mismos como al valor que tienen las visitas dependiendo del país. Si usted vive en Reino Unido gana mucho más que lo que gana un youtuber colombiano.

Aunque YouTube ha proporcionado el acceso a grandes cantidades de contenido de entretenimiento, la plataforma tiene unas dinámicas que no son evidentes en el consumo cotidiano. YouTube está permeado por dinámicas sociales como la tensión entre lo público y lo privado, la censura y el mercado. Debido a sus formas de censura, en la plataforma se dificulta discutir temas políticos y sociales, y por eso no es casualidad que las problemáticas de los bloggers más reconocidos sean individuales y personales. A pesar de que Youtubers como German Garmendia y Alfie Deyes afirmen que se sienten satisfechos con su contenido porque saben que son un escape para las personas que los ven, el mundo siempre volverá a YouTube, con sus problemas, con eventos controversiales o sensibles, incluyendo los relacionados con guerra, conflictos políticos, desastres naturales y tragedias.