Se encuentra usted aquí

Si no les gusta el fútbol, acá hay otra razón: su periodismo amarillista

El juego sucio de la prensa amarillista del fútbol.
Gettyimages.
Gettyimages.
Por
Héctor Cañón

En España reinan Marca y Sport mientras As y Mundo Deportivo se pelean una especie de categoría b del periodismo deportivo ibérico. Bild con 3 millones y medio de ejemplares vendidos cada día es campeón en Alemania. The Sun, The Daily Star y The Daily Mirror se pelean la punta en Inglaterrra mientras que El Bocón, Depor y Líbero hacen lo mismo en Perú. Todos comparten el anti fair play de que lo importante es vender y no informar.

Por: Héctor Cañón @CanonHurtado

Sport y Marca, los dos diarios deportivos españoles más taquilleros, se juegan durante toda la temporada un clásico lleno de juego sucio, mañas dignas de potrero de barrio, pata dura y descarada carencia de ética periodística. 

Como si fueran Barcelona o Real Madrid, los equipos a los que respectivamente representan sin tener en cuenta la objetividad y la imparcialidad propias del oficio de informar, están dispuestos a lo que sea con tal de llevarse el título de ser el periódico más vendido y más popular entre los hinchas.

Ambos son campeones en esas lides y se alternan los triunfos como lo hacen culés y merengues en las canchas de Europa y en el corazón de los hinchas de todo el planeta. Cada uno vende más de 300 mil ejemplares diarios poniéndose la camiseta del club al que le hacen barra como si, en vez de periódicos deportivos, fueran barras furibundas con orejas de palo y ganas de arrasar a toda costa con sus rivales. También dominan en las redes sociales de sus lectores: los madridistas tienen casi 4 millones y medio de seguidores en su fan page de Facebook, mientras que los barcelonistas llegan a una tercera parte de esa envidiable cifra. 

Vale la pena mencionar un par de sus jugadas más polémicas. Cuando el ídolo brasilero Neymar estuvo a punto de fichar por Real Madrid, Sport lo acusó de rumbero, díscolo e inmaduro y predijo que su inmenso ego no cabría en el mismo camerino junto al del divo Cristiano Ronaldo. Días después, cuando el jugador se decidió finalmente a vestir la camiseta de Barcelona “rectificó” calificándolo como un héroe popular, humilde y genial. 

Marca no se queda atrás. Al fin y al cabo ambos periódicos se están disputando un clásico a muerte que les representa millones de euros a sus propietarios cada temporada. Son famosas sus tres portadas, casi consecutivas, en las que aseguraron que, tras haberse convertido en co-goleador del Mundial Sudáfrica 2010 junto al uruguayo Diego Forlán, el alemán Thomas Müller y el holandés Wesley Sneijder, el español David Villa ficharía por el Real Madrid. Eso nunca sucedió. Por el contrario, el crack español terminó poniéndose la camiseta del archirrival Barcelona y las dichosas portadas quedaron para la historia como un ejemplo de especulación periodística difícil de imitar y las imágenes “photoshopeadas” del crack con la camiseta de Real Madrid como un modelo a seguir por las revistas faranduleras que quieren adelgazar o rejuvenecer a las estrellas del espectáculo. Otra de las pruebas de su falta de juego limpio a la hora de informar es que clubes menos luqueros como Getafe, Rayo Vallecano o Español no reciben siquiera una quinta parte del espacio que le dedican en sus páginas a Real Madrid y Barcelona.

Sin embargo, los diarios deportivos españoles no son los únicos que practican el periodismo sensacionalista, que nació a finales del siglo XIX en Estados Unidos, cuando el New York World y el New York Journal no le vieron problema a difundir la misma tira cómica, aunque dibujada por caricaturistas diferentes, con tal de disputarse el título del periódico más vendido. 

Mickey Dougan, un niño orejón que estaba cambiando de dientes, era el protagonista del comic al que se bautizó en las calles neoyorquinas como “the yellow boy”. De ese modo, nació la prensa amarillista que hoy tiene una de sus máximas expresiones en los periódicos deportivos que basan su éxito en la especulación, el chisme sin fundamento, la explotación del morbo de los hinchas y la cizaña que siembran con titulares engañosos y fotos truculentas.

Así como cientos de clubes del planeta sueñan con parecerse a Real Madrid y Barcelona, un sinfín de periódicos futboleros de todo el mundo usan las mismas estrategias que Marca y Sport para vender y facturar. Bild de Alemania es el periódico más vendido de Europa y el tercero del planeta con más de 3 millones y medio de ejemplares diarios. En sus páginas deportivas el fútbol ocupa el 70 por ciento del espacio y es tratado sin rigor periodístico y con el objetivo de exacerbar los ánimos de los hinchas por medio de un esquema facilista de héroes y villanos y un sobredimensionamiento de la banalidad de algunos cracks confundidos por las lucas y la fama. 

The Sun, The Daily Mirror y The Daily Star hacen de las suyas en Inglaterra por medio de temerarios paparazzis que están dispuestos a lo que sea para capturar la imagen de algún divo futbolero mal parqueado. Uno de sus mejores golazos a la hora de especular fueron las fotos que publicaron de Cristiano Ronaldo junto al marroquí Badr Harí en un paseo en yate.  Los tres pasquines sugirieron que eran gays con el argumento chimbo de que lucían muy “amigables” en las imágenes. 

En Perú, Depor es hincha de Universitario de Deportes mientras que Líbero y el Bocón le hacen barra a Alianza Lima. Los tres abarrotan los puestos de revistas, rondan los 300 mil ejemplares vendidos cada día, llenan el 85 por ciento de sus páginas con noticias futboleras especulativas y de ñapa tienen una mamasita encuerada en la contraportada y un par de crímenes macabros en su página de crónica roja. Como si eso fuera poco, no les da pena encender los ánimos de las barras bravas cuando se acerca la hora de los tropeleros clásicos del fútbol inca con titulares como: “Alianza Sur advierte que no responde por las consecuencias” o “U-Norte hace de las suyas tras la derrota”.

“Ustedes están hartos de la solemnidad. Nosotros también. Por eso nuestro estilo y sus expectativas hicieron contacto”, rezaba el editorial de El Bocón en su folclórica edición de 20 años para justificar su estilo amarillista y la fidelidad de sus lectores.

Y así como en el fútbol hay decenas de equipos que la rompen semana a semana y otros que los envidian, en la prensa sensacionalista de este deporte también hay diferentes categorías y niveles de grandeza. As y Mundo Deportivo, ambos de España, se juegan un clásico menos rimbombante que el de Marca y Sport como si disputarán una especie de categoría b del periodismo deportivo ibérico. 

La vida privada de los futbolistas, el estrafalario y especulativo mercado de fichajes y la creación de supuestos conflictos entre jugadores de un mismo equipo o de equipos rivales son tres de las tácticas que más resultados a su favor les generan sin importar la categoría a la que pertenezcan. Cuando eso no les funciona y se ven en aprietos ante la competencia, recurren a la estrategia hitleriana de repetir una mentira hasta que se convierta en verdad al mejor estilo de la clase política colombiana.

Cabe preguntarse si el periodismo deportivo puede tomarse licencias que están prohibidas para otros sectores de la labor informativa. Algunos periodistas aseguran que sí sin pudor alguno. “Debemos diferenciar entre el periodismo y los contenidos deportivos. El entretenimiento no requiere rigor periodístico”, asegura el catedrático español José Luis Rojas. Por su parte, Miguel Ángel Méndez, subdirector de Radio Marca, se defiende con este autogolazo: “El periodismo de calidad requiere tiempo, dedicación, elaboración y recursos. ¿Qué redacción va sobrada de eso?”.

Sin embargo, también hay quienes no justifican el juego sucio del periodismo sensacionalista y le ponen tarjeta amarilla a sus criticadas tácticas. “Lo que priman son la precariedad, la polarización, la necesidad autoimpuesta de forzar el humor y la búsqueda del escándalo artificial”, ha comentado Antoni Daimiel, de Canal Cuatro y Canal+, uno de los periodistas deportivos que no se dejan golear por el amarillismo reinante en las páginas deportivas.

Lo cierto es que para los diarios sensacionalistas del fútbol las reglas de la Unesco y de Federación Internacional de Periodistas, que consideran faltas de tarjeta roja la calumnia y la especulación, son un árbitro blandengue que no les impide darse pata y codo entre ellos, meter goles informativos en fuera de lugar y moler con su juego sucio la ética periodística. Y si les ponen amarilla vociferan como los divos del balompié, ponen a su jauría de abogados a defender el derecho a la libre expresión y se quejan como víctimas ante las cámaras que ellos mismos manipulan mientras los hinchas vociferan a su favor. ¡Cracks!