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SoHo y sus dos viejas en bola: ¿por qué falló su mensaje contra el acoso?

No, no es culpa de una teta al aire. El problema es que les salió el tiro por la culata.
Soho
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Por
Johana Arroyave

Dos viejas en bola en la portada de la revista SoHo no nos ayudan a acabar con el acoso y tampoco se une al movimiento #MeToo. Es más, esto no envía ningún mensaje de apoyo a quienes han sido víctimas reales de algún tipo de violencia de género.

Por: Johana Arroyave // @JohanaArroyave

Según cifras de Medicina Legal, durante el 2017 se presentaron en total 18.647 casos de violencia sexual contra mujeres en todo el país (las que denunciaron); casi el 10% de estos fueron agresiones en espacio público a manos de algún desconocido y el 30% de los casos fueron acusaciones a jefes o funcionarios que las obligaron y/o acosaron en su trabajo por el simple hecho de ser lindas o con la excusa de que si lo hacían “les iban a evitar más trabajo”. Cuando el fenómeno de #MeToo salió a la luz en octubre del 2017 se dio luz verde a mujeres del mundo para que abrieran la boca y denunciaran cualquier tipo de conducta que las estaba haciendo sentir vulneradas en sus derechos.

Actrices y personalidades de Hollywood fueron los referentes para que mujeres del común se sintieran identificadas con las historias que nos estaban mostrando y se levantaran para decir: “no más”. Desde esa fecha hasta hoy se han creado en torno a #MeToo docenas de campañas que han reforzado el mensaje contra el abuso y otras varias que por el contrario se han convertido en una cacería de brujas contra los hombres.

Mensajes han salido por todo lado, buenos, malos, aburridos, unos que llegan al alma y otros que como el de la revista SoHo en su edición de marzo de 2018 desvirtúan por completo el significado de lo que las mujeres queremos lograr. En esta ocasión la revista decidió lanzarse al agua con un “gran especial” de #MeToo y puso a dos viejas guapísimas a posar en la portada como abanderadas del movimiento feminista, les hicieron dos preguntas a cada una y con ellas pretendieron explicar el porqué de la escogencia. A pesar de que se esforzaron en responder, ninguna de las respuestas explicó realmente por qué #MeToo es tan importante en esta generación.

Algunas de sus respuestas:

¿Qué opinan del movimiento?

Me parece extraordinario porque se ha creado conciencia y una red de apoyo enorme en la comunidad. Además es un tema que ha tocado muchas industrias y es un paso enorme para que nadie – ni mujeres ni hombres- se queden callados

¿Qué les dicen a las mujeres que todavía no se atreven a hablar?

“que lo peor es quedarse calladas y que busquen apoyo, ya sea personal o profesional, para empoderarse y salir a contar la verdad”

Sí, muy bien redactadas las respuestas, pero no explican de verdad la importancia de acabar con algo que está matando a mujeres y tampoco da pie para una reflexión sobre cómo parar lo que está pasando.

Por otro lado y más allá de la discusión en redes sociales y las banalidades de por qué le pusieron con PhotoShop las letras de #MeToo y no se las pintaron en el cuerpo, lo que debemos ver es que el mensaje está completamente perdido y se convierte en la proyección común del fetiche machista y no en una celebración de la sexualidad femenina y de la vida de la mujer.

Y no, no es porque salgan desnudas o porque hagan una sutil invitación erótica teniendo los rostros tan cerca que pareciera que están a punto de besarse; o porque estén buenísimas y entonces se les juzgue por simple “envidia”. No, nada de eso. Lo que hace que se pierda el mensaje contra el acoso es el medio y su escueta explicación de por qué no hay que callar. Una explicación que no está a la altura del debate, ni de los esfuerzos hechos por otros lados y que deja la sensación de que simplemente fue una inscripción forzada a una de las luchas del momento. El resultado:  docenas de manes hablando del culo y las tetas y no de cómo acabar con un fenómeno que está matando a las mujeres.

Es bastante paradójico que un medio que hace un par de años creó una aplicación para que los manes reportaran en qué zonas de Bogotá había viejas buenas, reforzando la cosificación del cuerpo de la mujer, ahora esté en esta bancada. Incluso tan solo una de las dos protagonistas de la portada: Lizeth Palomino, mencionó que alguna vez fue víctima de acoso y por eso se identifica con lo que se está moviendo alrededor. ¿Por qué no llevar a otras mujeres con historias que puedan conmover, que muestren una realidad y que tal vez se conviertan en la inspiración de otras e inspiren valentía para denunciar? Esto no significa que no se pueda hablar de acoso si no ha sido víctima (ojalá ninguna mujer tenga que pasar por algo de ese calibre) pero si la idea es visibilizar este fenómeno y darle una bofeteada a los victimarios, ¿por qué no hacerlo real? Darle el reconocimiento necesario al tema, no tratarlo con pañitos de agua tibia. 

Señores de SoHo, una vieja en bola con una bandera con la frase “todas debemos ser feministas” tapándole las tetas, no aporta en nada a que una mujer decida denunciar a su acosador. Tampoco acaba con el pensamiento de muchas chicas e inclusive hombres que evaden la causa feminista porque a lo largo de los años se ha creado una falsa idea de que es un sinónimo de agresividad anti-hombres y bellezas poco atractivas.

Se vale estar desnudo a la hora de denunciar; finalmente muchas protestas de este estilo en grandes ciudades del mundo han sido de esta manera. Lo que no vale es que el mensaje se ponga de una manera tan superficial y que en vez de ayudar, lo que logre es que los manes que vean la revista solo se queden con que están buenas y no vayan más allá, no paren de acosar sino que las morboseen, y algunos envíen comentarios como “lo que esto genera es que las queramos violar”.

Tan solo lean los comentarios 

 

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Está más que claro que el hecho de abordar la causa #MeToo no necesariamente implica que se está haciendo de forma correcta. Muchas veces lo que sucede es que se desinforma y hacer que el ataque hacia las mismas mujeres se haga más grande.