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Un clásico colombiano: elegir Presidente durante el Mundial

Un sancocho de Democracia y fútbol con alto riesgo de indigestión.
Foto: Gettyimages
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Un sancocho de Democracia y fútbol con alto riesgo de indigestión.

Por Álvaro Castellanos | @alvaro_caste

El domingo 17 de junio de 2018, Colombia estalló en felicidad con el triunfo de un tipo que rompe esquemas. Renovador y joven, a pesar de sus canas. Y honesto, aunque las críticas malintencionadas digan lo contario. Al tipo lo han etiquetado de conservador, pero es en realidad un revolucionario. Humilde, culto, muy bien preparado y no le teme a los grandes desafíos. El domingo 17 de junio de 2018, Colombia estalló en felicidad con el triunfo de Juan Carlos Osorio ante Alemania en Rusia 2018.

 

Ah, y también fue elegido Iván Duque como nuevo Presidente de Colombia.

 

Decían en Twitter que México nunca estuvo tan feliz desde que el Señor Barriga invitó al Chavo a Acapulco. Porque ganarle a Alemania era una utopía. Desde hace años, nadie juega mejor al fútbol que los alemanes. Son androides programados en modo victoria. En 2006 y 2010 no ganaron el Mundial por culpa del azar, pero en 2014 demolieron a Brasil, aplazaron la urgencia de Messi de levantar la copa del mundo y salieron campeones. Y en Rusia también son favoritos. Antes del Mundial, Javier “Chicharito” Hernández le decía a David Fáitelson, un Carlos Antonio Vélez mexicano, “¿por qué no podemos ser Grecia en la Eurocopa? ¿Por qué no podemos ser Leicester en la Premier League? Cree en el beneficio. Tu opinión no va a cambiar”. Y bueno, en una jugada a puro PlayStation, México le anotó a Alemania, y aunque sonara cantinflesco, logró sostener el resultado y ganar el partido.

 

Aún en la mañana del 17 de junio, en Colombia comenzaba a cocinarse lo que todos, de uno y otro lado, sabíamos. Que el próximo 7 de agosto, un camión llevará el trasteo de Iván Duque a la Casa de Nariño. El neopolítico uribista le sacó más de 2.3 millones de votos a Gustavo Petro y, en nombre de la Democracia, se convirtió en el sucesor de Juan Manuel Santos. Si me preguntan, la Democracia es una trampa porque privilegia a las mayorías y, como es bien sabido, las mayorías son bien brutas. Sin embargo, ya que es el sistema político más decente que existe, no queda sino aceptarlo.

 

         Mientras Álvaro Uribe seguía la jornada electoral en su finquita en Rionegro, Oribe Peralta, delantero mexicano que vio desde la banca el partido contra Alemania, le dio a Juan Carlos Osorio un tremendo espaldarazo virtual. Al DT, México le estaba cobrando su rotación de jugadores y una fiestica con facilitadoras de amor que media nómina tuvo días atrás. Como vienen las cosas, no estaría de más que a Osorio le vaya bien en el Mundial, para que cuando la Federación le suplique que renueve, les dé la espalda como todo el país lo ha hecho con él.

 

 “Jugar por el amor a ganar y no por el miedo a perder”, es una de las consignas de Osorio. Al DT risaraldense lo odian en México por no ser mexicano, pero sobre todo porque cambia de alineación en cada partido. Les incomoda más que a “Bolillo” Gómez usar corbata. Sin embargo, bajo ese modo experimental de dirigir, su Selección arrancó el Mundial venciendo a los invencibles.

 

Como colombianos somos tan caraduras de creer que Juan Carlos Osorio nos representa, cuando quien realmente lo hace, y por todo lo alto, es el “Bolillo” Gómez. En su tercer Mundial, el procaz entrenador paisa recicla el 4-1-4-1: un esquema futbolero más anacrónico y conservador que las ideas de Marta Lucía Ramírez, quien de paso se convirtió en la primera Vicepresidenta del país en 208 años de historia.

 

Igual que cada cuatro años, en Colombia se cruzan las elecciones presidenciales con el Mundial de fútbol: un sancocho con alto riesgo de indigestión. Y más, cuando la Selección está clasificada. En 1990, César Gaviria absorbió los votantes del asesinado Luis Carlos Galán, le ganó por goleada a Álvaro Gómez Hurtado y ganó la Presidencia en primera vuelta, así que Colombia regresó a un Mundial después de 28 años con nuevo Presidente electo. Pero en 1994, Ernesto Samper fue elegido en segunda vuelta, justo al día siguiente que Georghe Hagi y sus amigos pincharon el ego de la Selección de Maturana en tierra de las “soccer moms”. En 1998, también en segunda vuelta, Andrés Pastrana llegó a Presidente un día antes del triunfo sobre Túnez en Montpellier con aquel gol solitario de Léider Preciado.

 

Entre 2002 y 2010, el régimen de la seguridad democrática y el tropipop coincidió con la ausencia colombiana de los próximos tres Paninis. Sin embargo, en 2014, para la reelección de Santos, volvió este masacote recalentado de Elecciones vs Mundial con Colombia a bordo. Al otro día de bailar a Grecia en el regreso mundialista, Juan Manuel Santos repitió presidencia. Y de regreso al 17 de junio de 2018, dos días antes del papelón colombiano contra Japón, la extrema derecha y la izquierda moderada chocaron en la primera elección presidencial en más de 50 años, sin el telón de fondo de las FARC como justificación de todos nuestros males.

Aunque hay 36 millones de colombianos habilitados para votar, la abstención siempre es escalofriante. En las regiones, llegar al puesto de votación puede complicar, pero en el resto del país siempre ha primado la indolencia y la resignación. Se puede pensar entonces que el Mundial de fútbol promueve ausencia en las urnas. Pero para esta segunda vuelta, 19.6 millones de colombianos salieron a ejercer su derecho a elegir. Es decir, sólo 125.546 votos menos que en primera vuelta.

 

Por lo tanto, poco influyeron los tres partidos que se jugaron ese domingo. La sorpresa de México frente a Alemania. El empate de Brasil contra Suiza, con Neymar mostrando su mejor versión en cuanto a piscinazos se refiere. Y la victoria tempranera de Serbia sobre Costa Rica, que resultó más irrelevante que el proselitismo malintencionado que se le hizo al voto en blanco en la segunda vuelta.

 

Con Reinaldo Rueda comprometido en Chile hasta Catar 2022, Juan Carlos Osorio es el candidato número uno para remplazar a José Pékerman, quien no deja claro si sigue o se va. Lo cierto es que en el país la cédula ampliada al 150 por ciento, la postulación Osorio divide, pero no tanto como la elección de Iván Duque que tuvo 8 millones de votantes en contra y, a diferencia del seleccionador mexicano, no es revolucionario, ni renovador. Apenas es joven, aunque sus ideas demuestren lo contrario.

 

 

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