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¿Y qué si no me voy de la casa de mis papás?

Dejemos de pensar que alguien está mal solo porque tiene un estilo de vida diferente al nuestro.
Getty Images.
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Por
Paula Ricciulli

Vivir en la casa de los papás después de los 30 (incluso de los 25) está sumamente estigmatizado (y caricaturizado). Quienes siguen viviendo con su familia después de cierta edad a menudo reciben el calificativo de “bombriles”, en honor al famoso comercial noventero de esponjillas, o simplemente la pregunta en tono condescendiente: “¿Todavía viviendo con los papás?”.

Por Paula Ricciulli // @ricciup. 

El tema ha llamado la atención por estos días tras conocerse el caso de Michael Rotondo, un tipo de 30 años al que sus papás demandaron para que se fuera de la casa, después de estar 8 años viviendo con ellos sin trabajar y sin contribuir con las tareas básicas del hogar.

Papás demandaron a hijo de 30 años para que se fuera de la casa. Lo lograron. 

Es un hecho que la edad de abandonar la casa familiar va en aumento. Una tercera parte de los llamados “millennials” en Estados Unidos vive con sus papás. Algo así no se veía desde 1880. En Latinoamérica tradicionalmente tardamos un poco más en abandonar el hogar familiar. Mientras en Estados Unidos los jóvenes se independizan a los 24 años, en Brasil no lo hacen hasta los 25, en Colombia y Chile a los 27 y en Argentina y México con 28 y Perú a los 29, según un estudio de Dada Room, una web para encontrar compañero de apartamento.

Los precios para renta y compra de vivienda son cada vez más altos, lo que hace que no sea tan sencillo irse de la casa. Los millennials gastan más en arriendo que cualquier otro grupo generacional. A eso hay que sumar los préstamos estudiantiles, que comprometen la economía de las personas jóvenes durante varios años tras empezar a trabajar (y muchos terminan pagando hasta 3 veces su deuda inicial). El desempleo juvenil en Colombia supera el 33%.  

Pero más allá de la economía, muchos prefieren seguir viviendo con sus papás, pues las prioridades han cambiado. El afán de abandonar la casa paterna para consolidar un hogar y familia propias ha sido reemplazado por posgrados o viajes. 

A pesar de que muchos conocemos esta realidad, “vivir con los papás” sigue siendo motivo de burla y para algunos un indicador de “éxito o “fracaso”. Muchos sienten que algo están haciendo mal si después de cierta edad siguen viviendo en el hogar familiar.

Lo cierto es que ni independizarse es el único indicador de éxito, ni vivir con los papás es sinónimo de fracaso. Las circunstancias de cada persona son únicas y así como hay algunos contando los días para poder irse de la casa, otros no tuvieron más opción que irse y ahora lo darían todo por pasar unos días con “la mamita”. Esto sin mencionar a los jóvenes que no tuvieron más opción que mantener a sus papás (sí, también pasa).

A pesar de sus ventajas, vivir solo tampoco es un paraíso como lo muestran las series gringas (hasta Mónica en Friends subarrendaba el apartamento, de lo contrario no habría tenido forma de pagarlo). Independizarse también está lleno de soledad, miedo, dudas y claro: nevera vacía, pocos muebles y muchos almuerzos de pasta con atún. Aunque algunos no tienen más opción, otros incluso prefieren sacrificar las necesidades básicas de vida, solo porque "qué oso" vivir con los papás. 

Dejemos de pensar que alguien está mal solo porque tiene un estilo de vida diferente al nuestro. Vivir solo o con la familia son decisiones personales y válidas. Así que si está solo aproveche las ventajas y no crea que es mejor o peor que nadie. Y si aún vive con sus papás, recuerde que independizarse tampoco es como lo pintan. Todos tenemos diferentes oportunidades, así que no se sienta mal si le ha costado dar ese paso. Eso sí, no sea como Michael Rotondo y al menos colabore con lo que pueda en su casa (así sea poco). Es lo mínimo que puede hacer.