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Adiós al señor "Por qué no te callas"

Por
Redacción Shock

Ayer todos los periódicos y portales de noticias del mundo replicaron como loras –como suele pasar con la mayoría de las novedades universales–, y con el mismo titular, “el Rey de España ha abdicado”. Ese mismo simpático rey Juan Carlos que se popularizó entre las nuevas generaciones con el “¿por qué no te callas?” que le propinó a Hugo Chávez en plena Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile en el 2007 o que hace poco se dio cuenta que era malo matar elefantes en vía de extinción. (Rey malo, no hagas eso otra vez.)

Por: Juan Pablo Castiblanco Ricaurte // @KidCasti
Fotos EFE 

En España y el resto de Europa, la noticia ha causado más revuelo que el Baile del Gorila de Melody y que los pezones de Cristiano Ronaldo juntos, mientras que en el resto del mundo ha servido para darle un repaso a las clases de historia y de sociales pues muchos aún no entienden cómo es eso de que aún existen monarquías en países donde hay primer ministro y parlamento. España no es el único país que funciona con este sistema conocido como monarquía parlamentaria, que en términos de libro escolar se define como un tipo de gobierno donde el rey es el jefe de estado pero está bajo el control del parlamento y el primer ministro; pero, en términos más reales y coloquiales, es un sistema donde el rey tiene igual o menor poder de acción que Óscar Iván Zuluaga dentro del Centro Democrático.

Aunque todo este asunto de reyes, príncipes que asumen el trono, reinas plebeyas, duques e infantas parece cosa sacada de un cuento de Disney o una serie de HBO, es un sistema de poder que aún es vigente en muchos países. La reina más famosa del mundo, y a la que le punk le debe un gran agradecimiento por haber inspirado muchos madrazos en forma de canción, es Isabel II, quien con la refrescante y vigorosa edad de 85 años, sigue al mando del Reino Unido (es decir, Inglaterra y quince países más como Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Jamaica, Barbados, Bahamas, Granada , Papúa Nueva Guinea, Islas Salomón, Tuvalu, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Belice, Antigua y Barbuda y San Cristóbal y Nieves). Curiosamente, Isabel y Juan Carlos comparten la misma tatarabuela así que es posible que se hayan encontrado en algún almuerzo de día de la madre y jugado al rey y la reina en los jardines de algún palacio.  

Al lado de España e Inglaterra, países como Dinamarca, Jordania, Marruecos, Noruega, Suecia, Tailandia, Holanda o Bélgica también funcionan como reinos, y estos dos últimos también vieron a sus reyes “abdicar” (nuevo término para agregar al diccionario popular) en el último año. En Japón, el asunto es aún más pomposo porque funcionan como imperio –el gobernante es el Emperador Akihito–, mientras que en la tierra querida, tierra adorada de Falcao y James, Mónaco, el sistema es de principado. Precisamente los príncipes de esta pequeña ciudad-estado, que hoy están encabezados por Alberto II, fueron los Kardashian-MileyCyrus-Shakira-Piqué de los 50, 60, 70 y 80, al protagonizar todos los chismes rosa y páginas sociales de los periódicos de todo el mundo. Grace Kelly, la estrella dorada de Hollywood de los años 50 (y que será interpretada por otra dorada, Nicole Kidman, en la película biográfica “Grace” que se estrenará este año), se casó en 1956 con Raniero III y una de sus hijas, Estefanía, ha sido cantante, diseñadora y modelo. Es decir, más que protagonizar la agenda política, las monarquías europeas conformaban un Jersey Shore mucho más elegante, glamoroso, sofisticado y que mantenía vivas cientos de fantasías rosa.

Por eso es que, aunque a nuestras generaciones les parezca extraño y añejo todo el tema de las monarquías europeas (a pesar de las nalgas reales de Kate Middleton, duquesa de Cambridge y futura reina de Inglaterra, que deja ver el viento y se convierten en memes) en alguna época la realeza fue el chismerío de la generación de nuestros padres; sus modelos de imitación masculinos y femeninos. Por eso es que no es raro oír que alguna tía recite de memoria el árbol genealógico de los Borbones, los Windsor o las reinas de Jordania.

A Juan Carlos lo juzgarán para bien o para mal los propios españoles, que a veces le cuestionan su  cercanía con la derecha y el franquismo, o el país maltrecho que le deja a su hijo, pero le agradecen haber devuelto algunas libertades luego de la oscura época del franquismo. A nosotros solo nos corresponde agradecerle haber propiciado una de las postales más ridículas de los ocho años de gobierno de Álvaro Uribe pues cuando éste visitó Madrid en el 2005 y fue invitado a una cena de gala en el Palacio Real de Oriente junto al rey Juan Carlos y el príncipe Felipe, evidenció que podía saber mucho de seguridad democrática pero muy poco de usar la talla correcta de frac.

Adiós rey. Ahora haces parte de la gente que encontró la excusa perfecta para no ir al trabajo justo cuando el Mundial está por comenzar. 

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