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“Alias María” en tiempos de la paz de Santos

Por
Redacción Shock

La película se estrena en salas a partir de este jueves 12 de noviembre. Hablamos con su director “Chepe” Rugeles.

Por: Juan Pablo Castiblanco Ricaurte // @KidCasti

Desde las ciudades y desde los medios de comunicación el conflicto en Colombia pasa de afán y solo hay tiempo para ver blancos y negros. La historia de la guerra se ha quedado en la limitada división, como si se tratara de un capítulo de Dragon Ball o la última Misión Imposible, entre buenos y malos. Se ignora que en el medio se atraviesa una delicada franja de gente que ha quedado atrapada, que tiene que luchar a la fuerza, que reemplazó el prom o la excursión de once por larguísimas caminatas en los montes cargando un fusil y disparando quién sabe a quién.

Afortunadamente, para recordarlo, está el cine.

Irónicamente, una de las primeras personas que vio la nueva película de José Luis “Chepe” Rugeles, “Alias María”, fue el presidente Juan Manuel Santos en el pasado Festival de Cine de Cartagena de Indias. Ahí, en medio del furor de la inauguración del evento, entre la ansiedad de ver la película inaugural, dijo era un película importante para que todos la vieran porque hablaba de la atrocidad de la guerra y la situación de los niños involucrados. Vaya uno a saber si se lo creía, pero al menos acertó en resumir la esencia del nuevo estreno del cine colombiano.

“Alias María” no es una película insulsa para atragantarse de crispeta. Tampoco es una encriptada pieza de museo (a pesar de haber sido seleccionada para participar en Cannes este año en la sección Una Cierta Mirada), pero sí es una mirada delicada a lo que pasa dentro de las filas de la guerrilla, dentro de las entrañas de una guerra que hace rato no tiene sentido. En tiempos en los que la televisión nacional e internacional (¿alguien dijo “Narcos”?) solo ha botado visiones parcializadas, mediocres y caricaturescas de lo que pasa de selva para adentro, esta película ayuda a entender de dónde y hacia dónde van las balas: quiénes son aquellos que algunos quieren acabar a plomo como si se tratara de un juego de video.

Luego de una larga experiencia en comerciales de video, de dirigir el épico videoclip Bolero Falaz” para Aterciopelados, y de estrenar la tragicómica “García” en el 2010, “Chepe” Rugeles vuelve a la pantalla grande con una película sobre la que se ha tejido un ambicioso y completo proyecto transmedia, que incluye documentales, talleres con niños que habitan zonas vulnerables a la violencia, y una página web que busca documental la “otra” historia de la violencia en Colombia.

La historia de “Alias María” viene del guionista Diego Vivanco y hubo un equipo de investigación adicional sobre el reclutamiento infantil. ¿Cómo se logró hacer que todo el equipo estuviera alineado ideológicamente y tuviera la misma postura y sensibilidad social?

CHEPE RUGELES: Diego Vivanco me mostró la idea con un primer escrito, no era una historia totalmente desarrollada, y ahí comenzamos la investigación juntos. Me pareció que era una historia importante y necesaria. Entrevistamos excombatientes  y ahí sí fue un batatazo mucho más fuerte porque empezamos a conocer esa otra Colombia que no nos han mostrado en ningún lado. Les vimos el alma a chicos y chicas a los que además no podíamos calcularles edad. Las entrevistas comenzaron de una manera muy sencilla, preguntando qué comían, qué hacían si se les acababa la comida o si les salían ampollas, cómo dormían, si querían culiar qué pasaba. Desde ahí nos adentrábamos al mundo de la sexualidad, del aborto. En “Alias María” se muestra a una niña que está combatiente que a los trece años no tiene ideología ni formación sexual.

El resto del equipo se fue acercando. Todos teníamos la misma visión. Al trabajar con niños y combatientes que fueron reclutados desde su infancia, es muy difícil pensar mal de ellos. Son víctimas. Así tengan 20 o 25 años, fueron reclutados a los 12 o 13 y les robaron toda la infancia, no solo las guerrillas, sino el estado, nosotros como parte civil que nunca intervino ni hizo nada para que eso dejase de suceder.

El estreno de la película coincide con un momento importante del proceso de paz. ¿Su deseo ha sido el de alejarse o mantenerse cerca a estos diálogos?

CR: Nos tratamos de distanciar porque igual la película nació hace cinco años. Empezamos a hablar de esto cuando era un tabú, no ahora cuando coincide con la firma del proceso de paz. Pudiera parecer oportunista. De todas maneras funciona porque crea una conciencia y reflexión sobre lo que está sucediendo. Si nosotros tomamos partido cuando estamos hablando de niños, estamos jodidos. Cuando estás hablando de niños no puedes pensar si son de las FARC o paracos. La historia es básicamente una reflexión sobre los niños en la guerra.

¿Le preocupa que “Alias María” pueda ser vista como panfletaria o apologética de la guerrilla?

CR: No creo porque en la película le casco a todo el mundo. Se ve una guerrilla que recluta niños, que los mata si los tiene que matar, que hace lo que tiene que hacer cuando hay una guerra. Vemos unos paramilitares que llevan a cabo a una masacre, y vemos a un ejército que los acompaña. Panfleto no tenemos hacia ningún lado. Yo lo que estoy en contra es de la guerra, que trae atrocidades. Una de estas es el reclutamiento de los niños y hay muchas otras horrorosas.

¿Una película como “Alias María” puede ayudar en la construcción de paz y en una mejor comprensión del conflicto en Colombia?

CR: Totalmente, porque estamos mostrando quiénes son esos muchachos que estamos catalogando como guerrilleros, y por otro mostrando cosas que no se deben repetir desde una historia pequeña. La película obliga a cuestionarse y a la reflexión. La gente sí sufre por María, no por la guerrillera, una persona que ya tiene un nombre y una historia, que es lo que tenemos que darle a todos esos muchachos.

Ahora “Alias María” ha crecido hasta volverse un proyecto multiplataforma del que la película es un brazo, pero incluye talleres, documentales y cortometrajes que han hecho los mismos niños. ¿Desde el comienzo se quiso así?

CR: Cuando empezamos investigación no teníamos ni idea. La primera versión del guion era una historia coral donde los cuatro pelados eran protagonistas. Nos dimos cuenta que abarcar y contar tanto no era tan poderoso. Es más fácil contar la historia del país por medio de una cosa chiquitita y por eso solo contamos la historia de María, pero nos quedaban una cantidad de cosas por fuera. Así nació el documental “Alias Yineth” dirigido por Daniela Castro, asistente de dirección de la película. Yineth fue la última entrevista que hicimos y ella se convirtió en la asesora de estilo de la película, porque nos enseñó cómo hablaban, cómo hacer unos nudos, el arte del Frente 42. Su historia es muy interesante porque comienza en el primer proceso de paz de Pastrana cuando fue reclutada a los doce años y ahora, 17 años después, trabaja para el Estado en la oficina de reinserción hablando con empresas, sensibilizándolas sobre este proceso y pidiéndoles que acepten excombatientes en ellas. Luego queríamos dar talleres a niños en zonas vulnerables, sobre todo en las que se regalan a cualquier grupo porque les parece que eso es lo chévere, que enfundar un arma da poder. Así hicimos “Más niños, menos alias” donde damos talleres de cinco días de teatro, cine, guion, animación y documental a cargo de un director de cada especialidad que trabaja con los niños. Estamos preparando una página que se va a volver un receptáculo de la violencia en el país organizada en tiempo y espacio. Ahí vamos a subir los videos de los talleres, la película, otras películas documentales colombianas, fotos, poemas, cuadros, arte… cosas donde podamos entender, consultar y mirar. Estamos armando esa plataforma como parte final de todo el proyecto.

En cierta forma es en los niños donde hay que luchar por la transformación social…

CR: ¡Ufff claro! Ahí es donde debemos poner toda la fuerza, con educación de los padres. El estado tiene que estar abrazando a estos muchachos de una manera muy fuerte porque ahí está el caldo de cultivo de toda la violencia en Colombia. Desafortunadamente lo que le estamos vendiendo a los niños es que tener un fusil, una pistola y una cadena de oro es lo más importante y por lo que deben luchar, no por la educación.

Cuando un cineasta hace una película con este tipo de temas, la discusión gira más sobre lo social y lo político que sobre el cine mismo. ¿Está de acuerdo con que esto pase?

CR: Uno mantiene una perspectiva y expone los problemas que hay. Estamos mostrando algo que sucede pero no juzgando, sino exponiendo. Estamos hablando desde adentro, desde lo más íntimo de una niña, su vida en la guerrilla. Cuando hice “García” hablaba un 80% de cine, 20% de política, pero ahora hablo 80% de política y 20% de cine. Nadie me pregunta qué cámara use, qué hice para rodar en la selva, qué lentes usé, nada. Con Ciro Guerra hablamos que la temática de nuestras películas desbordaba la película misma y que eran temas que habían sido tabú durante muchos años en el país. Haberlos sacado nos parecía de alguna manera importante, entonces íbamos estar hablando de esto durante mucho tiempo. Es importante y necesario y es algo que asumimos como artistas.

¿Qué piensa de esa porción del público que se niega a ver en el cine temas e historias que hablen mal de Colombia o muestren sus problemas?

CR: Es respetable. Pero veo un temor muy grande de vernos en el espejo. Es importante ver y reflexionar para poder discutir, porque acá la gente habla de lo que no sabe. En este país los más apasionados son porque no han estudiado ningún tema. La gente habla, grita y se agarra por lo que no tiene ni idea, pero para poder tener juicio sobre algún tema hace falta ver una película, leer un libro, enfrentarse a otras realidades o propuestas que van diferente a lo que uno piensa. Afuera me dicen que por qué otra vez esta temática, y yo respondo que es la realidad y, ¿por qué vamos a esconderla? Lo que estamos haciendo es contar la realidad de una manera que no se vuelve propaganda ni pasquín.

Cuando trabaja con actores profesionales se puede asegurar la posibilidad de que el guion o los diálogos surjan tal como fueron escritos. ¿Cuando se trabaja con actores naturales se renuncia a tener algo de control sobre el resultado final de la película y más cuando se trabaja como en “Alias María” que hubo algo de improvisación en cada escena?

CR: Uno tiene que manejar una estrategia para que la película quede como uno quiere. En el trabajo que hicimos con los niños, en los ensayos, yo les conté el guion, o sea que ellos tenían mi voz en el oído trabajando en ellos para cada escena así que de cierta manera no los estábamos soltando y estábamos controlándolos. Cuando uno hace un casting tan extenso está buscando la paleta con la que quiere escribir y pintar. Hay cosas que mejoraron respecto a lo que yo quería. Hay una escena donde un guerrillero quiere acostarse con María pero ella se niega porque está delante del bebé. Yo quería que el bebé llorara, que estuviera cansón, pero el bebé empezó a reírse y Karen, la actriz, se puso a jugar con él y la escena quedó mucho más bonita. Hay unas decisiones que surgen de la magia y la energía de lo que sucede en la película. Hay que saber esperar y que la vida es imperfecta y que hay veces pasan cosas que uno no quiere y mal haría uno en querer todo lo que sucede dentro de la pantalla. Yo soy un director muy intuitivo, no soy el más estudioso, pero todo lo que trato de manejar es desde adentro y manejar la energía del equipo.

¿Cómo se adaptaron para grabar en un territorio tan exigente como la selva?

CR: Grabamos en selva corta en el Magdalena Medio que está rodeada y devastada por agricultura y minería ilegal, algo que se menciona fugazmente en la trama. Primero que todo teníamos que llevar mucha protección contra los bichos porque estábamos en alerta naranja de dengue. Yo no me podía enfermar porque tenía los pulmones vueltos mierda y me fui lleno de remedios caseros. Rodamos durante cinco semanas, dos de entrenamiento militar para los niños y el equipo. En selva salíamos a las 5 o 6 de la mañana y hacíamos hora y media de recorrido hasta la locación por lancha, caminando o a caballo. El sonido de la selva donde estábamos nosotros era exagerado y estridente. Nos encontrábamos cazadores y mineros ilegales. Teníamos guías campesinos y estábamos en una zona paramilitar y eso era bien complejo porque además me rompió un resto de tabús sobre el paramilitarismo. El que nos hizo el entrenamiento militar y el que nos ayudó en todo el rodaje fue un paramilitar y terminamos queriéndolo. También teníamos una guerrillera ayudándonos y también nos terminamos queriendo.

Dentro de la investigación encontramos una gran mitología de la guerrilla y el paramilitarismo, esos manes que dicen que no les entran las balas. Hay un tipo del que dicen que es como un lobo o un zorro, y cuando los enemigos lo ven salen corriendo. Hay otro que dicen que es hiper entrenado, que está entre los árboles y no se ve por las noches y vuela. Le otorgan poderes de brujería. También está cómo rezan las heridas para frenar las hemorragias. Quería que uno de los personajes tuviera algo de eso, de hecho lo filmé, pero mandaba la película hacia otro lado y lo quité.

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