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Así les digamos Superpoderosas, la Selección vive jodida por el machismo

Sí, muy Superpoderosas y muy guerreras, pero a las mujeres en el fútbol (y en la industria) siempre tienen las de perder.
Por
Redacción Shock

En 2015 la Selección Colombia femenina escribió el capítulo más importante de su historia al pasar a la fase de octavos de final en el mundial de Canadá. Era apenas su segunda participación y ante el logro, como siempre, el país se montó en el bus de la victoria. Celebramos el triunfo de un grupo del que sabemos algo, si acaso, cada dos años. Ahora, en medio de una buena cantidad de dramas, esta misma selección inaugura la presencia colombiana en los Juegos Olímpicos de Rio. El equipo fue bautizado como “Las Chicas Superpoderosas”. Su superpoder: jugar a pesar de lo mala paga que puede ser el futbol femenino.  

Hay un cúmulo de cosas que hacen que para las mujeres jugar fútbol sea un acto de sacrificio. Primero, en Colombia todavía no hay una liga profesional. Pocos equipos masculinos de los que figuran en la LFP son realmente clubes y, por lo tanto, tampoco tienen divisiones menores competitivas con mujeres. Hay una base cada vez más grande en categorías menores, pero la profesionalización está muy lejos de ser una opción de vida. La mayoría de jugadoras, incluso las que compiten en los Olímpicos, tienen que vivir de otra cosa y renunciar a sus equipos para representar al país. Como cualquier freelance.

Además de lo poco que se ha hecho para que haya ligas sólidas y equipos donde jugar, hay que sumarle que los dirigentes de las selecciones tienen una marcada, y muy típicamente colombiana, tendencia al chanchullo. Las que la sudan y cumplen el sueño de representar a al país se encuentran de frente con promesas incumplidas, pagos embolatados, y poco presupuesto.

Justo después del mundial de Canadá se empezaron a destapar los casos dudosos con la plata. Por eso, antes del partido contra Estados Unidos, cuando se dieron cuenta que los encargados de pagar los premios se estaban haciendo los locos, planearon no salir a jugar. Al final, los dramas internos en el equipo no permitieron que pasara, pero una de las consecuencias, dicen, fue la descabezada de la lista final para los Olímpicos de Daniela Montoya, una de las jugadoras clave de la selección mundialista.

A la Selección Colombia femenina le ha pasado lo mismo que a Pantano, Nairo y Esteban Chaves. Nos han puesto a inflar pecho a punta de los triunfos de un equipo al que lo máximo que le hemos aportado son adjetivos sobreactuados para posar de incluyentes. Les decimos guerreras o Superpoderosas para tapar que en el futbol, como muchas otras industrias, el supuesto poder femenino no es retribuido.    

Como si fuera una condena de nacimiento, la disparidad salarial entre hombres y mujeres hace eco en todos los campos. Recientemente figuras del cine como Jennifer Lawrence, Jessica Chastain, Charlize Theron, Amanda Seyfried y Meryl Streep alzaron la voz para evidenciar la disparidad salarial. Por poner un ejemplo del mundo del cine, en 2013, los actores ganaron casi el triple que las actrices. Es decir, que por cada dólar que se llevaron a casa los varones de mayor nombre en la gran pantalla, ellas solo percibieron 40 centavos.

Y ni en el cine ni en el futbol esa disparidad tiene que ver con los logros. Para la muestra, la Selección de Estados Unidos, una verdadera potencia en la categoría, también ha tenido que protestar para que su federación les pague lo mismo que a los hombres. Recientemente Carli Lloyd, Becky Sauerbrunn, Alex Morgan, Megan Rapinoe y Hope Solo, figuras del equipo norteamericano y excampeonas del mundo, se quejaron formalmente ante la Comisión de igualdad de oportunidades en el trabajo por la diferencia de pagos que hace la federación local entre hombres y mujeres. Un reclamo más que justo si tenemos en cuenta que ellas tienen más títulos en la cancha que los hombres, que a duras penas han avanzado a octavos del mundial.

La violencia  de género actúa igual acá y, por ejemplo, en medio oriente, donde es una ofrenda al prestigio familiar que una mujer juegue al fútbol. Solo que el elemento restrictivo no es el mismo, mientras que acá es el dinero allá es la moral.