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Botando la baba por Justin Bieber

Por
Redacción Shock

¡Así que llega el adolescente tierno Justin Bieber a desatar hormonas femeninas en Colombia!

Por: @fuckyeahcherry
www.fuckyeahcherry.com 

Debo admitir que tengo sentimientos encontrados con respecto a su visita.

Por un lado está el típico sentimiento de felicidad por la industria del entretenimiento en Colombia, ya que performers como Justin Bieber valen en una noche lo que vale toda nuestra existencia; así que van quedando atrás los días de llorar más que una camada de pollos porque no traían artistas importantes. Claro, preferiría ver un show más aportante que éste, pero entiendo que de alguien hay que sacar plata y para eso están los bolsillos de los padres de las adolescentes de hoy, para ser exprimidos hasta el cansancio con cuanto petuste famoso exista.

Por otro lado está el morbo. ¿Qué tan bueno será el show? ¿Será que el muchacho hace lip-sync? ¿Qué tal el montaje? ¿Dará todo el concierto descamisado a 2.600 metros y a unos 15° grados de temperatura?

Y por último está mi sentimiento más arraigado, ¿por qué coño traen a una figura tan vacía musicalmente como Justin Bieber?

Hace unas semanas mientras pasaba canales en compañía de mis gatas -después de haber repetido todos los capítulos en el canal de telenovelas- encontré Never Say Never, el documental de Bieber; ese que tiene el mismo discurso que todos sus compañeros pop-stars de Disney y Nickelodeon: “Nunca dejes de soñar”. En mi mundo, si sueñas no comes.

La intención del documental seguramente es demostrar lo duro que trabaja Justin cuando no está fumando marihuana, pero yo solo vi una terrible historia de explotación infantil en el primer mundo. Una historia que no involucra vender chicles en las calles o coser ropa y zapatos. Vi un joven desgastado, enfermo, lleno de presiones, sin ningún tipo de autoridad sobre su vida, un monigote de disquera y papás que viven felices a costillas de él. Un éxito de la noche a la mañana, en donde su propio equipo se enfrenta a la realidad de manejar un artista que podría no tener una carrera sustancial y permanente en el tiempo; una estrella que seguramente puede dejar de brillar en cualquier momento.

La verdad fue patético y me dio pesar. Con razón el pobre ya anda en drogas y no halla maneras más extrañas de pintar sus carros.

Ahora, para entrar en materia en cuanto al concierto que dará Justin Bieber el día de hoy, les diré por qué yo iría encantada al concierto (claro, esto bajo las estrictas normas de la cultura gorrera colombiana, porque no pagaría la boleta para ver al cara de niña).

¿Por qué ir? El show. En un país en el que el mayor show se da en forma de tsunami vallenato o concierto multitudinario de “El show de las Estrellas” con su tradicional chorro de agua para lavarle la jeta al público, un show como el de Justin Bieber es algo que hay que ver. Y eso tiene una explicación muy sencilla.

A diferencia de grandes artistas que no necesitan un derroche de dinero en el escenario porque su música da el show sin ayudas adicionales, Justin Bieber tiene el deber con la humanidad de dar un espectáculo estrafalario, sino, imagínense esa hartera tan infinita que debe ser el escuchar su último disco sin show. ¿Ya escucharon “Believe”? Es la cosa más plana que ha dado la creatividad humana. Un disco lleno de sonsonetes digitalmente realzados, con letras recicladas como “quiero ser tu novio, dime que me amarás así sea un muerto de hambre, te llevaré a las estrellas, dime que estaremos juntos por siempre, te atraparé cuando caigas, quiero morir en tus brazos”, etc… Toda una oda al hombre intenso y emocionalmente necesitado, ese al que uno le huye a no ser que sea un chinche igual de pegajoso.

¿Por qué no ir? Porque no aporta. Quítense la mano de ese corazón de fan o de hater, ¿en qué aporta el trabajo de Justin Bieber? ¿Hay algo especial en su propuesta? ¿Es innovador? ¿Es único? ¿Hay algo que no hayan escuchado antes? ¿De qué se perderían? Lo único que le debemos a Bieber es la internacionalización de esa canción odiosa y horrible de Carly Rae Jepsen, “Call me maybe”; la misma canción que pasó a la historia gracias al estratégico uso del sonido de violines y un coro muy catchy.

Justin, junto a Miley Cyrus, son un mal producto de América. Jóvenes que han caído en la mala apropiación de la cultura afroamericana porque su ignorancia de white trash es tal, que para ellos ser afro es fumar marihuana, bailar twerking, vivir semidesnudo y rapear pésimo, al mejor estilo de Vanilla Ice.

¿Qué tiene Bieber? Una maquinaria y estrategia. Siempre está ahí alimentando a los fans con algo –no necesariamente bueno- pero les da de qué hablar, no permite que se olviden de él. El problema con eso es lo efímero del caso.

La música de Justin Bieber refleja la poca creatividad y la inmadurez artística que posee, por eso mi hermana de 13 años lo ama, porque para ella sus letras son significativas. Pero el público crece, ¿está Justin creciendo con él? Para mí está condenado, como en su momento lo estuvo BSB y N’Sync.  ¿Qué tiene Justin para el futuro? Un muchacho sin educación que ha logrado ganarse sus pesitos y así mismo los gasta, pero cuando termine de bajar como la espuma, ¿qué será de él?

Yo no quisiera estar en sus zapatos, prefiero mi modesto estilo de vida en el que comparto un apartamento lleno de pelo de gato con dos angoras que no pagan arriendo pero me tienen de sirvienta.

Justin Bieber ya murió. Ya pasó de moda sin pena ni gloria, ya está en el cajón del olvido junto con Lady Gaga aunque ustedes no lo sepan. Murió sin aportar algo significativo a la historia del pop. Si usted, querido lector, cree que Justin Bieber es un personaje eterno como Michael Jackson o David Bowie, entonces la ingenuidad es una de sus virtudes. La corta carrera de Justin da mucho en la inmediatez del momento, pero no se mantendrá.

A los que van les deseo con todo el corazón y la buena fe que me caracteriza (¿?) que sean bendecidos por el agua sagrada del propio Justin Bieber.

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