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Cómo cautivar idiotas: comunicación y publicidad para dummies

Por
Redacción Shock

¿#LaLocaDeLasNaranjas o #NoPrestoMiHijoParaLaGuerra?

Por: Ángela Martin Laiton - @MartinaLaiton

Si bien, Colombia jamás ha sido ejemplo de cómo hacer procesos electorales limpios, mucho menos  en planeación de campañas que respondan a políticas públicas aterrizadas con la realidad de inequidad, injusticia y guerra que vivimos, no había tenido conciencia de una campaña electoral tan sucia y descarada como la que se ha vivido en las presidenciales 2014; no le bastó a la derecha haber llevado el bastón de mando durante tantos años en el país, no les bastó la sangre y el dolor de la historia que nos precede, esa angustiosa ansiedad de equiparar el poder desde cualquier ángulo los lleva a hacerse la oposición de partidos políticos que ellos mismos fundaron.

En ese contexto que no está interesado por la vergüenza del desprestigio se crean campañas comunicacionales como la de los criticados comerciales de Juan Manuel Santos (No presto mi hijo para la guerra) y Oscar Iván Zuluaga (¿La loca de las naranjas?) estos que son el producto de una polarización de la opinión pública en donde a falta de propuestas políticas claras que impulsen a un país más allá de la guerra, sólo aterran a un público agotado que no sabe si seguirse matando con el vecino o sentarse en diálogos mientras las balas cruzan por encima, porque si bien es cierto que uno de los candidatos es un abanderado de la paz en su campaña, jamás ha descartado la continuidad del conflicto y no le ha contado al resto del país que esas personas con las que negocia no son las únicas alzadas en armas en Colombia. Desde la otra punta y por menos hipócrita no mejor realizado, encontramos la propuesta de un candidato que ha defendido tanto la solución violenta al conflicto que hasta una mujer hablando de educación y oportunidades lanza naranjas y se enoja para proyectar de una forma hasta locuaz de lo que es en realidad el proyecto del candidato.

Más allá de lo efectivas que han sido las campañas, porque algunos colegas lo dirán con seguridad, habría que sentarse a meditar no sólo sobre la pobreza en las propuestas de los candidatos a la presidencia en Colombia sino aún mejor a qué clase de público creen que le hablan las personas que están en la planeación de estas campañas, cuál es su imaginario de país, y si en definitiva aquí vivimos más de 40 millones de personas incapaces de imaginar una campaña electoral que le apueste a la equidad, la superación de la pobreza, la educación y la paz sin tener que echar mano a un naranjazo o una bala.

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