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Deambulando por el día 2 del Estéreo Picnic: Entre pandas y treintañeros

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Redacción Shock

Por: Juan Pablo Castiblanco - @KidCasti

Hoy la lluvia arrancó temprano.

Pero eso no les importó a las casi 200 personas que llegaron a ver a Juan Pablo Vega, el acto inaugural del día, ni a las otras 100 que se agolparon en estampida cuando el bogotano invitó a Catalina García de Monsieur Periné a cantar "Nada personal". Luego de sortear los constantes problemas de sonido de esa tarima, que la noche anterior sufrió el propio Trent Reznor y más tarde los Perinés, Vega y su banda lograron que los ambulantes transeúntes de este festival se quedarán en un mismo sitio un rato.

Y es que de eso se trata en gran parte el Estéreo Picnic; de la gente que no para de deambular. Le pregunto a muchos asistentes por qué fueron. Todos dicen que por la música, y eso es cierto para un 70% u 80%, pero el resto hacen parte de un constante enjambre que merodea las tarimas, los stands, los comedores y el mercado hippie, brindando, buscando infructuosamente señal de celular para saber dónde está el resto del parche, socializando, saludando, viendo, viéndose y viendo que los vean. Y así transcurren presentaciones como la de Injury, que a pesar de su potencia y rabia, pasan desapercibidas para la mitad de un público que está más pendiente de protegerse de la lluvia o de ir cogiendo puesto para lo que se viene más tarde.

El furor de Injury le dio paso a la cursilería de Natalia Lafourcade. Tremendamente empalagosa para algunos y perfectamente romántica para otros (especialmente para los que van en pareja), invitó a la tarima a la ganadora del premio Snoop Dogg del día por hacer mayor cantidad de colaboraciones: de nuevo, Catalina García en tarima. Lafourcade es menudita y muy simpática y la gente canta con ella, lo que me hace pensar en que es hora de formular un axioma de festival: la gente va a bailar y a cantar canciones. Si son de amor mejor.

Otro axioma válido es que nadie está de acuerdo en nada. Papayo Peña, director de la recién nacida Vice colombiana, dice que Savages es lo mejor del festival. Aún sigue el eco de que después de Nine Inch Nails más ná', más ná'. Una de nuestras fotógrafas se queda con Phoenix. Otros solo pagaron  boleta por ver a Red Hot Chili Peppers (quienes le dieron una bofetada a los hinchas de Millonarios que vieron cómo el famoso bajista Michael "Flea" Balzary llevaba puesta una camiseta de Santa Fe), pero quién niega que los éxtasis comunales más grandes del día se dieron cuando Cut Copy cantó "Hearts on fire", Empire of the Sun tocó "Walking on a dream" o "Alive", o cuando los propios Peppers interpretaron "Under the bridge". 

Y eso sin nombrar a Pixies.

Manuel Carreño, locutor de Radiónica, lleva trinando sus ansias por ver a esta clásica banda gringa por más de tres meses. Me lo encuentro, porque yo también deambulo, y me dice que Pixies es el símbolo de una generación. Que sin Pixies nada de Nirvana. A su lado hay otros amigos treintañeros-casi-cuarentañereos que discuten sobre la verdadera época de influencia de la banda. Más adelante está Fatsugardaddy del Freaky quien a pesar de hacer parte de un poderoso colectivo de global bass, tiene a Pixies en su altar de la adoración y me va reseñando, canción por canción, la importancia seminal de Pixies en el curso actual del rock. Antes estuvo AFI en tarima, otro de la vieja guardia, pero en este caso del hardcore punk, que hasta hacen un cover de "Just like heaven" de The Cure. Los asistentes recuerda cuando andaban pelando calle. Los grandes recuerdan cuando eran chicos y los días de casete, los pequeños aprenden. 

La cosa se teje por momentos eternos. Pero eso no impide que la gente no pare de circular y circular. 

La gente deambula con la cara pintada, con penachos azules en la cabeza, con manos gigantes en cartón, las mujeres con diademas de flores en la cabeza, fruto de las activaciones de marcas que son el otro show dentro del show. Estéreo Picnic es el Super Bowl de las empresas que apuntan a público juvenil colombiano. Cada una busca quedarse con el premio a la estrategia más impactante. 

Las pintas son un elemento ineludible en esta pasarela. Pocos aceptan que son planeadas y dentro del espectro también está la gente que viene disfrazada. Hay un panda, una chica con un plumaje pielroja y un conejo naranja. La  gente se congrega alrededor del panda para tomarse fotos con él y yo hago fila para preguntarle por qué se vino disfrazado así. "Porque me gusta. Hace rato quería venirme así a un concierto, pero ya estoy muy acalorado". Sigue bailando. 

En las tarimas la música sigue. Monsieur Periné demuestra que este festival es un buen termómetro para saber cuánto ha crecido una banda. Hace unos años fueron de las que abrían escenario. Hoy son headliners, se presentan ante una gigante masa que oye algunas de sus nuevas canciones que pareciera indicar que a Periné le interesa seguir el mismo camino que emprendieron Aterciopelados, hurgando cada vez más en nuestras raíces. Catalina le devolvió la atención a Natalia y así la Lafourcade se subió a cantar una canción así le tocara leer la letra de un papelito. También se subió Nicolás Barragán de Los PetitesFellas.

Por enésima vez Zoé tocó en Bogotá. Son amigos de la casa T310. ¿También mantienen sus amores con el público bogotano? Tocaron ante un escenario repleto, beneficiados también por los que quería coger buen puesto para ver a los Peppers, pero eso no impidió que levantaran a la gente con unas versiones extendidas, recargadas y más rockeras de canciones como "Nada" o "Te soñé". Y ese mismo efecto Peppers jugó en contra de Vampire Weekend quienes terminaron tocando ante un tercio de su audiencia inicial pues el resto había emigrado a ver al acto simultáneo.

Al final del día Empire of the Sun, con su recargado imaginario glam-futurista, logró que la gente dejara de deambular y se reuniera a bailar y a saltar. A rematar la fiesta, porque de eso también se trata el Estéreo Picnic. Un retazo de instantes memorables que desembocan en el baile y el frenesí.

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